AUNQUE TUVIÉSEMOS QUE VENDER HASTA LOS ZAPATOS, QUE NO SE ESCATIME NADA PARA ALIVIARLO

Al llegar a Turín, Eugenio encontró correo de Marsella, con noticias de la grave enfermedad de Jacques Marcou. Había sido uno de los primeros miembros de la congregación de la juventud de Eugenio en Aix en 1813 y se había unido a los Oblatos en 1821. Eugenio tenía un cariño paternal por este joven, a quien conocía desde la niñez (cf http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=1547 )

Lo primero a lo que respondo, porque me afecta hasta el fondo del alma, es la triste noticia de la peligrosa enfermedad de nuestro buen P. Marcou. Estoy desolado, pues es tan rara la recuperación en esos casos, que no puedo tomar a la ligera la gravedad. Sin embargo, he encontrado varias personas, incluso de edad avanzada, que habían tenido vómito de sangre; así que no hay que perder el ánimo, y sobre todo, no deje de dar esperanzas al enfermo.
No necesito decirle con qué cuidado y caridad hay que tratarlo; aunque tuviésemos que vender hasta los zapatos, que no se escatime nada para aliviarlo.
No acepte si sus parientes propusieran llevárselo; con sus hermanos es donde debe encontrar todo lo que su situación requiera, de día y de noche, tanto en lo espiritual como en lo terrenal. Lo único que le recomiendo es que tome todas las precauciones convenientes si por desgracia, el querido Padre tuviera tuberculosis, para que nuestros Padres jóvenes no queden expuestos a algún contagio funesto; habría que marcar todo lo que es de su uso, etc. Fuera de eso, o mejor dicho, por encima de todo, es preciso que recemos todos los días para que Dios nos lo conserve, si así es su santa voluntad. Voy a celebrar la misa por él, pues he resuelto hacerlo por la Sociedad. Escriba algo de mi parte al P. Marcou, manifestándole mi sincero afecto.

Carta a Henri Tempier, Mayo 24, 1826, EO VII núm. 242

 

“Sin un sentido de cariño, no puede haber un sentido comunitario.”   Anthony J. D’Angelo

Posted in cartas | Tagged , | Leave a comment

DIOS TIENE CONSIDERACIÓN DE NUESTRA DEBILIDAD, CONDUCIÉNDONOS SUAVEMENTE  HACIA SUS FINES

De vuelta a Francia lentamente en diligencia, Eugenio escribió a su familia Oblata desde Milán, donde pudo rezar en la tumba del santo patrón de la familia de Mazenod, San Carlos Borromeo.

Reservé mi lugar para el jueves por la mañana y estaré en Turín el viernes por la tarde o a más tardar el sábado por la mañana. Mi primer tarea será ir de prisa al correo a buscar las cartas que ha debido enviarme y que estoy impaciente por recibir, pues hace mucho que no tengo noticias de la familia. Espero que todos estén bien. No deje de informar a mi madre y a mi hermana del avance de mi viaje. De verdad, ya es hora de volverlos a ver. No me atrevo a decirme cuánto hace que estoy lejos de todos ustedes. Si lo hubiese considerado antes de salir, me habría costado mucho emprender un viaje tan largo. 
De haber tomado sólo en consideración la parte humana y si hubiera sabido de las largas dificultades que habría de encontrar en Roma, nunca habría encontrado el valor para realizar la tarea. Sin embargo, Dios le guió paso a paso y Eugenio logró lo que era necesario.
Dios tiene consideración de nuestra debilidad, conduciéndonos suavemente hacia sus fines.… 

Hace eco a la experiencia de San Pablo:” “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza.” (2 Corintios 12:9)

 Por lo demás, la dicha de abrazar contra mi corazón a mis amigos, mis hermanos y mis hijos, lo es todo para mí. Les abrazo a todos; abrazo a mi tío, a mi madre, a mi hermana y a sus hijos. Esta mañana pensé en todos ustedes ante San Carlos, y volveré en seguida. No estamos ya tan lejos como cuando estaba en Roma. Adiós

Carta a Henri Tempier, Mayo 14, 1826, EO VII núm. 240

 

“La oración no es una petición. Es una nostalgia del alma. Es la aceptación diaria de la propia debilidad. En la oración es mejor tener un corazón sin palabras, que tener palabras sin corazón.”   Mahatma Gandhi

Posted in cartas | Tagged , , | Leave a comment

EL FOGÓN DONDE LA MADRE DE DIOS PREPARABA LOS ALIMENTOS DE LA SAGRADA FAMILIA

El amor apasionado de Eugenio por Dios era el cimiento de su vida. No era una árida relación intelectual, sino algo holístico que tocaba todos los aspectos de su vida, en particular su afectividad. Al describir la casa de Loreto, medita en la intimidad de esa casa, pensando cómo María preparaba los alimentos de la sagrada familia.

La Santa Casa  está situada en medio de la Iglesia. Por dentro, está tal como fue trasladada por los ángeles; se ven los muros de ladrillo en tres lados; el fondo, detrás del altar, donde se ha formado una especie de pequeño santuario, está recubierto por completo de láminas antiguas – eran de plata y ahora ¡ay! creo que son de latón muy brillante. Ahí se encuentra el fogón en que la Madre de Dios preparaba la modesta comida de la Sagrada Familia. La Santa Casa está encajada como en un forro de mármol, es decir, la parte exterior que se ve desde la Iglesia está completamente incrustada de mármol y estatuas de profetas y sibilas, y de bajorrelieves representando varios episodios de la vida de la Santísima Virgen, como la presentación en el templo, etc.

Carta a Henri Tempier, Mayo 7, 1826, EO VII núm. 239

 

“El objetivo del arte es representar no la apariencia externa de las cosas, sino su significado interior.”   Aristóteles

Posted in cartas | Tagged , | Leave a comment

ORAISON: COMUNIÓN CON TODOS LOS SERES QUERIDOS EN LA AMOROSA PRESENCIA DE JESÚS

De peregrinaje en Loreto, vemos en práctica el otro estilo de oración central de Eugenio. A lo largo de su vida, siempre trató de estar consciente de la presencia de Dios en su corazón en todo lo que hacía – así como también llevaba en el corazón a todos sus seres queridos: su familia Oblata y su familia de sangre.

Esta mañana tuve la dicha de ofrecer el santo sacrificio en la venerada casa donde estuvo el Hijo de Dios…lo ofrecí por la familia, extendiendo mi intención a los que son dignos de formar parte de ella …

Un momento importante para Eugenio cada tarde es lo que conocemos como oraison,   momento de comunión con todos los que estaban cercanos a él, en la presencia Eucarística de Jesús. (cf. http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=795  y otras entradas en el portal, al entrar y buscar “oraison”)

Todos nuestros amigos no se extrañarán de que me haya ocupado de ellos en la capilla ayer, rezando una breve oración por cada uno de ellos en particular. No salí hasta que el cansancio me obligó.
La piedad de los fieles que vienen a la capilla y no salen de allí sin haber besado varias veces los muros con una efusión de afecto muy conmovedora, inspira ternura y lleva a uno a compartir sus sentimientos

Carta a Henri Tempier, Mayo 7, 1826, EO VII núm. 239

 

“La poesía es Eucarística para mí. Tomas en tu cuerpo el sufrimiento de alguien, su pasión llega a tu cuerpo y al hacerlo, conversas, tomas comunión y formas una comunidad con los demás.”   Mary Karr

Posted in cartas | Tagged , , | Leave a comment

SE VE CON AGRADO EL MOMENTO EN QUE NUESTRO SEÑOR REAPARECE EN LA CASA QUE HABITÓ EN ESTA TIERRA

Escribiendo desde Loreto, a Tempier en Francia:

Sin haberme acercado mucho a ustedes aún, estoy ya a 275 km de Roma, de donde salí en diligencia el día de la Ascensión a la una de la tarde. El viaje ha sido agradable y puntual, pues llegué ayer a las once de la mañana. 

Loreto es famosa por tener lo que la tradición identifica como la casa de Jesús, María y José, transportada desde Nazaret. Para Eugenio fue una oportunidad significativa para meditar sobre la encarnación. Al celebrar Misa en esta casa, tuvo una intensa consciencia de la presencia de Jesús, esta vez en la Eucaristía, y del lugar donde estuvo presente físicamente durante su vida.

Esta mañana tuve la dicha de ofrecer el santo sacrificio en la venerada casa donde estuvo el Hijo de Dios; no es un palacio, pero inspira sentimientos que no se experimentan en los palacios de los grandes de la tierra. Cuando uno celebra en el santo lugar, ve con agrado llegar el momento en que Nuestro Señor reaparece en la casa que habitó al pasar por esta tierra

Carta a Henri Tempier, Mayo 7, 1826, EO VII núm. 239

 

“Lo que una persona asimila en la contemplación, se transforma en amor.”   Meister Eckhart

Posted in cartas | Tagged , | Leave a comment

COJEANDO AL SALIR DE ROMA

Comida con el teólogo Lanteri.  Tengo ya el viaje en diligencia el domingo 30, para regresar a Francia, pasando por Loreto, Milán y Turín..

Diario en Roma, Abril 22, 1826, EO XVII

El tiempo era frío y húmedo; no sé si debo atribuir a eso o tal vez a un exceso de fatiga, un dolor muy vivo en los músculos de la pierna izquierda y una debilidad muy marcada en esa parte, que casi me impedía caminar.  Debía salir mañana; he logrado diferir la salida hasta el jueves.

Diario en Roma, Abril 29 1826, EO XVII

El mal ha aumentado en vez de disminuir.  Intenté salir, pero caminaba con gran dificultad.  Al llegar a casa del marqués de Croza, quiso llevarme a un paseo en coche, lo cual  no me hizo ningún bien; y al regresar, creí que nunca llegaría a casa.  Si esto sigue así, menudo viaje me espera, porque estoy  decidido a terminar y salir el jueves sin falta.

Diario en Roma, Abril 30, 1826, EO XVII

Los músculos de mi pierna están más irritados y débiles que nunca. No pude salir hoy, y con gran dificultad pude celebrar. Esta molestia me da la impresión de ser una ciática.  Sí es así, necesitaré paciencia.

Diario en Roma, Mayo 1°, 1826, EO XVII

No sé si debiera ver esta demora como muy afortunada de algún modo; el caso es que le pido no dejarse alarmar excesivamente, pues ese sábado tuve un dolor en el muslo similar al que me aquejó en el brazo hace dos años. No podía caminar, así que imaginará mi predicamento, pues Dios sabe cuánto utilizo mis piernas. Afortunadamente, la esposa de un doctor que vio mi difícil situación, me dio un frasco del mismo ungüento que Trussy me había prescrito para el brazo; créame que tres aplicaciones fueron suficientes para quitar el dolor y devolverme la posibilidad de caminar. Me encuentro bastante mejor ahora y saldré sin la menor preocupación. Habría querido no mencionarle este pequeño inconveniente, pero mucha gente me vio cojear, y entre otros, dos franceses que salen hoy al sur de Francia. Temí que se refirieran a mí, pudiendo exagerar mi malestar de forma tal que le asustaran, cuando no fue de gravedad.
Estaré en Loreto el sábado y no saldré hasta el martes; confío estar en Milán para el día de Pentecostés y saldré al tercer día de la Festividad, si me es posible encontrar transporte.

Carta a Henri Tempier, Mayo 4, 1826, EO VII núm.  238

 

Después de tanto sufrimiento, una sonrisa al final: “El problema de ser hipocondriaco hoy en día, es que los  antibióticos curan todas las buenas enfermedades.”   Caskie Stinnett

Posted in cartas, diario | Tagged | Leave a comment

LA AUDIENCIA DE DESPEDIDA CON EL PAPA

Eugenio comparte con Henri Tempier los detalles de su audiencia con el Papa:

Pero ¿cómo le he dicho todo esto sin mi acostumbrada relación histórica? Se presentó la ocasión y olvidé el tema. Ahora que conoce el resultado, los detalles previos no habrán ya de interesarle, pero pensaré que ha gozado del feliz resultado. Con todo, no pasaré todo lo demás por alto, pues usted quiere conocer hasta los últimos detalles, y por mi parte, tengo verdadera satisfacción en comentárselos…
Al filo del mediodía, los Prelados que estaban antes de mí desaparecieron y me llegó el tumo, al llamado del Papa. Monseñor el chambelán abre la puerta del gabinete del Papa, hace la genuflexión, me anuncia por mi nombre y títulos, retirándose. Estoy por segunda vez a los pies del Jefe de la Iglesia, pero ahora ¡cuántos nuevos títulos había adquirido él en mi corazón y agradecimiento! justo es lo primero que le digo; pero él lo deja a un lado con amabilidad y me retiene más de media hora en conversación sobre las cosas más interesantes. Como la primera vez, a pesar de su insistencia, me mantuve de rodillas ante él todo el tiempo de esta audiencia. El Papa estaba sonriente y dispuesto a concederme todo lo que le pedía.
Había anotado dieciséis puntos y empecé rogándole me permitiera ser indiscreto por ser la última vez que tenía la dicha de verle. La audiencia fue en conversación muy animada, pues no hubo intervalo. Sería demasiado largo contarle todo lo que comentamos; hubo incluso cosas que me guardaré de escribir, aunque ello fuera una prueba evidente de la confianza del Santo Padre. Me encontraba muy a gusto y no temí hablarle con el corazón  sobre bastantes cosas; pero tendría que volver a empezar mi carta para decírselo todo. Conténtese de momento con saber que consintió amablemente en ser el protector de la Congregación, que me autorizó a declarar que extendía ad perpetuum todos los favores e indulgencias que había otorgado ad septennium en el rescripto del mes de diciembre; que autoriza a todos los miembros de la Congregación a celebrar dos horas después de mediodía, por viajes, etc.; que los dispensa del Oficio divino los días más ocupados durante las misiones; y que los faculta una vez al año y en peligro de muerte, para ser absueltos por su confesor de toda censura, irregularidad, etc.
Pero todos estos favores estaban entremezclados con palabras preciosas que nunca se deberían olvidar. Me entregó una carta para mi tío, encargándome le saludara afectuosamente; me prometió un rosario para él, y nos dio a todos la bendición apostólica de rore caeli, dijo, con la expresión más tierna. Finalmente no quiso que le besara los pies, aunque me presentó dos veces la mano.

Carta a Henri Tempier, Abril 16, 1826, EO VII núm. 237

 

“La felicidad no puede ser una trayectoria, una posesión, una ganancia, utilizarse ni consumirse. La felicidad es la experiencia espiritual de vivir cada minuto con amor, gracia y gratitud.”   Denis Waitley

Posted in cartas | Tagged , | Leave a comment

SI HUBIERA VISTO AL PAPA EN LA AUDIENCIA QUE ME CONCEDIÓ AYER, HABRÍA LLORADO DE EMOCIÓN

Si usted hubiera visto al Papa en la audiencia de media hora que me concedió ayer, habría llorado de emoción. Con qué bondad me hablaba, con qué gracia sonreía a lo que yo le decía, con qué generosidad me concedía todo lo que le pedía, con qué confianza, no puedo privarme de decírselo, me hablaba de cosas muy secretas, que mostró la opinión que benévolamente tenía de mí, aunque sabía ya todo lo que el Santo Padre había dicho acerca de mí en diversas ocasiones, a personas diferentes. Así, me encontraba muy a gusto, aun estando arrodillado a sus pies, que nunca me permitió besar; me presentó, en su lugar, su santa mano que besé, con emoción y devoción, tomando la libertad de ponerla sobre mi frente.

Carta a Henri Tempier, Abril 16, 1826, EO VII núm. 237

En su diario, Eugenio registró su comentario y reacción personal:

Fui recibido en la misma sala que la primera vez. El Papa estaba sentado en el mismo sitio, pero lo encontré mucho mejor. Me hizo señas de que me acercara, para abreviar el ceremonial que pide tres genuflexiones, sólo hice una antes de colocarme junto a sus pies, donde quedé de rodillas a pesar de su insistencia en que me levantase. Las primeras palabras que le dirigí fueron de agradecimiento por las atenciones de que Su Santidad me había colmado; el Papa comprendió mi sinceridad, y me dijo que había hecho por mí lo que…, es decir, lo que había que hacer. El Santo Padre me dio tanta confianza que enseguida  entablamos una conversación muy interesante, y si por mi parte le abrí del todo el corazón, él me habló con una confianza que me mostró la gran estima que tiene por mí. Aproveché tan hermosa ocasión para presentarle todas las peticiones que tenía anotadas. Sólo pedí perdonara mi indiscreción la última vez que estuve a sus pies. Había anotado dieciséis artículos que le presenté uno tras otro. El Papa no me negó nada; al contrario, con la bondad que le caracteriza, quiso concederme cuanto le pedí…
Nunca olvidaré todos los demás detalles de esa memorable audiencia. Terminé pidiendo al Santo Padre un rosario para mi tío y una medalla para mí. “El jubileo me ha dejado sin nada, me contestó, pero mañana entregaré a mons. Caprano lo que desea”. Y no lo olvidó, porque, en efecto, le entregó un rosario maravilloso engarzado en oro, con un broche y una medalla de oro, además de dos medallas de plata para mí. No fue posible besarle los pies, aunque me presentó dos veces la mano, que besé con profunda devoción. Le pedí la bendición apostólica para mi madre, mi hermana, sus hijos, su familia, mi tío, nuestra Sociedad y para mí mismo: “¡Oh!, se la doy de todo corazón, de rore coeli, dijo levantando los ojos al cielo, y hablándome de nuestros socios dijo: “que sigan trabajando mucho para el bien de las almas, etc”. Me encargó  saludara a mi tío y me deseó un feliz viaje.

Diario en Roma, Abril 15, 1826, EO XVII

 

“El nuevo Papa sabe que su tarea es que la luz de Cristo brille más para los hombres y mujeres del mundo – no la propia, sino la de Cristo.”    Papa Benedicto XVI

Posted in cartas, diario | Tagged , | Leave a comment

EL BUEN DIOS SE COMPLACIÓ EN PREPARARME EL CAMINO Y ABRIR TODOS LOS CORAZONES

Cuando finalmente Eugenio se prepara para salir de Roma, ve en retrospectiva la presencia y la bendición de Dios en todo lo que ahí logró.

De no haber estado plenamente convencido de que Dios me preparó el camino y abrió todos los corazones, tendría ciertamente motivos para enorgullecerme, al ver la diligencia, la estima y el afecto que todos me han mostrado durante mi estancia en esta capital del mundo. Gracias al Señor, ni siquiera me he visto tentado por el orgullo; pero mentiría si dijera que no estoy satisfecho y confortado por la recepción general; al contrario, he experimentado en ello un sentimiento de alegría y de agradecimiento, porque debo decírselo, desde los lacayos, los hermanos legos, etc., hasta el Papa, todos me daban testimonio de aceptación o  afecto.

Carta a Henri Tempier, Abril 16, 1826, EO VII núm. 237

 

“Tal vez nada nos ayude más a salir de nosotros mismos y ver hacia el mundo, que recordar la gratitud hacia Dios. Tal perspectiva pone a Dios a la vista en la vida, no solo en los momentos que tomamos para la adoración o disciplina espiritual. No solo en los momentos en que la vida parece fácil.”   Henri Nouwen

Posted in cartas | Tagged , | Leave a comment

LA OBEDIENCIA DE LOS SACERDOTES OBLATOS SE DEBE PRIMERO A LA CONGREGACIÓN Y LUEGO AL OBISPO LOCAL

Eugenio se refería a nosotros como hombres de los obispos y trató de asegurar que nuestro ministerio y la presencia en las diócesis estuvieran en comunión con el ministerio y el espíritu del obispo. Sin embargo, por la aprobación papal, en los casos en que el deseo del Obispo no fuera el de mantener nuestra Regla o su espíritu, la  Congregación recibiría el beneficio de la duda.

La naturaleza de cualquier Instituto aprobado por la Santa Sede, es que los sacerdotes que se agreguen a él deban seguir la obediencia profesada al Instituto en todo lo que es incompatible con la del obispo.
De otro modo, no estaría y nunca habría estado en poder de los Sumos Pontífices aprobar religión o congregación alguna, para no sustraer de la obediencia al obispo a ciertos sacerdotes. Los religiosos quedan realmente y de hecho bajo la dependencia de los Ordinarios, en cuanto sea posible, conforme a la Regla religiosa.
Así, la aprobación para las confesiones la da solo el Ordinario. En las diócesis donde están establecidos, están perfectamente sujetos a todo lo referente a la disciplina exterior, y el obispo puede visitarlos, suspenderlos y expulsarlos de su diócesis por todas las causas canónicas que le dan derecho, igual que a cualquier otro de sus sacerdotes. En las diócesis donde no estén establecidos, no pueden ir a ejercer los sacramentos y la palabra de Dios sin el llamado expreso del obispo, en cuyo caso lo harán bajo su vigilancia y corrección cuando él lo juzgue oportuno; además, tiene amplia libertad para acordar con los superiores acerca de los individuos que empleará en la obra para la los que los solicita; ahí termina la autoridad del obispo.
Si tuviera el poder de disponer de sus diocesanos oblatos como si no estuvieran ligados por ningún otro lazo, la obra misma quedaría destruida y la autoridad pontificia se volvería ilusoria…

Carta a Henri Tempier, Abril 9, 1826, EO VII núm. 235

 Hoy en día, nuestra Regla de Vida mantiene este principio: “ Por amor a la Iglesia, los Oblatos cumplen su misión en comunión con los pastores que el Señor ha puesto al frente de su pueblo; aceptan lealmente, con fe esclarecida, la enseñanza y las orientaciones de los sucesores de Pedro y de los Apóstoles..” CC&RR, Constitución 6

Posted in cartas | Tagged , | Leave a comment