VERIFICANDO LA BRÚJULA EN MEDIO DE LA TEMPESTAD

Cada año, Eugene pasó algún tiempo en retiro, lejos de su apretada agenda, con el objetivo de reorientar sus prioridades. Un ejemplo de sus escritos habla hoy, ya que estamos invitados a reenfocarnos en nuestras prioridades y la dirección de nuestras vidas.

El año 1817 había traído variedad de eventos y emociones. El exitoso ministerio de las misiones parroquiales en los pueblos, el ministerio de la comunidad en Aix misma y el ministerio con la Congregación de los Jóvenes se contraponía a las críticas destructivas y dificultades ocasionadas por algunos de los pastores de la ciudad y sus seguidores. Eugenio llevaba a cuestas todo ello.

Mientras todo esto sucedía, Eugenio tomó algún tiempo para estar en retiro y poner la situación en perspectiva. Con todas las actividades y la tempestad, necesitaba hacer anotaciones en el mapa de su vida para asegurarse de seguir la dirección que Dios deseaba para él.

Si quiero hacer algún bien, debo mirarme como un hombre enviado por Dios a la tierra para hacer en ella todo el bien que me sea posible hacer durante el tiempo que se me ha asignado, tras el cual la muerte me devolverá a aquel que me ha enviado, quien me juzgará severamente por mis obras. ¡Ay de mí si quedo convencido de no haber cumplido mi tarea!

Penetrado de este pensamiento, tengo que darme prisa a actuar teniendo siempre solo a Dios en la intención, y preocupándome muy poco de las contradicciones de los hombres que, lejos de desalentarme, deben al contrario excitarme más a proseguir mi carrera, ya que esas contradicciones han sido predichas y son el sello de las obras de Dios

Notas de retiro, agosto 1817, E.O. XV n 144

El punto principal fue siempre la oblación – vivir “todo por Dios.” Necesitaba volver constantemente a la dirección marcada por la brújula para mantener todo en perspectiva. Era su “dirección personal” en su GPS.

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CONCÉDEME PODER VOLVER A DESPERTAR A TANTA GENTE IMPRUDENTE DE LA FATAL INDIFERENCIA QUE LES LLEVA A SU PERDICIÓN

Cuando Eugene regresó a Aix en Provence como joven sacerdote, predicó una serie de sermones cuaresmales dirigidos a los más abandonados como resultado de la Revolución Francesa. Para Eugene, los «pobres» eran aquellos que habían sido privados de conocer a Dios como salvador como resultado de las circunstancias históricas y sociales.

En el primer sermón, presentó la indiferencia de la gente a Dios, e invitó a «ustedes, pobres de Jesucristo», a que recibieran las instrucciones para que fueran iluminados. Poco más de doscientos años después, nuestras circunstancias son diferentes, pero el mensaje sigue siendo igualmente poderoso.

Preguntad a la multitud afanosa que se agita en nuestras plazas públicas, preguntad a cada uno qué hace, adónde va, de qué se ocupa, etc.

    • Uno os contestará que un proceso de cuyo éxito depende su fortuna lo lleva ante sus jueces para solicitar etc.
    • Otro, que va a tratar un asunto importante, etc.
    • Otro, que trabajos urgentes reclaman su presencia en los campos adonde va apresurado.
    • Otro, que está barajando en su espíritu proyectos de fortuna, de intereses o de ambición que asegurarán, etc.
    • Tal vez encontraréis a quienes se vean obligados a deciros que se abalanzan hacia el objeto de sus infames pasiones.

Ni uno solo, no, ni uno solo podrá responderos que las verdades eternas ocupan su espíritu, que son el tema de sus meditaciones y de sus búsquedas. Desolatione desolata est terra, etc. (Jr 12, 11). ¡Qué ceguera, qué locura!  Sin embargo, pasan los días, corren los años y la muerte llega.

Entonces la ilusión se disipa, pero ya no es tiempo de reparar la pérdida de una vida entera empleada en la penosa búsqueda de vanidades perecederas que hay que dejar. Es demasiado tarde para acumular un tesoro incorruptible de gloria y de felicidad para la eternidad.

Acudid, pues, quienesquiera que seáis, acudid asiduamente a unas instrucciones que van a desengañaros de tantos funestos errores y a aclararos cuáles son vuestros únicos intereses verdaderos. Venid sobre todo vosotros, pobres de Jesucristo; ojalá pudiera yo hacer llegar mi voz a las cuatro partes del mundo para despertar a tantos insensatos del letargo fatal que los conduce  a su perdición.

Instrucciones familiares en provenzal, dadas en 1813 en la Magdalena, E.O. XV n. 114

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SI  SE  COMPRENDIERA  LO   QUE   ES   UN  OBISPO,   SE       SORPRENDERÍAN      MENOS     DE     VERLO   ACERCARSE    A    SUS    FIELES CUANDO ESTÁN AFLIGIDOS

Eugenio relata dos de sus visitas pastorales para reconfortar a quienes sufrían.

Al volver a la ciudad fui a visitar al abate Fissiaux, quien sufre mucho al ver que la enfermedad se llevó a siete niñas de su comunidad.

El Padre Charles Fissiaux del clero diocesano, había establecido un lugar para ayudar a las niñas pobres y a los huérfanos de la epidemia del cólera de 1835.  En 1839 fundó la Sociedad de San Pedro Encadenado, para jóvenes en prisión.

De allí fui a visitar al señor Jourdan quien se contagió del cólera, pero  tiene alguna esperanza de curación. Mi visita le hizo un bien indecible y animó mucho al doctor Ducros, quien llegó a la casa del enfermo al mismo tiempo que yo. Si se comprendiera lo que es un obispo, se sorprenderían menos de verlo acercarse a sus fieles cuando están afligidos o luchando con la enfermedad y la muerte.

Diario de Eugenio de Mazenod, Septiembre 8, 1837, EO XV

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MI ÚNICO RECURSO ES LA ORACIÓN

Habiendo recibido la orden de mantenerse lejos de Marsella, Eugenio confiesa su angustia durante la epidemia por su pueblo a su amigo y confidente, el Padre Tempier, y la única respuesta a su alcance.

No es vida, mi querido amigo, lo que paso ahora. Me preocupa el estado del corazón y del espíritu, que interrumpe continuamente el descanso. Mi único recurso es la oración, me es imposible hacer otra cosa. Además, mi imaginación solo me hace ver desgracia y desolación; mis nervios están alterados al punto en que a veces me sobresalto involuntariamente ante el pensamiento del mal o de la muerte de las personas queridas. Al no tener cartas de usted en dos días, me atormentó la idea de que tal vez hubiera muerto.
En la primera epidemia, al estar en los mismos lugares y compartiendo los mismos peligros, no me preocupaba por los demás ni por mí. Sentía que todos éramos invulnerables; ahora, que por mis pecados estoy a salvo, estoy siempre angustiado. 

Carta a Henri Tempier, Agosto 7, 1835, EO VIII núm. 531

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HOY EN DÍA: CONCENTRARNOS EN VER LO QUE ES ESENCIAL

A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).

CC&RR, Constitución 4

El P. Jetté reflexiona: “somos invitados a contemplar la cruz, el sufrimiento de Cristo no solo en nosotros, sino también en los demás. Nuestro deseo es ‘que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección.

La primer homilía de Eugenio registrada en la iglesia de la Madeleine, pone en práctica este punto de vista:

Elévense hacia el cielo, donde debe estar su pensamiento, más nuestra ciudadanía está en los cielos (Fil 3, 20); que sus ojos traspasen de una vez los harapos que les cubren; hay dentro de ustedes un alma inmortal hecha a imagen de Dios que está destinada a poseerlo un día, un alma rescatada al precio de la sangre de Cristo, más preciosa a los ojos de Dios que todas las riquezas de la tierra y que todos los reinos del mundo, un alma de la que él es más celoso que del gobierno del universo entero.

Cristianos, conozcan su dignidad, les diré con san León, partícipes de la naturaleza divina

Notas para la primer instrucción en la Iglesia de la Madeleine, 1813,  EO XV núm. 114

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HOY EN DÍA: VIVIR A JESÚS EL SALVADOR CRUCIFICADO EN LA FELICIDAD SOBRENATURAL

Originalmente publiqué lo que sigue en julio de 2016 y creo que tiene algo que decirnos hoy. Fue escrito por Enzo Teodori, quien murió tres meses después. Se refiere a la reflexión del P. Jetté que utilicé en la entrada del viernes de “San Eugenio Habla” (http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=3559). Esto es lo que escribí entonces.

Recibí esta reflexión de uno de los asociados laicos Oblatos que se encuentra gravemente enfermo en Italia. En esta poderosa y enternecedora reflexión comparte su comprensión vivida de la visión del Viernes Santo de San Eugenio, que es nuestra herencia como miembros de la Familia Mazenodiana – este es el significado de la oblación:

“Un pequeño eco a las impresionantes reflexiones del P.  Jetté que publicó en ‘Eugenio nos habla’ hoy, 6 de mayo.

La unidad con Jesús Crucificado y Salvador, da a uno una alegría sobrenatural que le inspira un fuerte deseo de dar felicidad a los demás y ponerse a su servicio.

Debido a mi enfermedad, me veo obligado a permanecer en casa muchas horas. Así que pensé enviar a mis conocidos más cercanos, vía whatsapp,  la Palabra del día con un pequeño comentario, para dar a la gente atareada un momento diario de “recreación.” Así que comencé con el “grupo” de hermanos y familia política y ahora lo reciben cerca de 80 personas, con reacciones muy edificantes. Otra sencilla experiencia: aunque no puedo comer, trato de cocinar lindos platillos para mi esposa y mis hijos.

Estas son dos sencillas experiencias, dos expresiones de la alegría sobrenatural que siento en unión con Jesús, el Salvador Crucificado. Paradójicamente, es una alegría alimentada por el dolor: a mayor dolor físico, pero sobre todo moral, más intensa la alegría y mayor el deseo de dar felicidad a los demás.

¿Cuál es la clave de la unidad con el Salvador Crucificado? La enfermedad ha derrumbado mi mundo, mis anhelos, mis planes; todo está perdido y la visión de la Providencia que les seguía, ha dado paso a la imagen del abandono. Contemplando y meditando sobre Jesús Crucificado, me di cuenta de que su acción le llevó a la  resurrección: encomendó su espíritu al Padre de forma  incondicional. Con ello, aunque en forma humana, se enfrentó a la voluntad del Padre. Su gran deseo de ser reconocido como el Salvador, que fue el motivo de su encarnación, deseo acordado con el Padre, se derrumbó en la cruz.  Se derrumbó desde la perspectiva humana, en la comprensión humana de la voluntad de Dios. Confiando en el derrumbamiento, en la percepción de abandono  (pero en cuanto a mi misión… habíamos acordado, Tú y Yo, mi Padre ?!), Jesús acepta por completo,  y humanamente, la perspectiva de Dios y ésa es la resurrección, ahí se encuentra la alegría integral, y ahí está el sobreponerse a los límites de los deseos humanos, incluso los más sagrados, como cuidar de nuestra familia.

La enfermedad es vivir el abandono, el colapso en forma continua, desarrollado a través del tiempo. La confianza debe ser renovada a diario y varias veces al día. La gracia que proviene de confiar incondicionalmente tiene sentido, incluso si no se comprende, como la acción de la Providencia. Te hace comprender, aun cuando no ves cómo, que el Padre está implementando un plan de amor en tu alma, en tu cuerpo y en tu historia.

Mientras más intenso es el dolor, más te convence el Espíritu de que Dios está construyendo, esbozando una obra maestra. Si el dolor es relativamente leve, te hace pensar que Dios trabaja en un borrador, en un boceto; pero cuando el dolor es realmente fuerte, te hace pensar que Dios dibuja la Capilla Sistina en tu vida. Y las obras maestras como sabes, necesitan años y años de arduo trabajo….

Así que pienso que el P. Jetté ha expresado muy hábilmente que  la unidad con Jesús el Salvador Crucificado, es lo que da a uno la alegría sobrenatural que inspira un fuerte deseo de dar felicidad a los demás, de ponerte a su servicio”.

¡Qué gracia leer esto y poder compartirlo de nuevo! Que todos los lectores de esta reflexión se unan en gratitud en oración por este hijo de San Eugenio y su joven familia. Que descanse en paz e interceda por nosotros en nuestro tiempo de necesidad.

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LA VISIÓN DE NUESTRA FUNDACIÓN HOY EN DÍA: CONTEMPLAR AL MUNDO CON LA MIRADA DEL SALVADOR

Al reflexionar sobre esta constitución fundamental de nuestra espiritualidad, el antiguo Superior General Oblato, Fernando Jetté escribió que : “expresa la purificación y transformación que ocurre en nuestra perspectiva, al estar en contacto con el misterio de la cruz:

A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).

CC&RR, Constitución 4

«Nuestra perspectiva del mundo se convierte en la de Jesús, el Salvador crucificado. Fue la perspectiva del Fundador  tras su  ‘conversión’,  como se vio a sí mismo y al mundo en  términos de la sangre de Cristo. Las expresiones: ‘almas por la sangre de Cristo’, ‘que le costaron su sangre’, vuelven una y otra vez en sus escritos

Más adelante, en la Regla 12, encontraremos la expresión complementaria: ‘amar al prójimo como Jesús los ama’. De hecho, el espíritu apostólico  Oblato consiste en contemplar al mundo con la mirada de Cristo, amarlo con el corazón de Cristo, y trabajar de todo corazón con Cristo en la obra de su redención.” (F. Jetté, The Apostolic Man, pp. 58-59)

Cuando esto se escribió en 1992, el concepto y el perfil de la familia Mazenodian no habían surgido claramente. Hoy diríamos «De hecho, el espíritu apostólico de la familia Mazenodian consiste en contemplar el mundo con los ojos de Cristo, amarlo con el corazón de Cristo y trabajar de todo corazón con Cristo en la obra de su redención».

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HOY: UNA INVITACIÓN A VER LOS EVENTOS A TRAVÉS DE LOS OJOS DEL SALVADOR CRUCIFICADO Y RESUCITADO

La cruz de Jesús ocupa el centro de nuestra misión. Como el Apóstol Pablo, predicamos «a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2, 2). Si llevamos «en el cuerpo la muerte de Jesús», es con la esperanza «de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Cor 4, 10). A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).  CC&RR, Constitución 4

La conversión de Eugenio sucedió al darse cuenta de que su actitud y comportamiento en el pasado lo llevaba a la muerte, al pecado mortal. Se realizó el cambio en él al abrir los ojos y reconocer que llevaba la muerte de Jesús en su vida. Tuvo un cambio radical, y al aceptar su nueva vida, fue “con la esperanza de que también la vida de Jesús” se manifestara en su cuerpo. Mantener los efectos de esta nueva vida requiere un esfuerzo constante, de lo contrario, estamos en peligro de la “gracia barata” que hizo famosa Bonhoeffer.

“La gracia barata es la gracia que nos concedemos nosotros mismos. La gracia barata es predicar el perdón sin necesitar del arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la Comunión sin confesión…La gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado”.    Dietrich Bonhoeffer

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CELEBRÉ EN NOTRE-DAME DE LA GARDE PARA PONER A TODOS BAJO LA PROTECCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Mientras dispensaban ayuda a quienes tanto sufrían, Eugenio y su tío, el Obispo Fortuné, lograron enfocar la atención de la gente de Marsella en oración concentrada. La población tenía una devoción especial al pequeño santuario de Notre Dame de la Garde en la colina que dominaba la ciudad. En especial la gente amaba la estatua de la “Buena Madre” que representaba a María “cuidando” a la ciudad y al mar.

Eugenio escribió:

Haremos súplicas solemnes. Mañana bajarán a la Virgen de la Guardia para ser expuesta en la Catedral durante tres días. Haremos después una procesión general con el Santísimo, como podrás verlo en la pastoral que te enviaré.

Carta a Casimir Aubert, Marzo 10, 1835, EO VIII núm. 508

 

Algunos días después escribe una carta a su madre y le describe el evento:

En este momento tenemos a la vista algo encantador. Es una explosión de devoción a la Santísima Virgen, que no solo se ha manifestado durante el trayecto de la montaña a la catedral, sino que prosigue en forma continua.

Carta a su madre, Marzo 1835, EO XV  núm. 176

Dos años después hubo otro brote de la epidemia:

El día de la Asunción oficié pontificalmente en la catedral mañana y tarde.  Asistí a la procesión general y por la tarde di la bendición.  El domingo en la octava, celebré Misa en Notre-Dame de la Garde para ponerme a mí, a los nuestros y a toda la diócesis bajo la protección de la santísima Virgen.

Diario de Eugenio de Mazenod, anotación sin fecha, Agosto 1837, EO XVIII

La misma devoción se repitió en la epidemia de 1854 en Marsella.

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HOY QUEREMOS AYUDARNOS PARA CENTRARSE EN LA CRUZ Y RESURRECCIÓN

La cruz de Jesús ocupa el centro de nuestra misión. Como el Apóstol Pablo, predicamos «a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2, 2). Si llevamos «en el cuerpo la muerte de Jesús», es con la esperanza «de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Cor 4, 10). A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).

CC&RR, Constitución 4

Detail of an icon written by Lauretta Agolli

Para el joven Eugenio, su encuentro con la Cruz fue un peldaño hacia la nueva vida – hacia la resurrección. Algunos de nosotros fuimos criados para mantener nuestra mirada al pie de la Cruz, reflexionando en nuestro infortunio y en cuánto sufrió Jesús por nosotros. Es verdad que nunca podremos meditar lo suficiente sobre el precio que Jesús tuvo que pagar para rescatarnos de nuestra  desdicha.

Sin embargo lo hizo, murió para rescatarnos de nuestra adversidad y llevarnos a la plenitud de vida en la resurrección. “Si llevamos “en el cuerpo la muerte de Jesús”, es con la esperanza “de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”.

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