UN AÑO DE AGONÍA

Yvon Beaudoin nos dice:

“Es el momento crucial del drama de Mons. de Mazenod. Él, tan romano, parece abandonado por la Curia, mientras la policía puede de ahí en adelante expulsarlo de Francia en cualquier momento y separarlo de todo cuanto le es querido: su tío Fortunato, Tempier, sus Oblatos, etc.  Con razón escribe Rey que el año de 1834 fue para el Fundador un año de agonía.” (EO 8 páginas XXV-XXVI)

Reconocemos su angustia en esta oración en su carta al Vaticano:

Quisiera tener un corazón menos sensible: amaría menos, me ocuparía menos de muchas cosas que me llegan al fondo del alma, y sería feliz.

Carta al Obispo Frezza, Secretario de la Congregación para Asuntos Extraordinarios en el Vaticano, Noviembre 28, 1834, EO XV núm. 175

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UN AÑO DE AGONÍA PARA EL FUNDADOR

Yvon Beaudoin continúa narrando:

“Mons. de Mazenod desistió entonces y se mostró lo menos posible en público. Sin embargo, presidía algunas ceremonias religiosas en Marsella y realizaba algunas visitas pastorales en la diócesis de Aviñón. Era aun demasiado.  Informan de todo ello a París y el Gobierno toma las medidas necesarias para obligarle a expatriarse, borrándolo de la lista de electores, como extranjero. El Obispo de Icosia se entera de la medida a principios de septiembre de 1834 y sin tardanza interpone una nueva apelación contra dicha decisión; además pone al corriente de la persecución a los Obispos de Francia. Por último, escribe a Roma para explicar el motivo de la reanudación de su proceso, a pesar de los consejos recibidos.
A nombre del Papa, Mons. Capaccini le contesta inmediatamente que renuncie de nuevo. La carta del Prelado contiene incluso algunas expresiones que dejan pensar que el Papa está descontento.”
Yvon Beaudoin EO 8 páginas XXV-XXVI

Eugenio escribió al Papa a través de su Cardenal Secretario de Estado:

Sin embargo, ya que Su Santidad no desea que utilice las declaraciones favorables de los obispos, renunciaré a ello.  Aun más: la pena que continuar el proceso entablado causa al Santo Padre, y mi deseo de abstenerme de todo cuanto pueda desagradarle, me llevan a desistir de mi apelación y que suceda lo que Dios quiera.  Todos los jurisconsultos a quienes consulté me garantizaban un resultado satisfactorio; al desistir, me someto al juicio inicuo contra mí y a las funestas consecuencias que pueda tener; pero ni las ventajas que se me prometían, ni los inconvenientes que debo temer, podrían hacerme vacilar cuando va en ello la voluntad o incluso un simple deseo del Jefe de la Iglesia. Anunciaré de inmediato mi desistimiento al Ministro francés, quien no podrá ya tener pretexto para eludir los reclamos de su Corte.  Solo me queda confiar en la benevolencia del Santo Padre, en cuyas manos pongo mi interés y mi honor.

Carta al Cardenal Thomas Bernetti, Secretario de Estado, Noviembre 19, 1834, EO XV núm. 174

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PARECERÍA ME HA SIDO IMPUESTO EN PENITENCIA POR EL PAPA

Al reflexionar sobre el período de conflicto por el cual atravesaba Eugenio, recordemos además el sufrimiento personal que experimentaba:  Perseguido por el gobierno, removido como Vicario General de su tío, el Obispo Fortuné en Marsella y sin el apoyo del Papa, quien se encontraba en una situación delicada, tratando de mantener la conveniencia política con el gobierno, por el bien de la Iglesia en Francia. En medio de todo ello estaba su sufrimiento personal.

El Gobierno francés había instrumentado la situación al intentar presionar al Papa para tomar acción contra Eugenio, a quien deseaban alejar de Francia. El mensaje de Eugenio al Papa fue:

Es por ello que no puedo aceptar salir de Francia; no me sería tan fácil el regreso como la última vez. Es además muy difícil condenarme a un exilio perpetuo para satisfacción de un gobierno.

En caso de que Eugenio no abandonara Francia, las autoridades presionarían al Papa para removerlo de Marsella.  Eugenio responde:

Tampoco estoy decidido a vivir fuera de Marsella, donde se encuentra actualmente la mayor parte de mi familia, donde soy como indispensable a mi tío, donde las mismas autoridades siguen tratando conmigo como si no hubiera dejado de ser reconocido como vicario general; realmente no se comprendería por qué tendría que ir a vivir a otra ciudad; esto causaría la peor impresión: parecería me ha sido impuesto en penitencia por el Papa, siendo mientras tanto perseguido por el gobierno, dando la impresión de no tener  que ver en el asunto sirviéndose del Sumo Pontífice para castigarme por no ser de su agrado.

La realidad del asunto era:

La verdad es que no soy hostil  al gobierno; no hago nada en su contra, aunque es cierto que no estoy muy entusiasmado con él.  Justamente porque no me involucro en absoluto  en política y soy inatacable en esto, hacen intervenir al Sumo Pontífice. Espero esta odiosa táctica no tenga resultado y pueda seguir en mi puesto…

 Carta al Barón D Papassian en Roma, Mayo 14, 1834, EO XV núm. 173

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CUANDO NO ES UNA CUESTIÓN NI DE PAZ NI DE GUERRA

Después de la estancia de Eugenio en Roma por cuatro meses, Yvon Beaudoin continúa narrándonos el conflicto entre las autoridades francesas y el Obispo de Mazenod:

Poco después de su regreso a Marsella en diciembre de 1833, el Obispo de Icosia decide defenderse ante los tribunales. El asunto avanzaba rápidamente, cuando a principios de  enero de 1834, el cardenal Bernetti hace escribir desde Roma una carta en la cual exhorta al Obispo a no continuar el proceso y vivir lo más posible en el retiro, conforme a la voluntad expresa del Gobierno. “La norma aquí, escribe el corresponsal romano, es totalmente independiente de la opinión personal que se tiene de usted. Se le considera  un obispo con todas las cualidades necesarias para hacer amar a la Iglesia en tiempo de paz, de hacerla temer en tiempos de guerra, de honrarla en ambos casos hasta con el martirio; pero no se le considera lo bastante flexible para agradar en un tiempo que no es ni de paz ni de guerra.

Yvon Beaudoin EO 8 páginas XXV-XXVI

Como consecuencia, el Obispo de Mazenod renunció a su acción legal, respondiendo a  Roma:

Dado que al Sumo Pontífice le acongoja la idea de este proceso ante los tribunales, renuncio  a obtener justicia por ese medio. Puede usted informar de mi resolución al respecto y que dejo todo en manos del Santo Padre.

Carta al Barón D Papassian en Roma, Mayo 14, 1834, EO XV núm. 173

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EL CONFLICTO ENTRE EL GOBIERNO FRANCÉS Y LA INDEPENDENCIA DE LA IGLESIA

Al seguir avanzando en el conflicto entre el Gobierno francés y Eugenio, hemos visto como fue llamado a Roma a mediados de 1833. Tal vez algunos de estos eventos sean confusos, por lo que Yvon Beaudoin nos recuerda los principales sucesos iniciados con la llegada de Eugenio a Roma.

Las autoridades romanas le descubren poco a poco la verdad: el Gobierno francés no lo quiere en Francia. A pesar del clima aparentemente sereno que reinaba en Marsella desde hacía un año, tanto el Prefecto, el Alcalde como las autoridades civiles y militares espiaban los gestos del Prelado, desnaturalizaban sus palabras, lo denunciaban a París acusándolo de actividades políticas, incluso tal vez de haberse involucrado en el asesinato del comisario central de la policía de Marsella.
En sus informes, el Embajador de Francia en Roma y el Internuncio de París habían presionado para que Gregorio XVI llamara al Obispo de Icosia a Roma, o lo enviara a África.
Mons. de Mazenod necesitaría cuatro meses para disculparse y lograr el permiso del Papa para volver a Francia a principios de diciembre de 1833, en contra de la voluntad del Embajador. “Una cárcel por otra, escribe el Obispo al P. Tempier el 8 de septiembre de 1833, prefiero mejor hacer frente a las amenazas de los Señores Ministros… Sin embargo… me hacen perder mi tiempo, dinero y salud. ¡Que Dios los perdone! pero me fastidian”.
Continúa trabajando junto a su tío, a pesar de no ser reconocido oficialmente como Vicario General de Marsella. En efecto, el Ministro de Cultos había escrito a Mons. Fortunato el 13 de septiembre de 1833: “Mons. de Mazenod, al no haber solicitado ni recibido la autorización del Gobierno para aceptar un obispado “in partibus”, se halla legalmente, según los artículos 32 y 33 de la Ley del 18 Germinal año X, en la imposibilidad de ejercer cualquier función eclesiástica en el reino y de seguir cumpliendo las de vicario general, que han debido cesar desde su instalación como obispo de Icosia. Por consiguiente, he debido ordenar al Señor Prefecto de las Bocas del Ródano, suspenda  cualquier orden de pago para él”.
Las afirmaciones del Ministro mostraban el problema en toda su gravedad: No era ya  sólo una cuestión personal entre Mons. de Icosia y el Gobierno, sino una cuestión de principio, en el cual la independencia de la Iglesia quedaba ignorada.

Yvon Beaudoin EO 8 páginas XXV-XXVI

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NO LE AMO MENOS POR LO QUE FUE MAS UNA EQUIVOCACIÓN QUE UN DESCUIDO

Estando en Roma y frustrado por la lentitud para resolver la situación con el gobierno francés, Eugenio reprende al Padre Tempier por haber esperado seis semanas antes de responder a una injusta carta condenatoria recibida en la Diócesis de Marsella de parte del antagonista Ministro de Cultos de Francia.

Es inconcebible como lo ha manejado, con una inacción y falta de energía inexplicable. Parecería estupefacto y cegado.
… el Obispo de Marsella no puede dejar de condenar la barbaridad de la carta del Ministro de Cultos.  De no saber cómo contestarla, debía haber consultado con quienes tuviesen ideas, haber escrito a París, e ir allí si fuera necesario, antes de pasar seis semanas sin contestar a una carta como esa. Requería una reclamación… Comprendo que el primer día haya quedado alelado por el golpe recibido, pero que la reflexión no le llevara a reaccionar, no lo comprendo en absoluto.

Después de exponer su frustración, toma un tono conciliatorio, viendo la situación desde el punto de vista de su fe en la providencia de Dios, enfocándose en la oración:

Todas mis observaciones son en favor de la verdad; debo reconocer la voluntad de Dios por encima de todo, a la que me someto en espíritu y  corazón.  No dejo de amarlo aunque se haya equivocado, ni le acuso de haberme desatendido, que es imposible en usted.  Le hizo falta visión y considere que esto me aflige menos en cuanto me pongo ante Dios.
Abrazo a todos con ternura y envío con ustedes saludos a las amistades acostumbradas.

Carta a Henri Tempier, Noviembre 5, 1833, EO VIII núm. 473

 

 

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LA SABIDURÍA DE DIOS, COMO ÚNICO CIMIENTO SEGURO

Al verse envuelto en las dificultades ocasionadas por la crisis de Icosia y la absoluta incertidumbre sobre lo que el Gobierno francés le permitiría hacer, o incluso si le sería permitido volver a Francia, Eugenio se centra en discernir la Sabiduría de Dios, quien nunca le abandona. 

Procuro, querido amigo, mantenerme cada vez más en lo que le comentaba en mi última carta: reconocer en los acontecimientos y hasta en la voluntad de los hombres a la Providencia, que gobierna todo con su sabiduría “(la Sabiduría) despliega su fuerza de un extremo a otro, y todo lo gobierna con acierto” (Libro de la Sabiduría 8.1), y que las criaturas que ponen su confianza en Dios y lo invocan en sus necesidades, no son olvidadas “… reconocemos que te pertenecemos.” (Libro de la Sabiduría 15.2). Es lo que necesito cuando me siento contrariado por haber seguido lo que creía mejor, contrario a lo que habría decidido, sea por deferencia a la opinión de los demás o por cualquier otra razón, sobre todo cuando se presentan inconvenientes difíciles de superar.” 

Carta a Henri Tempier, Octubre 28, 1833, EO VIII núm. 470

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EL CLERO DEBE PERMANECER AL MARGEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS, PARA NO PONER EN PELIGRO SU MINISTERIO

Al ser acusado falsamente de ser activista del partido político de oposición al Gobierno, Eugenio aclara y enfatiza su posición: 

El código de conducta que mantengo e inculco en los demás, es que el clero debe permanecer al margen de los partidos políticos, para no poner en peligro su ministerio.

Carta a Henri Tempier, Octubre 24, 1833, EO VIII núm. 469

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NO HAY PORQUÉ LAMENTARSE CUANDO SE HA HECHO LO MEJOR POSIBLE. HASTA DEL ERROR DE LOS HOMBRES SE SIRVE DIOS PARA LLEGAR A SUS FINES

Enfrentando la incertidumbre respecto a su futuro en caso de que el Gobierno francés actuara en su contra, Eugenio pone en Dios su confianza para el porvenir. 

… No hay porqué lamentarse cuando se ha hecho lo mejor posible. Hasta del error de los hombres se sirve Dios para llegar a Sus fines. Ignoro lo que me pide; todo lo que sé es que Su sabiduría gobierna a quienes cuyo único propósito es trabajar por Su gloria. Cansado de la injusticia de los hombres, decido ver en ello un bien para mi alma, aunque fuera por un tiempo.
Si Dios lo decide de otro modo, dirigirá los acontecimientos y la voluntad de sus criaturas hacia Su voluntad.
En cuanto a mí, con gusto me retiraría al Seminario de Marsella donde podría ayudar a los jóvenes eclesiásticos en su aprendizaje del conocimiento y práctica de las virtudes de su estado; seguiré llevando a los enfermos el consuelo de mi ministerio y viviré olvidado, como lo deseo en el fondo de mi alma…
… Quienes invocamos al Señor debemos consolarnos de todo, pensando que somos invisiblemente guiados por Su Providencia. El Oficio de este día nos muestra que las pruebas son una buena señal y nos dan la esperanza de ser agradables a Dios.

                                                Carta a Henri Tempier, Octubre 24, 1833, EO VIII núm. 469

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UNA INVITACIÓN A SER OPTIMISTA

En medio de la persecución de las autoridades políticas, su fe en Dios no permite a Eugenio perder el optimismo. Reflexionando, le comenta a su amigo y confidente, el P. Tempier: 

Es una ventaja poder gozar la sorpresa cuando en contra de lo esperado, las cosas van mejor de lo previsto, lo cual compensa vivir esta difícil situación. Quien ve las cosas color de rosa se ahorra esa pena, aunque también vive menos la dicha que esperaba; por otro lado, al estar equivocado en la esperanza sin tener certeza, no teme el posible golpe esperado, concluyendo con gusto que vale más para la paz de su alma y su tranquilidad, inclinarse hacia el color de rosa que hacia el negro.

Carta a Henri Tempier, Octubre 17, 1833, EO VIII núm. 468

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