SAN EUGENIO, TRANSFORMADO POR SU ENCUENTRO CON JESUCRISTO – EN SUS PROPIAS PALABRAS

En torno a la edad de 24 años Eugenio entró en un período de búsqueda de sí mismo, un viaje que alcanzó una cima un Viernes Santo:

He buscado, pues, la felicidad fuera de Dios y no he encontrado fuera de él más que aflicción y pesadumbre.

Feliz, mil veces feliz de que ese Padre bondadoso, a pesar de mi indignidad, haya desplegado en mí la inmensa riqueza de sus misericordias. Al menos, que yo repare el tiempo perdido redoblando mi amor para con él. Que todas mis acciones, pensamientos, etc. vayan dirigidas a este fin.

Qué ocupación mas gloriosa que obrar en todo y por todo únicamente por Dios, amarle sobre todas las cosas, y amarle tanto más cuanto más he tardado en amarle.

Notas de retiro, diciembre 1814, E.O. XV n.130

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SAN EUGENIO, UN JOVEN EN BUSCA DE SÍ MISMO –  EN SUS PROPIAS PALABRAS

1802- Ante la insistencia de su madre, Eugenio volvió a Francia a la edad de 20 años. Su madre se había divorciado de su padre para recuperar las riquezas de la familia que estaban en manos de las autoridades de la Revolución, quienes habían confiscado las propiedades de la nobleza.

Eugenio se lanzó al estilo de vida de un noble joven. No tenían un sentido en su vida y uno le encuentra alternando entre una vida de placer y una vida de aburrimiento sin perspectivas de futuro.

“Questo paese non mi conviene” (este país no me conviene), y por eso me hastía todo. Me quedo algunas veces tres semanas sin aparecer por el mundo… “Questo paese non me conviene”, lo repito, y preparo cuidadosamente algún gran divorcio. Además, hay que decirlo todo, esa desgana proviene mucho también de que no está en mi carácter para plantar coles. Siento que no estoy en mi sitio, y rabio al ver que pasan mis mejores años en una oscura ociosidad. Juzgue pues Vd., si es para estar alegre cuando mi pensamiento anda por allá arriba, cada vez que estoy sólo.

Carta a su padre, el 4 de mayo 1804, E.O. XIV n.6

Ahora bien, no hay señorita que me convenga en Aix, y tal vez no guste yo a ninguna.. Y además, es que la quiero muy rica, “riquísima e buena”, cosa difícil de encontrar.

Carta a su padre, el 12 de abril 1804, E.O. XIV n.5

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SAN EUGENIO, UN NOBLE EN EXILIO –  EN SUS PROPIAS PALABRAS

1791 – 1802. Once años de emigración: Niza, Turín, Venecia, Nápoles, y Palermo.

NIZA

Habiendo sido decretada por los revolucionarios la captura de mi padre, al regreso de su diputación en los Estados Generales, dejó Francia y fue a Niza, de donde envió a su hermano para que me llevara junto a él…

Era preciso que cundiera el espanto ante la amenaza que se había hecho de deshacerse de los hijos de los nobles, para que mi madre consintiera dejarme emprender ese viaje sin estar aún del todo repuesto de una indisposición que me había molestado mucho…

Yo no tenía aún nueve años. Todo lo que pude hacer fue guardar el secreto como hubiera podido hacer una persona mayor. Se me había recomendado y fue fielmente mantenido.

VENECIA

Un día yo me divertía en la ventana que daba a la casa de la familia Zinelli. Don Bartolo apareció enfrente y dirigiéndome la palabra dijo: “Señor Eugenio ¿no le da pena perder el tiempo divirtiéndose así en la ventana? –Ay, señor, repuse, es bien a pesar mío, pero ¿qué puedo hacer? Sabe usted que soy extranjero y no tengo un libro a mi disposición”. Ahí es donde él quería llegar. “Que por eso no quede, querido hijo, me está viendo aquí precisamente en mi biblioteca, donde hay muchos libros latinos, italianos e incluso franceses, si usted quiere.

– No deseo otra cosa”, le repliqué. Al instante Don Bartolo suelta la tabla que sostenía las hojas de la ventana, puso un libro encima y me lo pasó a través de la calleja que nos separaba. El libro pronto fue leído, pues yo leía siempre con avidez; al día siguiente mi padre me aconsejó que fuera a devolverlo y dar las gracias a D. Bartolo. Todo esto estaba previsto.

D. Bartolo me acogió con la mayor bondad; me hizo recorrer su biblioteca, y de ahí pasé a su gabinete donde estudiaba en torno a una mesa grande con su hermano, D. Pietro, que todavía no era más que diácono. “Todos nuestros libros están a su disposición”, me dijo D. Bartolo. Y luego añadió: “Aquí es donde estudiamos mi hermano y yo: ahí ve el lugar de otro de mis hermanos a quien el Señor llamó a sí; si le agrada a usted sucederle, no tiene más que decirlo; con mucho gusto le haremos continuar sus clases, que sin duda no ha acabado…

A partir de entonces, todos los días durante casi cuatro años iba después de la misa junto a esos maestros benévolos que me hacían trabajar

NàPOLES

Mi estadía en Nápoles, prosigue la relación, fue para mí un año abrumador de la más triste monotonía…

PALERMO

La Providencia que siempre veló por mí desde la más tierna infancia, me abrió las puertas de una familia siciliana, donde fui admitido desde el comienzo como hijo de la familia. Es la familia del duque de Cannizzaro. Su mujer, princesa de Larderia, era una santa. Me tomaron los dos gran afecto y parece que se sintieron contentos de dar a sus dos hijos que eran aproximadamente de mi edad, aunque un poco más jóvenes, un compañero que pudiera ser su amigo y les diera ejemplo de buena conducta, cosa muy rara, una especie de fenómeno en un país como el suyo. A partir de entonces hasta mi regreso a Francia, formé parte de la familia: mi cubierto estaba siempre puesto en su mesa; los acompañaba siempre al campo en verano, y todo en la casa estaba a mi servicio como al servicio de los propios hijos, que se consideraban mis hermanos. Realmente yo lo era por el afecto

Diario de Emigración en Italia, (1791-1802), E.O. XVI

Para más detalles:

Bartolo Zinelli:https://www.omiworld.org/es/lemma/zinelli-bartolo-1766-1803-es/

Familia Cannizzaro:https://www.omiworld.org/es/lemma/cannizzaro-familia-es/

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INVITACIÓN A NUESTRA ORAISON MENSUAL CON LA FAMILIA MAZENODIANA

Invitación a nuestra oraison mensual con la Familia Mazenodiana. Para más información visite https://tiny.cc/oraison

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SAN EUGENIO EL NIÑO – EN SUS PROPIAS PALABRAS

Esta serie de reflexiones diarias sobre los escritos de S. Eugenio de Mazenod se han publicado desde 2010. En estos diez años, hemos cubierto sus escritos hasta el 1839. A veces es bueno hacer una pausa para orientarnos otra vez.

Por lo tanto, en estas próximas semanas, publicaré nuevamente una serie que recuerda los puntos fundamentales de su vida, utilizando sus propias palabras.

El 1 de agosto 1782 – nacimiento en Aix en Provence. Hijo de Charles Antoine de Mazenod, Presidente del Tribunal de Cuentas, y de Marie Rose Joannis.

Mi corazón no ha cambiado con la edad. Es idólatra de la familia. Me dejaría cortar en pedazos por algunos miembros de mi familia, y esto lo extiendo bastante lejos, porque daría mi vida, sin dudar, por mi padre, mi madre, mi abuela, mi hermana y los dos hermanos de mi padre.

Amo en general con apasionamiento a todos aquellos de quienes me creo amado; pero también exijo que me quieran con apasionamiento. De este modo, la gratitud es un reflejo más de la efervescencia de mi corazón.

Autorretrato de Eugenio para su director espiritual, 1808, E.O. XIV n. 30

Es difícil creer que a pesar de un carácter como el que acabo de describir, sea el mío un corazón sensible; pues lo es, hasta en exceso. Sería demasiado prolijo citar todos los rasgos de mi infancia que me han contado y que son verdaderamente sorprendentes.

Era habitual diera mi desayuno, aún cuando tenía hambre, para calmar la de los pobres, llevaba leña a los que pretendían tener frío y no tener medios para procurárselo, llegué un día hasta a despojarme de mis vestidos para vestir a un pobre, y mil cosas parecidas.

Autorretrato de Eugenio para su director espiritual, 1808, E.O. XIV n. 30

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EL PADRE ALBINI EN LA LÍNEA DE LOS SANTOS MILAGROSOS QUE COMO APÓSTOLES PROCLAMARON LA PALABRA DE DIOS

Eugenio escribe acerca del Venerable Albini, cuya causa de canonización está en proceso:

El Sr. Gabrielli, párroco de Tralonca en Córcega, acaba de contarme cosas tan edificantes del P. Albini, que le pedí enviarme copia de los testimonios que se hicieron. Se trata de una serie de milagros que colocan a este querido padre en la línea de los santos, que como apóstoles han proclamado la palabra de Dios en diversas épocas. Espero los testimonios para consignar por escrito los detalles. Los primeros milagros se realizaron en la época de la misión de Moita y sobre todo en la colocación de la cruz que se volvió  milagrosa, y a la que llegan multitudes para pedir gracias y curaciones, que Dios no cesa de conceder desde entonces. Podemos considerar ese favor como muestra que Dios ha querido dar por el ministerio de nuestra congregación en Córcega y que debe ser objeto de nuestra eterna gratitud.

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 28, 1839, EO XX

El Padre André Dorval OMI, nos narra la historia:

La misión en Moïta comenzó el 11 de agosto de 1836 y terminó tres semanas después, con la erección de la cruz monumental, de diez metros de altura. La tarea planteó muchos problemas y fue peligroso, dada la multitud cercana. Sin embargo, gracias al Padre Albini la erección fue un éxito maravilloso. El canónigo Brandisi, testigo ocular del suceso, dejó este testimonio: “La cruz era enorme, y tras horas de trabajo solo se había alzado a la mitad. Todos estaban exhaustos y comenzaron a perder la esperanza de lograr levantarla. El santo misionero se dio cuenta de la situación y corrió a la cruz. Estiró sus manos como para sujetarla, y he ahí que se alzó recta, con la base en el agujero que había sido preparado para ella. Todos gritaron que era un milagro, atribuyéndolo a una fuerza sobrenatural, y lloraban de alegría.

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RECORDAMOS  LAS  BENDICIONES  DE  NUESTRA  VOCACIÓN  Y  LAS GRACIAS OBTENIDAS ESTE AÑO

El 17 de febrero es un día especial para la Familia Mazenodiana, pues recordamos el reconocimiento de la Iglesia de que nuestro carisma, espiritualidad y misión proviene de Dios.  Se trata de un día en el que la Familia se reúne para agradecer y renovar su compromiso misionero.  En 1839, trece años después, Eugenio menciona en su diario como fue celebrado.

Misa en la capilla interior del Calvario en ocasión del aniversario de la aprobación de la congregación. La ceremonia fue sumamente conmovedora, como es usual.  Acudieron los padres del seminario y algunos misioneros que dieron varias misiones muy recientemente y llegaron a depositar a los pies de nuestro Salvador sus victorias, reconociendo deberlas únicamente a la gracia del buen Maestro; fue un día lleno de pensamientos de gratitud y amor para todos. Recordamos también las bendiciones de nuestra vocación y las gracias obtenidas este año, entre las que contamos tanto la curación milagrosa de nuestro querido padre Albini, como la muerte de nuestro también muy querido hermano Morandini. El hermano Juan María hizo su profesión por cinco años.

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 17, 1839, EO XX

En la época actual continúa la tradición de celebrar la bondad de Dios hacia nosotros como familia, cada 17 de febrero y desde 1826.

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CÓMO RENDIR HOMENAJE A JESUCRISTO, QUIEN LES HA REDIMIDO

En su Diario, el Obispo Eugenio continúa reflexionando sobre la experiencia de la adoración Eucarística con su pueblo, que al mismo tiempo nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad en apoyar la fe de quienes queremos, en especial los padres, maestros y pastores. Es un texto en el que vale la pena leer y reflexionar.

… En San José entré en la iglesia con el santo viático y me coloqué detrás del santísimo sacramento después de haberme postrado, para dejarlo pasar. ¡Qué feliz sería si con todos esos actos de adoración pudiera enseñar a mi pueblo cómo rendir homenaje a Jesucristo, quien les ha redimido! Querría en su divina presencia realzar la gloria que le es debida y hacer que se le honre como es preciso. Este es el deseo más ferviente de mi corazón y jamás dejo pasar la ocasión para inculcar estos principios, tanto con mis palabras como con mis acciones.

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 10, 1839, EO XX

Es una cuestión de compartir con los demás lo que Dios realiza en nuestros corazones y vidas

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PIDIENDO EN ESPECIAL POR EL PUEBLO QUE LE RODEA Y POR TODOS A QUIENES REPRESENTA

Eugenio escribe consciente de la importancia del obispo como primer pastor de una diócesis y al reflexionar sobre la práctica de rezar con su pueblo como Obispo:

Es hermoso a los ojos de la religión ver al primer pastor trasladarse a cada parte de su pueblo para implorar la misericordia de Dios y dar ejemplo de lo que han de cumplir con Jesucristo al mostrarse a su pueblo para recibir su adoración y escuchar sus plegarias.

Encontramos la siguiente oración en su diario: “el obispo, ante quien toda la gente debe inclinarse respetuosamente” y puede sorprendernos actualmente, pero debemos recordar que Eugenio se refiere al papel del obispo, a quien se veía como el representante de Jesucristo en la diócesis y sucesor de los apóstoles.

El obispo, ante quien toda la gente debe inclinarse respetuosamente, viene a postrarse ante el Soberano de todas las cosas, ofreciéndole incienso en señal de adoración y se presenta ante Él con la actitud más humilde, pidiendo en especial por el pueblo que le rodea y por todos a quienes representa; a la señal del canónigo asistente, se postra de nuevo, y con el corazón lleno de una dicha que no se puede expresar, se retira solemnemente…

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 7, 1839, EO XX

 

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HE EXPERIMENTADO EN ESTE ACTO DE RELIGIÓN UN CON SUELO Y UNA DICHA QUE SOLO DIOS PUEDE PRODIGAR

El Obispo Eugenio había instituido que se expusiera el Santísimo Sacramento en todas las parroquias de su diócesis y ahora decidía unirse personalmente a esta práctica.

       Hace algunos días Dios me inspiró en la acción de gracias de la misa a rendir a Nuestro Señor Jesucristo un homenaje solemne durante la exposición del Santísimo Sacramento que se hace en todas las parroquias el jueves, el domingo, el lunes y martes de carnaval.

El unirse con su pueblo en este acto de oración común, u oraison, significaba un tiempo de oración personal.  Encuentro en ello una invitación a todos nosotros para pedir con y por quienes están en nuestras vidas.

Desde hoy cumplo con ese deber y agradezco mil veces al Señor el haberme dado esta buena idea, pues he experimentado en este acto de religión un consuelo y una dicha que solo Dios puede prodigar.

Al final del día y en su Diario, expresó lo que sintió al estar en oración ante la Eucaristía:

¡Qué más se puede pedir al estar al pie del trono de la misericordia, cuando uno adora, ama y ve a Jesús, nuestro maestro, nuestro padre, el Salvador de nuestras almas, cuando uno le habla y él responde con la abundancia de su consuelo y de su gracia! ¡Oh, qué rápida pasa esa media hora y qué forma de emplearla!

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 7, 1839, EO XX

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