HAGAMOS EL BIEN MIENTRAS TENGAMOS TIEMPO PARA ELLO

En su correspondencia con los diferentes Obispos, bajo cuya jurisdicción trabajaban los  Oblatos, Eugenio siempre se enfocaba al ministerio de acuerdo a la inspiración fundadora que había recibido de Dios. Aunque siempre deseaba cooperar  con los obispos de las diócesis donde se encontraran los Oblatos, cualquier solicitud de ministerio era siempre sujeta a su análisis. En este caso, el obispo solicitaba a los Oblatos para realizar ministerio en la prisión, una forma de evangelización en el centro de nuestro carisma.

Le consideramos tan nuestro padre, que a nada que proponga nos rehusaremos. Si considera usted que nuestros misioneros harían bien en la cárcel. Que así sea. Es imposible no lograrlo con su bendición. La obediencia ha hecho tantos milagros como la fe; mis queridos misioneros lo han experimentado doquiera Su Ilustrísima los ha enviado.

Hagamos el bien mientras tengamos tiempo para ello

Carta al Obispo Chaffoy, Obispo de Nimes, Marzo 10, 1828, EO XIII núm. 66

El capellán puede relacionarse con sus comentarios, en su trayectoria con los prisioneros: “Dos prisioneros ven a través de la misma ventana de la prisión; uno de ellos ve barras y el otro ve estrellas.”

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LA REGLA DE VIDA COMO UNA LÁMPARA EN LA OBSCURIDAD

La aprobación de parte de la Iglesia de nuestra Regla de Vida el 17 de febrero de 1826, fue el reconocimiento y la confirmación de que nuestro carisma Oblato provino de Dios, y que el seguir la Regla nos aseguraba encontrarnos en el camino seguro hacia la salvación. Eugenio repetía constantemente esta convicción a los Oblatos. Este era el principio del que esperaba que cada Oblato estuviera consciente en su vida diaria. Dos siglos después, éste sigue siendo el principio guía para todos los miembros de la familia Mazenodiana que vive el carisma de Dios recibido por San Eugenio.

… … Ajustándote en todo con docilidad y con fe al espíritu de nuestras santas Reglas, por cuyo medio debemos llegar al cielo, después de haber servido a Dios y a la Iglesia en la tierra. Adiós. Te abrazo de todo corazón.

Carta a Jean Baptiste Honorat, Octubre 6, 1827, EO VII núm. 286

 Rey, el biógrafo, subrayó este principio en su evaluación de Eugenio del año 1827:

“En el pensamiento del Fundador, todas las dificultades de 1827 se compensaban por una nueva gracia. Se las había arreglado para imprimir el libro de las Constituciones y Reglas en otro lado y lo había traído a Francia, sin necesitar solicitar el permiso requerido del gobierno. Cada uno de sus hijos tenía en sus manos el libro. Podían encontrar en él a diario el ideal de la perfección que se les pedía buscar para vivir al nivel de la gracia de su vocación apostólica.” Rey I pág. 433.

La Regla de Vida nos permite moldear nuestros corazones para el trayecto de nuestra vida. ¿En este momento, es la guía de mi vida?

 

“La fe significa vivir sin incertidumbre – sintiéndote a través de la vida, permitiendo a tu corazón guiarte como una lámpara en la obscuridad.”   Dan Millman

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RECONOCIENDO Y REGISTRANDO LAS BENDICIONES DE DIOS

Eugenio había pedido a todos los Oblatos recordar y escribir sus memorias de la vida de la  Sociedad. El Padre Suzanne había escrito algo sobre la historia de los Oblatos en Marsella. Al leer lo que había escrito,  Eugenio  enfatizó  la importancia de registrar la historia

Recuerda que estuviste en nuestra toma de posesión del Calvario; así que no solo debes referirte a la llegada de Monseñor a Marsella. Para ayudarte en la búsqueda de los hechos que olvidaste o no supiste, pedirás de mi parte a nuestros señores de Laus poner por escrito todo lo que sepan y todo lo que les ha ocurrido en sus misiones. Voy a dejárselos como precepto. Esto estaría terminado si se hubieran transmitido a la Sociedad las normas que envié desde Roma. Cada quien ocupará en esta tarea el equivalente a dos horas por semana. Es en extremo ridículo que no haya todavía Memorias de la Sociedad; eso no se ve en ningún sitio…

No se trataba solamente de recordar eventos, pues tenía el propósito práctico de recordar a los Oblatos acerca de las diferentes decisiones y costumbres que se habían acordado para lograr un ministerio más exitoso

No hay registro de costumbres en ninguna parte; así pues, todo lo que el P. Dupuy y tú habían establecido, se dejó de hacer.

Carta a Marius Suzanne, Septiembre 23, 1827, EO VII núm. 279

Lo repitió además al Padre Courtès, superior de la comunidad de Aix.

Les repito a todos el precepto de emplear al menos una hora por semana en poner por escrito todo lo que han hecho desde que llegaron a la Sociedad y todo lo que recuerden se ha realizado en su época o incluso antes por otros. Los acontecimientos, las peripecias, los consuelos, las persecuciones, los sufrimientos, las apostasías, en una palabra, todo sin excepción, haciendo de paso la descripción de los diversos personajes, amigos o enemigos, que han figurado en nuestros asuntos. Me entregará cada cual su trabajo en hojas separadas y numeradas con medio margen; no hay excusa para no hacerlo..

Carta a Hippolyte Courtès, Noviembre 27, 1827, EO VII núm. 287

 Al recibir lo escrito por el Padre Honorat, Eugenio exclamó:

… Todo lo que añades completa el cuadro de esas hermosas misiones y aumenta mi gratitud..

Carta a Jean Baptiste Honorat, Diciembre 12, 1827, EO VII núm. 288

 

“La gratitud no es solo el recuerdo, sino el homenaje del corazón rendido ante la bondad de Dios.”   Nathaniel Parker Willis

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LA SOLICITUD DE UN OBISPO, QUE NO CORRESPONDE A NUESTRO CARISMA

Marius Suzanne, convaleciente de su grave enfermedad, había recibido la invitación del Obispo de Aix para ser su secretario. Eugenio sentía que ello no mantendría el espíritu de los Oblatos, por lo que escribió al P. Courtès, superior en Aix, donde se recuperaba el P. Suzanne

… Un palacio y los cuidados de un ilustre Prelado, es demasiado para un pobre religioso que después de su convalecencia necesitará volver pronto a la observancia de una vida regular, si no quiere correr el riesgo de condenarse. Sería uno digno de lástima si solo pudiera recuperarse por ese medio.

Carta a Hippolyte Courtès, Julio 15, 1827, EO VII núm. 272

Eugenio señaló su oposición al mismo Marius Suzanne, y cómo el Obispo no apreciaba el valor de la vocación de los misioneros en su diócesis.

Me proponen te envíe a San Antonino, con la convicción de que en ese puesto honorable, donde solo tendrías que hacer la oración de la mañana y de la tarde, celebrar la misa y acompañar al prelado, podrías recuperarte por completo… La propuesta es tan en serio que probablemente ocasione un disgusto cuando me la mencionen de nuevo.. ¿Estos ofrecimientos? no sólo por causa de Jesús. Creerás estar soñando cuando leas esto, sin embargo es así. ¿Es posible que conozcan tan poco la dignidad de nuestra profesión? Cada vez quedo más sorprendido. No la olvidemos, al menos nosotros mismos; y que la santidad de nuestra vida se imponga de forma que nos evite la humillación de ciertos favores.

Carta a Marius Suzanne, Julio 18, 1827, EO VII núm. 273

 Actualmente vemos esto como una invitación a discernir las solicitudes recibidas para nuestro ministerio: ¿cómo se conforman algunas de las exigencias de nuestro tiempo y energía al enfoque Oblato?

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LOS OBISPOS Y EL CARISMA OBLATO: ¿CONFLICTO O COMUNIÓN?

Eugenio fundó a los Oblatos  para servir a la Iglesia y a su misión, con la visión carismática que nos es particular. Nuestra vocación se hace tangible en torno a la persona del Obispo, con quien servimos en comunión, a la Iglesia local. Al escribir al Obispo de Nimes, donde había una comunidad de Oblatos, Eugenio le asegura el deseo de una comunión misionera.

Sepa, Monseñor, que nuestra sociedad trabaja con gusto a sus órdenes. Cuando sea más numerosa, hará más todavía y cuanto usted disponga, pues la intención de todos nosotros, mientras estemos en su diócesis, será estar a su servicio y dar a su corazón paternal todo el consuelo que tiene derecho a esperar de sacerdotes que comprenden la solicitud y amplitud de su deber.

Carta al Obispo P.B. de Chaffoy de Nimes, EO XIII núm. 60

 

Sin embargo, no se trataba de una servidumbre ciega, sino de un servicio ofrecido dentro de los parámetros de nuestro particular enfoque carismático. Siempre que Eugenio se encontraba con obispos que solicitaban a los Oblatos realizar tareas que no concordaban con nuestra vocación específica, retiraba a los Oblatos de la diócesis o del trabajo.

Por coincidencia, al reflexionar en esta carta, dos de nuestros Oblatos han sido nombrados obispos con unos días de diferencia.  Por instinto, mi reacción ante cada anuncio fue de consternación, pues la Congregación Oblata “perdía” un buen hombre talentoso al servicio de nuestras propias necesidades misioneras. Sin embargo no es el caso, pues fuimos fundados para estar al servicio de los más abandonados, dentro de las necesidades de la Iglesia y nuestro espíritu misionero continúa a su servicio. El mismo Eugenio dio ejemplo al ser nombrado obispo, respondiendo a las necesidades urgentes y esenciales en la vida de la Iglesia en Marsella. Con su corazón y visión como Oblato, se convirtió en un agente de transformación – con una atención especial a los más abandonados en su diócesis.

 

“Estén atentos a que los candidatos a ser obispos sean pastores que sean cercanos a la gente, padres y hermanos que sean gentiles, pacientes y misericordiosos.”   Papa Francisco

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DIOS SIEMPRE SABE OBRAR MILAGROS A TRAVÉS DE NUESTRO MINISTERIO

Consciente de la responsabilidad que va de la mano con su vocación y buscando la perfección en la vida religiosa, Eugenio me invita a examinar mi comportamiento y  evaluar si mi ministerio tiene como objetivo la salvación de los demás en forma efectiva. ¿Cuando hago algo por los demás, de quién busco la aprobación?

Hay una consideración que no debo olvidar, y es la obligación indispensable de buscar  la perfección. Esta consideración me llevará a reconocer muchos pecados de omisión, pues la vocación apostólica obliga a la santidad, quiero decir, la que me compromete a trabajar sin tregua en la santificación de las almas con los medios empleados por los Apóstoles.
Fuimos fundados especialmente para convertir a las almas, y Dios nos ha mostrado desde hace muchos años que anunciamos Su misericordia a los pecadores, que sabe obrar milagros a través de nuestro ministerio. Este es el sello de su aprobación.

Examen de consciencia, Octubre 1826, EO XV núm. 157

 

“No busques aprobación, excepto por la conciencia de dar tu mejor esfuerzo”   Andrew Carnegie

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SI EN LUGAR DE ESE ALARDE, SE HUBIERAN EVANGELIZADO LAS POBRES ALMAS ABANDONADAS

Habiendo concluido la visita a Roma y teniendo la aprobación formal para la Congregación Oblata, Eugenio se reinstaló en sus ocupaciones habituales en Marsella – como Vicario General de la diócesis y como Superior General de los Oblatos. Para nuestro infortunio, no existen muchas cartas de este período. Su confidente, Henri Tempier, también vivía en Marsella, por lo que no hay correspondencia entre ellos.

A finales del Capítulo General en julio de 1826, había 22 Oblatos con votos y con ellos continuaron las misiones bajo la dirección de Eugenio. Durante la estancia de Eugenio en Roma, los Oblatos se habían extenuado predicando el jubileo en Aix. Ya hemos visto alguna correspondencia en torno al tema (cf.  http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=2172 por ejemplo). Eugenio recapacita ahora sobre la tontería de esta energía que podría haberse utilizado para beneficio de las aldeas pobres, en vez de la ciudad.

… Lamento mucho que se haya dado tanta importancia a predicar el jubileo de Aix. Si en lugar de ese alarde, se hubiesen evangelizado las pobres almas abandonadas, Dios habría sido glorificado y habríamos sido colmados de bendiciones y consuelos, en vez de las penas que hemos experimentado. Por ello, no estoy tentado a aceptar que se vuelva a empezar. Que digan lo que quieran, me río de ello, y les invito a reírse como yo. Además no estamos en condiciones de dar una misión en Saint-Rémy; los pueblos pequeños no nos faltarán.

Carta a Hippolyte Courtès, Julio 22, 1826, EO VII núm. 250

 

“Oh, cómo me gustaría una Iglesia pobre, y para los pobres.”   Papa Francisco

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UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN DIVINA

Al inicio de la vida de cualquier congregación religiosa en la Iglesia, es necesario su estudio, para evaluar si se trata de una invención humana, de una persona carismática o si proviene de Dios.

Tengo la convicción de que por esta reacción del Papa, somos testigos del momento en que comprendió que la congregación Oblata tuvo su nacimiento como resultado de la inspiración divina. Fue en este momento de oración, que el Papa se dio cuenta que el acto de la fundación de los Oblatos había sido a través del carisma del Espíritu Santo.
“Estarían conmovidos, mi querido amigo, de ver, mientras le hablaba al Santo Padre, elevar los ojos al cielo, unir las manos e inclinar su cabeza, lleno de agradecimiento y dando gracias a Dios con todo su corazón. Me parecía que esa invocación por sí sola atraería nuevas gracias sobre nuestro ministerio.”

Carta a Henri Tempier, Diciembre 22, 1825, EO VI núm. 213

Tres días después, el Papa reiteraría su convicción de que la Sociedad de Oblatos provenía de Dios, y deseaba que fuera aprobada formalmente y no sólo alentada.

 

«Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común.»   1 Corintios 12:7

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RECOLECTANDO TESTIMONIOS DEL MINISTERIO OBLATO

El propósito del viaje de Eugenio a Roma era buscar la aprobación oficial de la Iglesia a los Misioneros Oblatos. Su Sociedad era pequeña, por lo que había de apoyar su solicitud mostrando la importancia del papel evangelizador que tenía en la Iglesia local en el sur de Francia. Por ello, solicitó a todos los Obispos de los lugares donde trabajaban los Oblatos, dieran sus comentarios y recomendación al Papa para la aprobación canónica.

Rey, el biógrafo, comenta que el primero en hacerlo de puño y letra fue Fortuné de Mazenod en Marsella, en septiembre. Los demás fueron los obispos de Gap, Digne, Nimes y Aix en Provence. Camino a Roma, Eugenio se detuvo en Fréjus, para solicitar al Obispo incluir su aprobación. A su llegada escribió:

Esperé en el mesón que se hiciera de día para ir a la Iglesia en la que encontré al respetable Sr. Saurin que me abrazó con la mayor cordialidad. Celebré la misa después de él. Volví luego al mesón donde el Sr. Juez de paz me intimó fuera a alojarme a su casa, lo que hice para no malquistarme con la justicia. Me arreglé un poco, es decir me afeité y dirigí mis pasos hacia la casa de Mons. el Obispo, que me recibió con los brazos abiertos.
Después de los cumplidos de costumbre, expuse en dos palabras al Prelado el objeto de mi viaje, y sin perder tiempo le mostré mi original, que había tenido el cuidado de llevar en mi manteo. Antes de abrirlo, me contestó graciosamente, que tendría el gusto de unirse a los demás Prelados que habían aprobado nuestras Reglas. Leyó luego atentamente las aprobaciones de Nuestros Señores los Obispos. Deposité el volumen sobre su mesa y hablamos de otra cosa.
Después de la comida, me di cuenta de que subía a su oficina con el Sr. Saurin; presumí que era para encargarle el borrador de su aprobación y no me equivoqué. Había rogado a Monseñor quisiera recordar, en lo que tuviera la bondad de escribir, que trabajábamos en su diócesis desde hacía varios años,

 Carta a Henri Tempier, Noviembre 1°, 1825, EO VI núm. 203

 

“Recordemos todos esto: no podemos proclamar el Evangelio de Jesús sin el testimonio tangible de nuestra vida.”   Papa Francisco

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AL PRIMER GOLPE DE VISTA CAPTÓ LO QUE SOMOS Y LO QUE QUEREMOS

El aumento en las vocaciones hizo posible que Eugenio explorara la posibilidad de establecer el cuarto centro de misión de los Oblatos. Su intento en Niza no había tenido éxito, por lo que respondió a la invitación del Obispo de Nimes.

Fui a ver a Monseñor para decirle lo que pienso. Entra perfectamente en mis ideas y me manifiesta la mejor voluntad. Está de acuerdo en que el establecimiento tal como se lo había concebido para Alais, no era realizable y habríais quedado sorprendido al ver cómo, del primer golpe de vista, captó lo, que somos y lo que queremos.
No le disimulé que no teniendo sino el mayor deseo de trabajar conforme a nuestra vocación, nuestra ambición era la de extender y propagar la obra que el Señor nos había confiado, así que no temía confesarle que estaría muy satisfecho de poder establecer una colonia junto a él, en su ciudad episcopal, que era el lugar que nos convenía porque siendo los ayudantes de campo del obispo, hacía falta que estuviésemos habitualmente a su alcance para recibir sus órdenes, etc.
Entré en algunos detalles sobre nuestro espíritu y nuestro modo de vivir etc. Le gustó mucho todo lo que le dije y me manifestó del modo más sincero que tenía que ocuparse de ese asunto.

Carta a Henri Tempier, Abril 7, 1825, EO VI núm. 176

El Obispo comprendió la vocación y el espíritu de los Misioneros, invitándoles a trabajar en Nimes. Eugenio usa la expresión “ayudantes de campo” con el Obispo. Se refiere a personas que están al servicio de alguien importante y dispuestos a ayudarle en lo necesario. En pocas semanas se encontraban ya en la diócesis y su tarea misionera de los próximos cinco años consistiría en la predicación de misiones, retiros, ministerio con los presos y establecer una capilla pública, como centro permanente de misión.

Puesto que Nimes estaba fuera de Provenza, el grupo de misioneros para los más abandonados cambió su nombre de “Misioneros de Provenza” a “Oblatos de San Carlos” – en honor del gran misionero pastoral San Carlos Borromeo, que era también el patrón de la familia de Mazenod. El nombre no prosperó y a los pocos meses adoptamos el definitivo de Oblatos de María Inmaculada

 

“El llamado de Cristo es salvar a los que están perdidos, no a los presuntuosos; Él no vino a llamar a los burlones sino a los pecadores a arrepentirse; no a construir y adecuar capillas confortables, Iglesias y catedrales en casa en las cuales arrullar a los profesores cristianos por medio de ensayos inteligentes, oraciones estereotipadas y muestras artísticas musicales, sino a rescatar a los hombres de las garras del demonio y de las mismas fauces del Infierno. Esto puede lograrse sólo a través de una devoción ardiente, ilimitada y no convencional, en el poder del Espíritu Santo, al Señor Jesucristo.”     C. T. Studd

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