UNA PEQUEÑA PAUSA

UNA PEQUEÑA PAUSA POR ALGUNAS SEMANAS

 

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ESPERAR SIN IMPACIENCIA NI PREOCUPACIÓN A QUE DIOS MANIFIESTE SUS DESIGNIOS

Eugenio había aprendido a ser paciente y no apresurarse en cuanto a las aventuras misioneras. El año anterior, 1829, había ido al reino de Cerdeña para analizar un establecimiento en el lugar, pero su prisa había sido infructuoso, sin lograr ningún resultado. Ahora tomaba el enviar misioneros a Argelia mucho más serenamente, confiando en un discernimiento más prolongado en oración.

… En este momento, he decidido no apresurar nunca el momento de la Providencia y dejarme guiar por ella hacia el futuro poco a poco, después de haberla dejado hablar dos veces, por temor a no comprender bien sus adorables designios

Carta al Obispo Billiet, Junio 7, 1830, EO XIII núm. 74

Tal fue el consejo dado a dos de las comunidades Oblatas que lo presionaban para enviar Oblatos a la recién abierta oportunidad de evangelización en Argelia.

… Veo en la misiva de Honorat que se ocupan demasiado de Argelia. Diga a las dos casas que ya basta. Ya veremos cuando llegue el momento, si es que llega. Par ahora, que cada cual se ocupe de su tarea, se prepare por el estudio y la piedad para cualquier eventualidad y que espere sin impaciencia ni preocupación a que Dios manifieste sus designios.

Carta a Henri Tempier,  Agosto 1°, 1830, EO VII núm. 351

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SOLICITUD DE TRABAJADORES DE LA VIÑA PARA DIFUNDIR LA FE EN LA TIERRA CONQUISTADA

En esa ocasión, el Obispo de Marsella probó ser mucho más entusiasta que su sobrino. De hecho, el 11 de julio y sin consulta previa con el Fundador,  Fortuné propuso en una carta al Grand Aumonier, que los Oblatos de María Inmaculada fueran enviados a Argelia. Ellos, escribió

Me han rogado encarecidamente solicitar a Su Eminencia el favor de estar entre los trabajadores de la viña que vayan a difundir  la fe en la tierra conquistada. Ninguna comunidad podría ser más adecuada para realizar esta gran tarea.  Nuestros tratos constantes con Argelia, la facilidad con la que se puede aprender el árabe en Marsella e incluso hablar con los originarios de ese país debido al gran número de levantinos que viven en nuestra ciudad, contribuyen aún más a la esperanza de que los Oblatos sean asignados a esta sagrada empresa.”

Al día siguiente, prácticamente con las mismas palabras, el Obispo Fortuné envió la misma solicitud al Príncipe de Polignac [ed. Era el primer ministro y ministro del extranjero de Francia]. El 15 de julio, ordenó se cantara en la Catedral un Te Deum solemne de agradecimiento el siguiente domingo.

Leflon 2 pág. 332

La revolución en París, que comenzó un par de semanas después, terminó con los planes de los misioneros. Habrían de transcurrir diecinueve años para que los Oblatos fueran como misioneros a Argelia en 1849.

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EL DESEO DE SER LOS PRIMEROS EN TENER LA DICHA DE LLEVAR LA LUZ DEL EVANGELIO A ESOS POBRES

Los Misioneros Oblatos mismos buscaban ansiosamente “el favor de ir al extranjero y ser los primeros de nuestros Padres en tener la dicha de llevar la luz del Evangelio a estos pobres.”  Incluso Tempier se hizo voluntario para ir a la vanguardia. (Leflon 2, pág. 332).  El Hermano escolástico Ricard escribió a Eugenio:

…al saber de la captura de Argelia, no se podían contener las lágrimas; en cuanto a mí, le aseguro que desde que me enteré de las buenas noticias, no tengo descanso ….  Justo al inicio de esta guerra, usted dejó muy en claro que si fuera posible, establecería una misión en esos lugares infieles; un sorpresivo éxito ha coronado los esfuerzos de nuestras tropas y sin dudar ver la pronta realización de sus planes, no he podido esperar su regreso para solicitarle el gran favor de cruzar el océano...” (Carta de Pascal Ricard a Eugenio, Julio de 1830, en Rey I, pág. 486). Eugenio respondió a través del P. Tempier:

Le ruego diga al H. Ricard que su carta me causó la mayor alegría; que se quede tranquilo aguardando el momento de Dios. El Señor nos manifestará su voluntad cuando le plazca y procuraremos seguir sus designios, aunque me preocupa no ser suficientes al pensar en una colonia.

Carta a Henri Tempier, Julio 15, 1830, EO VII núm. 348

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ALEGRÍA AL VER LA POSIBILIDAD PARA LOS MISIONEROS

Al recibir las noticias de la toma de Argelia el 9 de julio, el delirio público llegó al máximo… El entusiasmo general tomó incluso el palacio del obispo. En una carta al Padre de Mazenod, Tempier le informa:

A las dos de la tarde repicaron las campanas de la iglesia por orden de Su Excelencia, el Obispo. El general ordenó un saludo de veinticinco cañonazos.  La ciudad se llenó de banderas en forma espontánea. Por la tarde, Marsella se encontraba iluminada. Todos, excepto los liberales, se abrazaban unos a otros en las calles. Con cañonazos como fondo, el obispo elaboró una carta pastoral; extrañó enormemente su presencia.   Padre Tempier al Padre de Mazenod (Julio 10 u 11, 1830). Cita en Rey, I, 486.

Leflon 2, pp. 331- 332

Recibí las espléndidas noticias de Argelia de usted. Leí su carta bajo un árbol en Rambaud; emocionado de agradecimiento a Dios, estaba loco de alegría.
… Admiro la prontitud de las decisiones de nuestro muy amado obispo; siempre es el primero en actuar como conviene.

Carta a Henri Tempier, Julio 15, 1830, EO VII núm. 348

Vemos la alegría de un misionero percibiendo la oportunidad de evangelizar el continente africano.

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LA INVASIÓN DE ARGELIA:  PRIMEROS EN LLEVARLES EL CONOCIMIENTO DE JESUCRISTO

Las siguientes reflexiones se refieren a la conquista de Argelia por parte de los franceses en 1830. Es necesario ver estos eventos a través de los ojos de Eugenio hace casi dos siglos y no juzgar sus reacciones de acuerdo a nuestros puntos de vista teológicos y políticos actuales, como si ocurrieran en 2017.  En 1830 se encontraban en la cima del movimiento de expansión colonial, que la Iglesia vio como una oportunidad para quienes nunca habían oído hablar de Jesucristo y para quienes por ende, no existía la posibilidad de salvación (“extra ecclesiam nulla salus”).

Por motivos fuera del ámbito de esta reflexión, Francia invadió Argelia en julio de 1830. Leflon nos da el antecedente de su importancia en Marsella, donde Eugenio era Vicario General de su tío, el Obispo Fortuné.

Mientras que en todos lados los liberales llevaban a cabo una violenta campaña en contra de la acción militar realizada por el gobierno el 31 de enero de 1830, los del gran puerto Mediterráneo la aprobaban de forma entusiasta…  A futuro aseguraría un medio para compensar las desilusiones encontradas en el Medio Oriente y en el presente traería ganancias al aprovisionar y transportar a las tropas. De hecho, debido a ello, Marsella tuvo  un incremento providencial en los negocios, que le salvó de la depresión a nivel nacional…  Lo que explica la eufórica recepción a las tropas que se embarcaban.” (Leflon 2,  pág.  331)

Beaudoin muestra la reacción de los misioneros, quienes vieron la oportunidad de evangelizar en territorio no-cristiano:

El padre de Mazenod y los Oblatos, de acuerdo con la opinión francesa y sobre todo marsellesa, reaccionaron favorablemente a este acontecimiento. Ya el 27 de abril de 1830, Eugenio de Mazenod, a nombre de su tío Fortuné, había publicado una carta pastoral  en la cual pedía “oraciones  públicas por el éxito de la guerra en África”. Decía, entre otras cosas: “Nos felicitamos  de ver a varios de nuestros sacerdotes […] solicitar  ser los primeros en  llevar  el conocimiento de Jesucristo, para formar una cristiandad que desean fervientemente fecundar con su sudor y su sangre.” http://www.omiworld.org/es/dictionary/diccionario-hist-rico_vol-1_a/2181/argelia/

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DESAFIANDO LA INTERFERENCIA DEL ESTADO EN LA LIBERTAD DE LA IGLESIA

Al convertirse en Papa en marzo de 1829, Pío VIII dirigió una carta pastoral a todos los obispos del mundo. El Ministro de Asuntos Eclesiásticos en Francia, el Obispo Feutrier, había prohibido a los obispos de Francia publicarla hasta que el gobierno lo autorizara. Eugenio, quien entonces convalecía en Grans, escribió a su tío en Marsella sobre su respuesta a otro ataque a la libertad de la Iglesia.

Desearía saber si estás dispuesto a cumplir con la absurda directriz del Ministerio. Asumiendo que la carta encíclica del Papa no fuera impresa, no puedo creer que alguien pueda ser forzado a permanecer en silencio, cuando el Pastor Supremo, ejerciendo su prerrogativa como maestro de la Iglesia, instruye a los obispos protestar en contra de ciertos desórdenes que ha denunciado.  Por el contrario, opino que el rebaño debe recibir el alimento, tal como se ha recibido del pastor.

Carta al Obispo Fortuné de Mazenod, Agosto  9, 1829, citada en Leflon 2 pág. 324

Compartió con el P. Tempier el borrador de la carta que había escrito al Ministro, a nombre del Obispo Fortuné:

“Señor, no solo tengo conocimiento de la encíclica de nuestro santo Padre, el Papa Pío VIII, sino que ésta me ha sido enviada directamente, como a todos los obispos del mundo católico, pues gracias a Dios estoy en comunión con la Santa Sede Apostólica”. Analizaré si el proyecto de dicha carta, tal como lo he concebido, debe ser depositado en el registro del obispado como testimonio de fe y para conocimiento de sus sucesores, pues me proponía decir al ministro, que obedeciendo a la voz del superior de los obispos, prevendría  a mi pueblo conforme a sus instrucciones, sobre  todos los puntos que su solicitud marcara como peligros para las almas.

Carta a Henri Tempier, Agosto 16, 1829, EO VII núm. 336.

Puesto que el Estado y la Iglesia se encontraban en un conflicto que se acrecentaba constantemente y que duraría varios años, veremos que Eugenio no podía permanecer inactivo, a pesar de un alto costo para él.

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LA NECESIDAD DE IMITAR A LOS APÓSTOLES EN SU ABNEGACIÓN

La lucha inicial en contra de los liberales, fue defender la libertad de educación, en la que  Eugenio declaró:

…me siento como un león que experimenta todo su vigor, su fuerza y su bravura …

Carta a Henri Tempier, Junio 24, 1828, EO VII núm. 304

Eugenio sabía que este era solo el primer paso de los ataques a la Iglesia francesa, por lo que era esencial tener gente bien preparada para sortearlos. En cuanto a los Oblatos, había previsto la necesidad de contar con hombres de formación firme, cuyo compromiso hacia Jesucristo les aportara la visión y fortaleza para ser como leones por los valores de Dios y la Iglesia.  Era esencial una formación Oblata firme:

Tenemos un noviciado muy severo. Si los individuos no son considerados aptos para las virtudes religiosas, se les despide sin más, logrando que el pequeño número de los que perseveran tengan una vocación verdadera.
Si la ira de Dios nos reservara nuevas persecuciones, pienso que quienes se hayan preparado en lo recóndito de la casa de Dios y hayan imitado a los Apóstoles en su abnegación, no serán los menos fieles y nos consolarán de la defección que habrá que esperar de muchos.

Carta al Obispo Miollis de Digne, Marzo 10, 1828, EO XIII núm. 65

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SEGÚN MIS CONVICCIONES, ES A LOS VERDUGOS Y NO A LAS VÍCTIMAS, A QUIENES DEBEN CASTIGARSE

Yvon Beaudoin nos da un ejemplo de los efectos del movimiento liberal en Aix, en un sacerdote Oblato, André Valentin:

En la lucha por la libertad de enseñanza en 1828, los universitarios hicieron una manifestación contra los Jesuitas. Una noche, el padre André volvía de su servicio en el hospital, cuando se encontró con un grupo de manifestantes que gritaron: “A la horca los misioneros, etc.” Comentó lo que vio y oyó al padre Bicheron, quien escribió un artículo en el diario conservador La Quotidienne.  El prefecto de Bouches du Rhône escribió al padre de Mazenod para pedirle enviara al padre André a otro lugar. El Fundador confirmó que el relato del padre era fundamentado y que seguiría siendo capellán de la cárcel: “Según mis convicciones, escribe, el 21 de julio de 1828, es a los verdugos y no a las víctimas, a quienes debe castigarse.” 

http://www.omiworld.org/es/dictionary/diccionario-hist-rico_vol-1_a/2180/andr-daniel-valentin/

Eugenio continuó su defensa del P. André , respondiendo al Prefecto:

Dudar  de su palabra, bajo pretexto de que es temeroso, no es más razonable que afirmar… que la ciudad de Aix se encontraba en completa insurrección cuando algunos pícaros hicieron alboroto al salir de la taberna.  Exigir sea disciplinado cuando fue insultado al volver de un lecho de muerte, es, Monsieur, una atrocidad infinitamente más indignante que los insultos mismos. Así, que estimado Conde, respondo con mi bien conocida franqueza, que si el Padre André perteneciera a la diócesis donde cuento con alguna jurisdicción, no solo no pensaría que debiera ser asignado a otro lugar, sino que haría todo lo que estuviera en mi poder, para ver que se reparara la vergüenza de que fue objeto; según mis convicciones, es a los verdugos y no a las víctimas, a quienes debe castigarse.

Impresionado sin duda por el comentario, el prefecto se disculpó por haber hablado a nombre del alcalde de Aix, retirándose apresuradamente: “Puesto que considera que el sacerdote debe permanecer donde se encuentra, me atendré a su prudente decisión.”

Esta victoria seguramente debe hacer confirmado la convicción que el Fundador y su tío tanto habían expresado; se gana cada vez que se rehúsa a hacer la mínima concesión.

Leflon 2 pág. 303

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NO BASTA CON GEMIR, HABRÍA QUE HACER RESONAR POR TODA LA TIERRA EL GRITO DE LAS MÁS FUERTES PROTESTAS

En vista de las leyes de 1828 que afectaban el papel de la Iglesia en la educación cristiana, prohibía a los religiosos enseñar, impedía los seminarios menores y expulsaban a los Jesuitas, Eugenio fue llevado a la acción.

La ordenanza que, expulsando a los jesuitas, priva a todas las familias cristianas del reino, del único medio que les quedaba para educar a sus hijos en los principios de nuestra religión y preservar sus costumbres del terrible contagio que propagan los colegios de la Universidad, es un crimen público que cuenta como cómplices a quienes  la aprueben.

Para empeorar todo, fue un Obispo católico en el gobierno quien había publicado todas esas leyes:

El escándalo de ver a un obispo refrendar esa ordenanza y provocarla con un informe indignante, es también un atentado que tampoco será fácil reparar. ¿Cómo expresar el dolor que siento a la vista de tan graves desórdenes? Lo comprende usted que comparte tan bien mis sentimientos. No basta con gemir; habría que hacer resonar por toda la tierra el grito de las más fuertes protestas…

Carta a Henri Tempier, Junio 24, 1828, EO VII núm. 304

En Marsella, Eugenio respondía con y a través de su tío, el Obispo Fortuné. Sin embargo, en Aix, donde los Oblatos tenían influencia, Eugenio respondió como Superior General en apoyo a los Jesuitas, a través de muchos actos públicos.

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