HACE FALTA ABANDONO EN EL SERVICIO DE DIOS

No existe actividad que sea insignificante en nuestro servicio al Reino de Dios – sin importar qué tan dotados, intelectuales o importantes nos consideremos.

El superior no puede estar sujeto a ninguna condición. Puede necesitar a una persona para abrir la puerta o para barrer, y la persona debe estar convencida de que se agrada más a Dios abriendo la puerta y barriendo que, si por voluntad propia, predica o confiesa. San Antonio de Padua pasó varios años en la cocina y ni en sueños formuló una queja.
Hace falta abandono en el servicio de Dios.

A Jean Baptiste Mille, Mayo 30, 1832, EO VIII núm. 423

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NADA PUEDE SER MÁS LEGÍTIMO QUE EXPRESAR NUESTRO DESEO, SIN EMBARGO…

Jean Antoine Bernard, de 24 años, había concluido su formación Oblata en Billens, siendo ordenado sacerdote 5 meses antes. Parece que se le había pedido realizar un ministerio en particular y expresado su reserva al respecto a su superior local, el P. Mille, quien era joven e inexperto. El P. Mille no supo cómo manejar a alguien que no mostrara una “obediencia ciega”, a lo que Eugenio responde:

Las observaciones del P. Bernard no me han parecido fuera de lugar, si no han cruzado los límites señalados en tu carta. Nada más justo que manifestar su opinión, pero también es deber respetar la prudencia que Dios da a los superiores.
Seria un gran desorden fomentar tal apego exclusivo a un ministerio determinado, del que no fuera posible separarse ni siquiera momentáneamente, sin causar dificultad.

A Jean Baptiste Mille, Mayo 30, 1832, EO VIII núm. 423

Eugenio menciona la cuestión del discernimiento de la voluntad de Dios en el ministerio: la importancia de la interacción entre el deseo personal y la visión global de la situación que tiene el responsable de la comunidad. El discernimiento no significa una obediencia ciega, sino escuchar todas las posibilidades, a la luz de la Palabra de Dios.

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DECLARAR LA GUERRA AL TONO BURLÓN QUE NO TIENE LUGAR ENTRE HOMBRES COMO NOSOTROS

Una de las mejores formas que tenía Eugenio para mantener el espíritu misionero entre los Oblatos, era la correspondencia continua con los superiores. De esta forma, guiaba la dirección de las comunidades en general, alentándolas y también corrigiéndolas. Aquí tenemos un ejemplo, escrito al P. Courtès, superior de Aix, en el que se refiere a los problemas que el orgullo puede ocasionar en una comunidad.

… Si no supiera por experiencia que las comunidades más santas y fervorosas no están libres de algunas dificultades, me sorprendería se puedan dar entre nosotros encontronazos de amor propio, aunque sean pasajeros. Desgraciadamente, es triste la condición de esta naturaleza, tan difícil de controlar por completo.  Sobre esto, harás bien en inculcar el respeto mutuo que deben guardar y declararás la guerra a ese tono burlón, que no tiene lugar entre hombres como nosotros …

Después, Eugenio comenta noticias de otras comunidades de la Congregación:

… La comunidad del Calvario es excelente, imposible mejorar el trabajo de esos buenos Padres. Billens sigue siempre a las mil maravillas y Ntra. Sra. de Laus está también en primera línea de regularidad. Esta casa ha adquirido gran importancia. El P. Guibert está a la altura del puesto que, gracias a cierto Prelado (Mons. Arbaud. obispo de Gap), es muy difícil.

Carta a Hippolyte Courtès, Junio 12, 1832, EO VIII núm. 424

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DESEANDO UNA MISIÓN EN ÁFRICA

Francia había conquistado Argelia el 4 de julio de 1830. Al enterarse Eugenio, vio la oportunidad para una misión con los más abandonados, y de inmediato ofreció enviar ahí a los Misioneros Oblatos.

Desde que Argelia fue conquistada por el rey Carlos X (4 de julio de 1830), me he dedicado a ofrecer a los católicos de la colonia los auxilios de nuestra religión, abrigando además en mi corazón, la esperanza de algún día ver a muchos infieles abrir los ojos a la luz de la fe. Escribí al obispo de Marsella, mi tío, rogándole escribir al Primer Ministro de entonces y al cardenal Gran Capellán para obtener ayuda y protección para tal fin. El proyecto fue de su agrado y  me contestaron se daría atención cuanto antes a ese asunto tan importante, dando a nuestra Congregación la ayuda y protección solicitadas.

El Gobierno estaba complacido con la idea y justo cuando Eugenio iba a escribir solicitando la autorización del Papa, estalló la Revolución de Julio, dejando el proyecto sin realizar.

Mientras tanto, me disponía a escribir al Sumo Pontífice, nuestro protector siempre magnánimo y querido (León XII), cuando se abatió sobre nosotros la infortunada revolución (julio 1830). Esperamos ver lo que ocurriría, si Francia mantendría o no su conquista.

Dos años después continuaba la gran necesidad, por lo que Eugenio retomó el proyecto de poder enviar a los Oblatos.

Las noticias que recibimos más tarde revelaron la carencia, dado el número de católicos que acudían a esas regiones, de los auxilios que podían prestarles algunos sacerdotes, poco habituados al ministerio. Fue así cuando despertó en mi corazón el deseo de atenderles, ofreciendo de nuevo la ayuda de nuestra Congregación, pero esta vez ya no al Gobierno que no tiene el mismo celo por la fe, sino a Roma, que por derecho y por amor, tiene siempre “la solicitud por todas las Iglesias”…
Como sea, si Su Eminencia deseara ampliar esa misión, le ofrezco de nuevo nuestra muy pequeña Congregación.

Carta al Cardenal Pedicini, Prefecto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide,  Abril 10, 1832, EO V núm. 1

Yvon Beaudoin concluye en una nota al calce: “El Cardenal Pedicini tomó muy seriamente su carta, puesto que escribió al Nuncio en París sobre el particular. Este último respondió el 29 de junio de 1832, que el Gobierno no aceptaría a los Oblatos, pues la Congregación no tenía reconocimiento oficial y porque el P. de Mazenod y sus misioneros no contaban con simpatías.”

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FORMADORES: TENDRÁN UNA DOBLE PARTICIPACIÓN EN TODAS SUS OBRAS, QUE RECOMPENSARÁ AMPLIAMENTE EL SACRIFICIO QUE HACEN POR ELLOS

Eugenio estaba plenamente consciente de que el joven Padre Mille de 25 años, encontraba muy pesada la carga de ser formador, al igual que la mayoría de los misioneros Oblatos en las casas de formación.

De una vez por todas comprende bien que no te envié a Suiza para ejercer el ministerio exterior, sino para dirigir, instruir y cuidar constantemente a la comunidad que te ha sido confiada; eso te ha sido repetido y explicado muchas veces, como para dudar sobre lo que debes hacer. Pon todo tu esfuerzo en edificar con tu regularidad a quienes debes hacer perfectos.

Luego dirige unas hermosas palabras de aliento al Padre Mille:

Te devolverán lo que hayas hecho por ellos, cuando al término de sus estudios, comiencen a trabajar en la viña del Padre de familia; es entonces cuando recogerás lo sembrado ahora; la doble participación que tendrás en todas sus obras te compensará ampliamente el sacrificio que haces, y Dios te recompensará precisamente por lo que dejas, mejor dicho, por lo que haces por la santa obediencia, única que puede dar valor a todas tus acciones…

Carta a Jean-Baptiste Mille, Abril 21, 1832, EO VIII núm. 420

He repetido estas palabras una y otra vez a los Oblatos que participan en la formación de nuestros nuevos miembros: son misioneros a través de la misión de quienes han acompañado en su viaje de formación. Al encontrarse en el campo misionero “tendrán una doble participación en todas sus obras, que recompensará ampliamente el sacrificio que hacen por ellos”.

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CUIDAR A LOS FUTUROS OBLATOS COMO A LA NIÑA DE TUS OJOS

¡Pobre Padre Mille! Se había convertido en Oblato para ser misionero y sin embargo, algunas semanas después de su ordenación sacerdotal, las circunstancias habían hecho inevitable que fuera nombrado superior del seminario en Suiza. A los 25 años de edad, su corazón misionero no podía resistir la tentación de realizar ministerio fuera del escolasticado, para desagrado de Eugenio, pues descuidaba a los seminaristas.

Ya que trato sobre ese particular, te diré algo acerca de tus obras de celo durante las cuarenta horas. ¿Sabes la conclusión a la que he llegado?
Que eres tan buen misionero como mal superior.
… ¿Se puede en conciencia dejar tu tarea específica, para abarcar otra, aunque parezca mejor?

Eugenio le había prohibido en forma explícita que participara demasiado fuera del escolasticado, pero los oídos misioneros del Padre Mille tenían “audición selectiva”.

¿Qué decir de la facilidad con que interpretas las intenciones del superior, opuesto a tus palabras y a tu intención bien conocida? ¡Oh! no, mi querido, no es así como hay que hacerlo. Actuar siempre en sentido contrario a tus instrucciones es tener una mala comprensión de la obediencia. Se atraen las alabanzas de los hombres, hasta se hace algún bien, pero se falta al deber, y entonces ¿qué recompensa esperas de las obras más brillantes?
Me entristece en verdad tener que hacerte estas observaciones, pero tengo en mis manos el equilibrio del santuario… De haberlo prescrito la obediencia, todo lo que has hecho como misionero habría sido admirable
Pero no has hecho bien como superior encargado de la élite de nuestra familia, a la que debes cuidar como a la niña de tus ojos

Carta a Jean-Baptiste Mille, Abril 21, 1832, EO VIII núm. 420

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LOS SACERDOTES DEBEN CUMPLIR LOS DEBERES DE CARIDAD DE SU SANTO MINISTERIO, AÚN A RIESGO DE CONTRAER EL CÓLERA

Un suceso que siempre aterraba a todos era un brote de cólera. Eugenio escuchó que se había extendido hasta Suiza y le preocupaba el peligro que implicaba para los jóvenes en formación en ese lugar. Escribe al superior, P. Mille:

… Lo primero que deseo mencionarte, es del cólera-murbus que los periódicos anuncian haber llegado a Suiza; me preocupa saberles tan cerca del peligro, a tanta distancia de mí. No comprendo como no ha llegado aún a nosotros, dada la falta por completo de las precauciones exigidas por la más elemental prudencia. Dios me da la gracia de estar presente, pero temo por ustedes, pues me han demostrado que su celo no se ajusta siempre a la prudencia. Tienes una gran responsabilidad y no olvides que la menor imprudencia que arriesgue a la comunidad de la que estás a cargo, te será imputada..

Eugenio recomienda que los escolásticos se mantengan a salvo, pero que los sacerdotes se preparen para el posible contagio de la enfermedad, al tratar con los enfermos y moribundos.

En caso de que llegue a ustedes la enfermedad, cuida a quienes no son sacerdotes y los mismos sacerdotes deben cumplir los deberes de caridad de su santo ministerio con las precauciones adecuadas.

Carta a Jean-Baptiste Mille, Abril 21, 1832, EO VIII núm. 420

Eugenio mismo había puesto su vida en riesgo en 1814, al hacer lo mismo por los prisioneros de guerra austriacos y esperaba que sus Oblatos se prepararan a hacerlo – el significado de “oblación”.

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DESEO POCAS COSAS Y DESEO DÉBILMENTE LO POCO QUE DESEO

Dos semanas antes, Eugenio había escrito sobre su actividad sin descanso como Vicario General de Marsella. No le agradaba el trabajo y era “una de las penitencias más penosas” – aunque debía hacerse y lo consideraba hacerlo por Dios. Todo era una sombra pasajera, en la luz de sustento de Dios.

… No pienso más en ello, pues gracias a Dios, sin ser San Francisco de Sales ni Santa Teresa, deseo pocas cosas y deseo débilmente lo poco que deseo. La forma de este mundo me parece una sombra; me parece que sólo tengo unos días para vivir, y obligado como estoy a trabajar de la mañana a la noche, sólo lo hago por deber, con la disposición de un hombre a quien el Señor, a quien se debe toda obediencia, le impone una penitencia muy penosa.

Carta a Hippolyte Courtès, Febrero 18, 1832, EO VIII núm. 415

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NO QUEDA TIEMPO PARA RESPIRAR

Hemos visto qué tanto habían afectado a Eugenio los sucesos de los cuatro años anteriores; la muerte de seres queridos, la enfermedad personal con una lenta recuperación, la Revolución de Julio de 1830 y las actitudes y acciones del gobierno anti-religioso a nivel nacional y local. Ya de vuelta en Marsella, Eugenio era Vicario General del Obispo Fortuné de 84 años, para la gran diócesis en expansión. Era además al mismo tiempo, Superior General de los Oblatos. El Padre Courtès debe haber llamado su atención por no haber hecho algo para los Oblatos, a lo que Eugenio respondió:

… Por mi silencio no asumas una falta de interés en ti, sino que, al tener frecuentes sesiones de tres horas, todo lo que hay que hacer, organizar, tratar, responder, ejecutar, conciliar en intereses tan diversos, sin hablar de la administración ordinaria, muy complicada debido a la aglomeración de nuestra población, etc., no queda verdaderamente tiempo para respirar, menos aún para escribir…

Carta a Hippolyte Courtès, Febrero 3, 1832, EO VIII núm. 414

Lo que siempre es evidente en todos los escritos de Eugenio, sin importar qué tan ocupado se encontrara, fue nunca perder de vista su opción fundamental de vivir solo por Dios y hacerlo todo por Dios y en Dios. Fue su espíritu de oblación lo que hizo posible entregarse por completo a lo que fuera que Dios le pidiera.

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SI EL AMOR DE DIOS HA DE SER MEDIDO POR NUESTRA SALUD, RIQUEZA Y CONFORT

Al escribir al superior de la comunidad sobre el Oblato cuya exagerada preocupación por su salud le había llevado a perder el enfoque, Eugenio continúa:

… Tantas precauciones han tenido un notable detrimento en el hombre interior, debilitando considerablemente las virtudes. Ni siquiera sé si conservó algún rasgo de religioso; estaba lejos de apreciar la perfección, como lo hicieron todos los modelos en su género. La práctica debe haber sufrido necesariamente ante la influencia de una teoría tan poco acorde al espíritu de Jesucristo…
Sabes que en el fondo es bueno, pero la excesiva preocupación por la ciencia, que tal vez ha preferido a la santidad, ha disminuido la gracia y la luz en él; su excesivo cuidado por la salud le hizo descuidar cosas que nunca se abandonan impunemente. De ahí el estado de imperfección que es absolutamente necesario dejar, de no querer exponerse a caer de más alto.

Carta a Hippolyte Courtés, Enero 7, 1832, EO VIII núm. 413

Al enfocarse demasiado a aprender sobre la salud le había llevado a perder el enfoque en la “gracia y la luz” espiritual – una situación peligrosa para la relación de un misionero con Jesucristo.

El comentario de John Piper me impresionó: “Si el amor de Dios por sus hijos ha de ser medido por nuestra salud, riqueza y confort en esta vida, entonces Dios odió al apóstol Pablo”.

¿Cómo encaja Dios en nuestras preocupaciones físicas; cómo encaja el cuidado de mi cuerpo en mi espiritualidad?

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