APROBACIÓN PAPAL: RECONOCIMIENTO DE NUESTRO SUPERIOR GENERAL COMO NUESTRA FUERZA Y APOYO ESPECIAL

PAPA LEÓN XII
PARA EL RECUERDO FUTURO DEL SUCESO
Por último, puesto que el ejercicio de la autoridad suprema en esta Congregación funge como su fuerza y apoyo especial, y dado que también desde su inicio, y en conformidad con sus Reglas, al mismo Carlos José Eugenio de Mazenod le ha sido encomendada, Nosotros, en vista de sus méritos personales, por el otorgamiento de Nuestra aprobación, le confirmamos como su Superior General.
Esto decretamos y autorizamos, y es Nuestra voluntad que esta Carta sea ahora y en el futuro firme, válida y eficaz, y que posea y obtenga sus efectos plenarios y completos, y sea del mayor beneficio en todo y en cada lugar, tanto ahora como en el futuro, para todos aquellos a quien se dirige.
…Otorgado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el vigésimo primer día de marzo, 1826, en el tercer año de Nuestro Pontificado.
Papa León XII

Carta Apostólica de Aprobación, Marzo 21, 1826, Missions O.M.I., n° 280 (1952), págs. 118, 138.

 Hoy en día, el sucesor de San Eugenio continúa este ministerio:

El Superior general es el vínculo viviente de unidad en la Congregación. Con el ejemplo de su vida, con su celo apostólico y su afecto a todos, estimulará la vida de fe y de caridad de las comunidades para que respondan más generosamente a las necesidades de la Iglesia.

Como sucesor de San Eugenio de Mazenod, el Superior general procurará mantener siempre vivo el celo misionero en el corazón de nuestro carisma, impulsando la apertura de nuevos campos de misión al servicio de la evangelización.

CC&RR, Constitución 133

 

“Si nuestras acciones inspiran a los demás a soñar más, hacer más y ser más, eres un líder.”   John Quincy Adams

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APROBACIÓN PAPAL: RECONOCIMIENTO DE NUESTRA REGLA DE VIDA, COMO LA FORMA DE VIVIR NUESTROS SUEÑOS

Desde que Eugenio dio origen a los Oblatos en 1816 hasta la aprobación papal, insistió en la necesidad de una declaración de visión aceptada en común y una regla de vida que mantuviera a todos los miembros en comunión con dicha visión. Básicamente había puesto por escrito los principios que le guiaban en su ministerio propio e invitó a otros a compartir su misión.

La aprobación papal de nuestra Regla de Vida significaba el reconocimiento de la Iglesia  como la expresión auténtica de una forma de vida evangélica para los Oblatos.

PAPA LEÓN XII
PARA EL RECUERDO FUTURO DEL SUCESO
Además, habiendo consultado en consejo a la Congregación de Nuestros Venerables Hermanos, los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, quienes tienen a su cargo los Asuntos y Cuestiones de los Obispos y Regulares, Nosotros, con la plenitud de Nuestra Autoridad Apostólica, aprobamos y confirmamos sus Constituciones, que algunos de los Obispos de Francia habían considerado merecedoras de los testimonios más encomiables, cuyos testimonios muchos de ellos incluso firmaron de propia mano para darles mayor autoridad. Incluso ordenamos que estas Constituciones sean observadas fielmente por todos los miembros de esta Congregación, sin importar el puesto que desempeñen en ella.
Esta aprobación y mención son otorgadas con la mayor disposición a tan beneficiosa empresa, pues los miembros de esta Congregación en su ministerio exterior de predicar la palabra de Dios y administrar los sacramentos, realizan una abierta profesión de reverencia, sumisión y obediencia a todos los Obispos, en comunión con la Sede Romana, quien desea emplear su ayuda y servicios en sus respectivas diócesis, y estamos convencidos de que continuarán procediendo de esta forma. Además, Nosotros, por nuestra Autoridad Apostólica, suplimos y remediamos cualquier defecto de derecho o hecho que puedan haberse obviado en la elaboración de dichas Reglas.
…Otorgado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el vigésimo primer día de marzo, 1826, en el tercer año de Nuestro Pontificado.
 Papa León XII

Carta Apostólica de Aprobación, Marzo 21, 1826, Missions O.M.I., n° 280 (1952), págs. 118, 138.

.En nuestra primera Regla de Vida, Eugenio había escrito acerca de la necesidad de ello, como medio de fortaleza misionera:

No basta, con todo, que estén convencidos de la excelencia del ministerio a que son llamados. El ejemplo de los santos y la razón misma prueban claramente que, para el felíz éxito de tan santa empresa y para mantener la disciplina en una sociedad, es indispensable fijar ciertas normas de vida que aseguren la unidad de espíritu y acción entre todos los miembros. Esto es lo que da fuerza a los organismos, mantiene en ellos el fervor y les asegura la permanencia.

Por tanto, dichos sacerdotes, al consagrarse a cuantas obras de celo puede inspirar la caridad sacerdotal, especialmente a la obra de las misiones, que es el fin principal que los reúne, intentan someterse a una Regla y Constituciones aptas para procurarles los bienes que, al reunirse en sociedad, se proponen alcanzar para su propia santificación y para la salvación de las almas.

Prefacio de las CC&RR

 

“Mucha gente se presiona y piensa que será muy difícil vivir sus sueños. Los Mentores están ahí para decir, ‘Mira, no es tan difícil como piensas. Aquí tienes algunos lineamientos y cuestiones por las que he atravesado para llegar adonde estoy.’     Joe Jonas

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APROBACIÓN PAPAL: RECONOCIMIENTO DE NUESTRO NOMBRE Y NUESTRO FUNDADOR

Hemos visto cómo Eugenio fue inspirado para cambiar nuestro nombre y la importancia de ello para comprender nuestra identidad. Con este documento, el cambio fue reconocido oficialmente y la Iglesia nos dio el nombre de Oblatos de María Inmaculada.

PAPA LEÓN XII
PARA EL RECUERDO FUTURO DEL SUCESO
En esta situación, Nuestro querido hijo Carlos José Eugenio de Mazenod, Vicario General del Obispo de Marsella, Director del Capítulo de los Canónigos de la Catedral, y Fundador de dicha Sociedad, Nos ha presentado una petición, solicitándonos humildemente, para la Gloria de Dios y la salvación de las almas, aprobar por Nuestra Autoridad Apostólica, tanto a esta familia y sus Reglas, y honrarla con el título de Misioneros Oblatos de la Santísima e Inmaculada Virgen María,  para que no pueda ser confundida con aquéllas otras Sociedades que también ostentan el nombre de Oblatos de San Carlos.
Por lo tanto, habiendo tomado en consideración que esta Sociedad fue enriquecida con indulgencias por Pío VII, Nuestro Predecesor, y por Nosotros mismos, que su gran utilidad ha sido reconocida por muchos Obispos y que será de considerable ayuda y ornamento a la Iglesia en su afligida condición, Otorgamos Nuestro mayor elogio por el celo y diligencia del mismo Carlos de Mazenod, hombre conspicuo por sus virtudes y erudición, quien no solo fundó la Sociedad, sino que continúa, con Nuestra mayor satisfacción, trabajando incesantemente por su progreso, y Nosotros, solamente en vista de estas consideraciones, ahora absolvemos y mantenemos absuelto en el futuro de todas las excomuniones, vetos y otras censuras eclesiásticas, sentencias y sanciones, de cualquier forma o por cualquier causa ocasionada, tanto a él como a todos los demás en cuyo favor se publica esta Carta, si hubieran de incurrir en alguno, y a través de ésta, con una mente lista y dispuesta, la Establecemos y deseamos  sea conocida por el nombre de Congregación de los Misioneros Oblatos de la Santísima Virgen María, sin pecado concebida.
…Otorgado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el vigésimo primer día de marzo, 1826, en el tercer año de Nuestro Pontificado. 
Papa León XII

Carta Apostólica de Aprobación, Marzo 21, 1826, Missions O.M.I., n° 280 (1952), págs. 118, 138.

“Para comprender un nombre, debes estar familiarizado con la persona que lo lleva.”  Bertrand Russell

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APROBACIÓN PAPAL: RECONOCIMIENTO DE SU MINISTERIO COMO RELIGIOSOS

PAPA LEÓN XII
PARA EL RECUERDO FUTURO DEL SUCESO
Esta Sociedad ha marcado como objetivo los siguientes puntos: sus miembros, quienes están obligados por los votos simples pero perpetuos de pobreza, castidad, obediencia y perseverancia en el Instituto mismo, (de cuyos votos no pueden ser dispensados, excepto por el Superior General o el Pontífice Romano)  se dedican en forma primordial a la tarea de la predicación de misiones a las clases más pobres, en idioma común, en especial en los lugares faltos de la ayuda de la religión; asisten al clero proporcionándoles capacitación adecuada en los seminarios y estando constantemente listos a apoyar a los sacerdotes en las parroquias y a otros pastores en la tarea de enmendar los valores morales de la gente, a través de la predicación y otros ejercicios espirituales; en forma generosa tienen un especial cuidado de los jóvenes, luchando por apartar a esta parte elegida del pueblo cristiano de las seducciones del mundo, formándoles en asociaciones piadosas; por último, predican la sagrada palabra y administran los sacramentos a quienes se encuentran en prisión y acompañan al cadalso a los condenados a muerte. Cuando los grandes beneficios provenientes de esta Sociedad fueron percibidos por todos, sus sacerdotes pronto llegaron a dispersarse a lo largo y ancho, por lo que en este momento cuentan con cuatro casas y un hospicio, ejerciendo su sagrado ministerio en seis diócesis.  Atienden los hospitales de Aix, al igual que las prisiones de la ciudad y en Marsella. Actualmente han sido invitados para tomar la dirección de varios seminarios diocesanos en varias localidades.
…Otorgado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el vigésimo primer día de marzo, 1826, en el tercer año de Nuestro Pontificado. 
Papa León XII

Carta Apostólica de Aprobación, Marzo 21, 1826, Missions O.M.I., n° 280 (1952), págs. 118, 138.

 Cuán felíz y satisfecho debió estar Eugenio al ver que la Iglesia reconocía los objetivos misioneros que los Oblatos habían practicado en los 10 años de su existencia:

Llevar a los hombres a sentimientos humanos, luego cristianos, y ayudarles finalmente a hacerse santos.
Tales son los frutos copiosos de salvación que pueden resultar del trabajo de los sacerdotes a quienes el Señor inspiró la idea de reunirse en sociedad para dedicarse más eficazmente a la salvación de las almas y a la propia santificación, si desempeñan con dignidad su ministerio y responden santamente a su excelsa vocación.

Prefacio de las CC&RR

 

“El amor comienza en casa, y no se trata de cuánto hagamos… sino de cuánto amor pongamos en la tarea.”    Madre Teresa

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APROBACIÓN PAPAL: RECONOCIMIENTO DE LO NECESARIO PARA LAS ÁREAS MAYORES

PAPA LEÓN XII
PARA EL RECUERDO FUTURO DEL SUCESO
Sin embargo, el éxito extraordinario con el que la Divina Providencia coronó sus esfuerzos no podía permanecer oculto por mucho tiempo, y cuando las noticias comenzaron a conocerse, muchos de los Obispos vecinos buscaron allegarse estos misioneros para sus diócesis, esperando lograr la mayor ayuda a sus propios rebaños. Así, los misioneros, favorecidos como se encontraban, por las bendiciones divinas, redoblaron sus esfuerzos para seguir las huellas de los santos, trabajando en lograr su propia perfección, al tiempo en que con todo su corazón buscaban la salvación de las almas. Cuando al fin llegó la hora de ir a diferentes diócesis a anunciar el llamado al arrepentimiento, decidieron redactar leyes y reglas que fueran un vínculo de unión y como baluarte de protección para la naciente Sociedad. Eligieron  que su título fuera el de Misioneros Oblatos de San Carlos, aunque hasta entonces habían sido conocidos comúnmente como los Misioneros de Provenza.
…Otorgado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el vigésimo primer día de marzo, 1826, en el tercer año de Nuestro Pontificado. 
Papa León XII

Carta Apostólica de Aprobación, Marzo 21, 1826, Missions O.M.I., n° 280 (1952), págs. 118, 138.

.La Iglesia reconocía y aprobaba los métodos misioneros de los Oblatos, que Eugenio había concebido desde el inicio:

Están convencidos de que, si se formasen sacerdotes llenos de celo, desprendidos de todo interés, de sólida virtud, en una palabra: hombres apostólicos que, convencidos de la necesidad de su propia reforma, trabajasen con todas sus fuerzas por la conversión de los demás, se podría abrigar la esperanza de hacer volver en poco tiempo los pueblos descarriados a sus obligaciones largo tiempo olvidadas. «Cuídate tú y cuida la enseñanza, recomienda San Pablo a Timoteo; sé constante; si lo haces, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan» (1 Tim. 4, 16).

Prefacio de las CC&RR

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LA APROBACIÓN PAPAL: RECONOCIENDO LO NECESARIO

PAPA LEÓN XII
PARA EL RECUERDO FUTURO DEL SUCESO
Si hubo alguna ocasión en la que esta Sede Apostólica se diera a la tarea de animar y apoyar por todos los medios a su mando el celo de aquéllos sacerdotes, quienes inflamados con el fuego del sagrado amor, predican el Evangelio a través del mundo entero y trabajan para sembrar en la mente de las personas los preceptos y deberes de la religión cristiana y les instruyen para sujetarse a la autoridad legítima, no encontramos otra más apta para hacerlo que el presente, en que los crímenes de todo tipo, emanando como monstruos terribles de los oscuros recovecos del pasado,  asoman de nuevo la cabeza y osadamente diseminan su desolación día a día, amenazando derribar todos los derechos, tanto humanos como divinos, eliminando por completo, en lo posible, todo vestigio de la religión
… Otorgado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el vigésimo primer día de marzo, 1826, en el tercer año de Nuestro Pontificado.
Papa León XII

Carta Apostólica de Aprobación, Marzo 21, 1826, Missions O.M.I., n° 280 (1952), págs. 118, 138.

Esto hace eco del análisis de Eugenio sobre la situación de los cristianos franceses después de la Revolución, lo que le impulsó a responder creando a los Oblatos, para cambiar la situación de primera mano.

La Iglesia, preciada herencia que el Salvador adquirió a costa de Su sangre, ha sido en nuestros días atrozmente devastada. Esta querida Esposa del Hijo de Dios llora aterrorizada la vergonzosa defección de los hijos por ella engendrados. Cristianos apóstatas, olvidados por completo de los beneficios de Dios, han irritado la Justicia divina con sus crímenes….
En esta lamentable situación, la Iglesia llama a voces a los ministros a quienes confió los más preciados intereses de su divino Esposo, para que se esfuercen en reavivar con la palabra y el ejemplo la fe a punto de extinguirse en el corazón de buen número de sus hijos

Prefacio de las CC&RR

 

“Lo que  una persona invidente necesita es no un maestro, sino otro ser.”   Helen Keller

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MISIÓN CUMPLIDA – ¡TENEMOS EL RECONOCIMIENTO DE LA IGLESIA!

¡Después de casi cuatro meses de fuerte actividad, Eugenio pudo anunciar que el texto del breve de aprobación tenía ya la firma del Papa! ¡Misión cumplida!

CARTA APOSTÓLICA DE APROBACIÓN OTORGADA AL INSTITUTO, REGLAS Y CONSTITUCIONES DE LOS MISIONEROS OBLATOS DE LA SANTÍSIMA E INMACULADA VIRGEN MARÍA. POR NUESTRO SANTO PADRE LEÓN XII. POR LA DIVINA PROVIDENCIA, EL PAPA

Lo anuncia así a Henri Tempier:

Deseo terminar mi carta hoy para que pueda salir mañana. El texto del breve está listo; Mgr. Capaccini lo lleva con él para ser firmado por el Papa. Tal vez ya esté hecho ahora, no debo hacer nada más.

Carta a Henri Tempier, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231

 Con este reconocimiento, los Oblatos pudieron ya enfrentar el futuro con un cimiento sólido, sin importar los obstáculos que fueran colocados en su camino por fuerzas externas.

Lo publicaré en segmentos en los próximos días, debido a la importancia histórica del documento.

 

“No se puede construir un gran edificio sobre cimientos débiles. Hay que tener cimientos sólidos si vas a construir una superestructura.”     Gordon B. Hinckley

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LA APROBACIÓN DE LOS OBLATOS: QUE APRENDAMOS A RECORDAR TODO LO QUE DIOS HA HECHO EN NUESTRAS VIDAS

Al reflexionar en el significado de la aprobación para nosotros, Eugenio analiza todo el proceso y ve la mano de Dios en cada paso. En este largo extracto de la importante carta a los Oblatos, Eugenio resume los sucesos que llevaron a la aprobación:

… hemos encontrado, preparado muy de antemano, como nadie había sido capaz de remover, un principio establecido en la Congregación de Obispos y Regulares de no aprobar ya específicamente a ninguna Congregación, limitándose a alabar. Hasta nosotros, nunca el Papa había ido contra este principio, pues el Santo Padre fue el primero en decírmelo; pero también, para nuestro eterno consuelo, fue el Santo Padre quien quiso se derogara a nuestro favor, y esa decisión, nadie se la inspiró; me equivoco, el Espíritu Santo que le asiste es el único que pudo hacerla nacer en su alma, y dirigir su voluntad para que persistiera en ella hasta el final, dirigiendo por sí mismo la marcha de todo el asunto y expresando en varias ocasiones la aprobación que otorgaba a nuestra obra, la cual decía le agradaba y quería ver extenderse.
¿No hay algo sobrenatural en todo esto? ¿Cuándo se han ocupado los Papas de asuntos de esta índole? Se les presenta una súplica que no leen; la remiten a la Congregación, cuyo secretario les hace un informe; la Congregación decide y el Papa aprueba lo que ella ha hecho a favor o en contra. El asunto fue como siempre hasta el informe del secretario, pero el Papa le detiene; lejos de aprobar su informe, le indica su deseo de que nuestra Congregación sea aprobada específicamente, haciéndole el más bello elogio de nuestra obra. El mismo elige al cardenal ponente, para evitar que caigamos en manos de algún otro, y ordena al secretario dé a conocer al cardenal ponente su voluntad en nuestro favor. El secretario, atónito, no sabe qué pensar, no ha vuelto todavía de su asombro y no cesa de decir que nunca se ha visto algo parecido. En el intervalo, entra en funciones el arzobispo de Ancira, se diría que para hacer coro con el Papa; en todas sus audiencias habla de nosotros con el Santo Padre, siempre en forma favorable. El cardenal ponente está encantado de la Regla y del Instituto; más que leerla, la estudia, como lo prueban las ligeras correcciones que propone. Llegan las reclamaciones. El arzobispo, los cardenales y el Papa toman conocimiento de ellas y las enjuician rápidamente, sin dejarme la molestia de replicar, no queriendo siquiera que yo hablara de ello; fueron ellos y el Papa mismo los que abogaron en favor de nuestra causa mejor de lo que yo lo hubiera podido hacer. Para despachar cuanto antes este asunto que le interesa, el Papa, sin dejar se lo pida dos veces, autoriza se estudie en una congregación especial de cardenales, a la que queda incorporado el arzobispo secretario, con voz deliberativa. La decisión es unánime a favor. El Papa la aprueba y la confirma al día siguiente. ¿Qué más necesitamos? “Video caelos apertos” [ed. Ví abrirse el cielo]. En la ejecución de las formalidades, nuevas combinaciones, a cuál más favorable. De ahí se deduce que si la obra encontró adversarios, era porque hacía falta para mostrar el sello de Dios; pero ellos sólo sirvieron para evidenciar más Su protección verdaderamente milagrosa hacia nosotros.

Dándose cuenta de que la nuestra ha sido “una historia de salvación”, Eugenio concluye con la responsabilidad de responder a la acción de Dios.

Esforcémonos por no ser nunca indignos de ella y merezcamos ver cumplidos los designios de la misericordia de Dios en favor de la Congregación y de las pobres almas.

Carta a Henri Tempier, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231

 

“Al recordar lo que Dios ha hecho y sigue haciendo por mí, por nosotros, recordar el camino que hemos transitado;  es lo que abre nuestros corazones a la esperanza del futuro. Aprendamos a recordar todo lo que Dios ha realizado en nuestras vidas.”   Papa Francisco

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LA APROBACIÓN DE LOS OBLATOS: TODAS LAS ALMAS ABANDONADAS, DONDEQUIERA QUE SE ENCUENTREN, SERÁN SIEMPRE EL OBJETO DE NUESTRO CELO Y TENDRÁN DERECHO A NUESTROS SERVICIOS

Eugenio ha sido descrito a menudo como un apóstol con un corazón del tamaño del mundo. Su celo misionero y generosidad se puso al descubierto como respuesta al celo y generosidad de Dios en su propia vida, y después en la vida de los Oblatos. Al alegrarse con los Oblatos por la aprobación de la Iglesia a la congregación, constantemente regresa al momento en que se dio cuenta de la bondad de Dios, mostrada en forma directa a través de las acciones del Papa.

Cuanto más pienso en nuestro asunto, más veo en él la mano de Dios, cuya acción ha sido reconocida también por todos los que han sido instrumentos de su misericordia con nosotros. Piense que somos los únicos favorecidos de esa manera y que fue el Papa quien lo hizo todo. 

Al ver este patrón y modelo de vida religiosa misionera, Alfonso Liguori, (ver  http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=647), muestra que los pasos similares que él y los Redentoristas dieron no obtuvieron los mismos resultados que Dios logró para  Eugenio.

Ni siquiera hemos tenido la ansiedad que experimentó el Beato Alfonso, cuando su Congregación fue aprobada en 1749 por el papa Benedicto XIV. Primero sólo se le quería aprobar para el reino de Nápoles, y después se rehusaba la aprobación al Instituto: Regulam et non Institutum. En nuestro caso, el Papa no sólo aprueba la Congregación, sino que la funda: Constituimus..[ed nos constituye, nos da vida como Oblatos de María Inmaculada]  Se había creído al principio que sólo lo solicitábamos para Francia, y el cardenal ponente me decía: “Acepte eso por ahora; lo demás vendrá después”. No estuve de acuerdo y todo se arregló según nuestros deseos. 

Al darse cuenta de la bondad abrumadora e inmensa de Dios, es fácil comprender porqué el celo de Eugenio y los Oblatos se extiende a todas las almas abandonadas en todo el mundo.

Debo decir que bastó mi observación de que nuestra Congregación no limitaba su caridad a un rincón de la tierra y que todas las almas abandonadas, dondequiera que estuvieran, serían siempre objeto de su celo y tendrían derecho a sus servicios, para que accedieran a mi forma de verlo.

Carta a Henri Tempier, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231

 

“La gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana.”     Melody Beattie

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LA APROBACIÓN DE LOS OBLATOS: OBLATOS DE MARÍA – ORGULLOSOS DE NUESTRA DIGNIDAD Y DE LOS DERECHOS QUE NOS CONFIERE

En respuesta a la euforia de los Oblatos por la aprobación, Eugenio reflexiona sobre el nombre de nuestra familia.

 ¡Ojalá comprendamos bien lo que somos!
Espero que el Señor nos concederá esa gracia, con la asistencia y por la protección de nuestra santa Madre, María Inmaculada, a quien hemos de profesar una gran devoción en nuestra Congregación. ¿No le parece que es una señal de predestinación llevar el nombre de Oblatos de María, es decir, consagrados a Dios bajo los auspicios de María, de quien la Congregación lleva el nombre como apellido que le es común con la Santísima e Inmaculada Madre de Dios?
Es como para que nos tengan envidia; pero es la Iglesia la que nos ha dado este hermoso título

De hecho, fue el mismo Eugenio quien había cambiado el nombre de “Misioneros de Provenza” a “Oblatos de María Inmaculada”, solicitando al Papa aprobar el cambio. (cf. http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=1970). Fue así que la Iglesia nos “otorgó” el nombre. La Iglesia ratificó la inspiración que Eugenio había recibido en cuanto a nuestro nombre y la identidad que nos confiere. En este sentido, nuestro nombre e identidad pertenecen a la Iglesia, por lo que:

nosotros lo recibimos con respeto, amor y agradecimiento, orgullosos de nuestra dignidad y de los derechos que nos da a la protección de la Todopoderosa ante Dios.

Carta a Henri Tempier, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231

 Hoy en día continúan estos sentimientos, como muestra nuestra Regla de Vida: “ María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia.” CC&RR Constitución 10

 

“Cuando se le pidió ser la madre del Mesías, la fe de María le permitió dar una respuesta humilde y generosa…. La fe de María fue puesta a prueba frecuentemente durante la vida pública de Jesús, en especial cuando ella fue testigo del rechazo de su hijo. Al pie de la cruz, su peregrinaje de fe tuvo la prueba más difícil. María siguió creyendo que, puesto que Jesús era el Hijo de Dios, Su sacrificio traería la salvación a la humanidad.”  Papa Juan Pablo II

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