LLORO A UN HERMANO TAN PRECIOSO PARA NUESTRA SOCIEDAD

Lloro a un hermano tan precioso para nuestra Sociedad, a la que tanto quiso, pero desapruebo en cierto modo mis lágrimas, como si me atreviera a lamentar su felicidad. Será nuestro protector ante Dios.

Eugenio, como hombre y padre de la familia Oblata, expresa el dolor que siente por la muerte de Jacques Marcou.

Resignémonos. Nuestro Padre en el cielo conoce nuestras necesidades y Él  proveerá; con todo, mi corazón sufre mucho. No tengo suficiente virtud para sobreponerme por completo a la naturaleza en el amor que siento por mis queridos hijos, a quienes quiero tanto y lo merecen.

Carta a Jean Baptiste Honorat, Agosto 21, 1826, EO VII núm. 251

 

“Aún extraño a mis seres queridos que no están ya conmigo, pero estoy agradecida de haberlos amado. La gratitud ha conquistado a la pérdida al final.”   Rita Mae Brown

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EL TRÁNSITO DE UN ALMA PURA QUE VA A UNIRSE A SU DIOS POR TODA LA ETERNIDAD

Eugenio escribe al P. Honorat,  en Notre Dame du Laus, para anunciarle la muerte del Oblato de 26 años, Jacques Marcou.

Dios acaba de llevarse, mi muy querido Padre, a uno de nuestros más santos misioneros. Fue ayer a las cuatro de la tarde cuando nuestro bienaventurado hermano, fue a tomar posesión de la gloria que nuestro divino Maestro prometió al servidor fiel que muere en la paz del Señor.
Hubiera querido que todos los miembros de nuestra Sociedad estuviesen presentes para ese tránsito de un alma pura que va a unirse a su Dios por toda la eternidad. ¡Qué santa muerte! Estuvo consciente hasta el último suspiro, precedido por estas conmovedoras palabras: ¡Hermoso cielo!, pronunciadas con la mayor dulzura y una sonrisa celestial. No dudo que este santo religioso, querido y muy amado hijo, haya visto en ese momento el lugar que iba a ocupar a los pies de nuestra buena Madre que le asistió de modo especial; por eso, con qué tierna devoción llevó a sus labios y su corazón la imagen que le presenté cinco minutos antes expirar. Fue librado milagrosamente de toda angustia y temor. Claramente el cielo le estaba asegurado. Estaba seguro de ir ahí por la protección de nuestra Madre y la mediación de nuestro divino Maestro

Carta a Jean Baptiste Honorat,  Agosto 21, 1826, EO VII núm. 251

 

“Es tonto y errado llorar a los hombres que mueren. En vez de ello, debemos agradecer a Dios  que hayan vivido.”      George S. Patton

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VIVIMOS Y MORIMOS EN LA CONGREGACIÓN QUE ACEPTÓ NUESTRO COMPROMISO

El Obispo Arbaud de Gap no estaba contento con que los hombres de su diócesis se unieran a los Oblatos y creía que aún tenía el poder de dispensarlos de los votos, queriéndolos de vuelta en su diócesis. No había comprendido los principios básicos de la vida religiosa, por lo que Eugenio le aclara la situación.

… Nuestros votos son tan perpetuos como los votos más solemnes del mundo. Cuando hicimos el juramento de perseverancia, nuestra voluntad era obligarnos a vivir y morir en la Congregación que aceptó nuestro compromiso. No le corresponde al individuo actuar con cálculos y por capricho, y menos aún prever  un posible caso de dispensa. No sería admisible antes de la profesión; es absolutamente imposible después (“esto es anticanónico”, dice el Romano Pontífice al respecto)
La dispensa es considerada en nuestra Sociedad como una desgracia tan grande, que se creería no habrá nunca otro ejemplo igual, ahora que estamos aprobados por la Iglesia y colocados en la misma línea que los Lazaristas, Pasionistas y Redentoristas…

Carta al Obispo Arbaud de Gap, Agosto 13, 1826, EO XIII núm. 59

 

“Cuando te encuentras rodeado de gente que comparte un compromiso apasionado por un propósito común, cualquier cosa es posible.”   Howard Schultz

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EL HIJO Y SU MADRE

Como todas, la madre de Eugenio se preocupaba por él. En esta carta a su madre, Eugenio responde y se refiere a una situación específica en la que ella ayudaba a un Oblato. Era generosa al utilizar su tiempo, consejo y considerable fortuna en ayuda de la familia de Oblatos de su hijo,  que se habían convertido en parte de su familia extendida.

Una palabrita, mi querida mamá, le agradará; la escribo de prisa, pero es para pedir noticias suyas, pues está resfriada y sale de madrugada. Cuídese un poco más. No se preocupe por mí; estoy muy bien. Sigo puntualmente su consejo sobre el P. Moreau, pero no somos muy solventes para  proporcionar abundantemente lo que cada uno necesita. ¿Qué le digo? Hacen profesión de pobreza; sabrán contentarse con poco.

En una nota al pie de esta carta, Yvon Beaudoin explica: “Varios Padres estuvieron enfermos de 1826 a 1829. No sabemos si la cuestión era cuidar al P. Moreau o  comprarle ropa. En esa época estaba terminando un largo noviciado y había pasado el otoño predicando en Cadennes, con el P. Mie. Durante la crisis de 1823, el Padre Moreau salió de la Congregación por varios meses… Tenemos su fórmula de oblación del 13 de julio de 1826, aunque había realizado los votos por primera vez el 1° de noviembre de 1818.”

Una nota personal indica que Madame de Mazenod estaba viviendo en su casa de Aix en Rue Papassaudi, con la hermana de Eugenio, Eugenie y sus hijos, quien normalmente pasaba el verano en la casa Boisgelin en St-Martin des-Pallières, por lo que Eugenio invitó a su madre a pasar algún tiempo con él en Marsella.

Ahora que está sola en la casa, podría venir aquí para distraerse; nos veríamos por lo menos a la hora de las comidas. Pida al P. Courtés su reliquia, que he dejado en la estantería de la biblioteca de mi habitación.
Adiós, querida mamá. La abrazo muy tiernamente.
Eugenio.

Carta a su madre, Julio 22, 1826, EO XIII núm. 58

 

“El estado natural de la maternidad es la falta de egoísmo. Al convertirte en madre, ya no eres el centro de tu universo. Renuncias a él por tus hijos.”     Jessica Lange

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SI EN LUGAR DE ESE ALARDE, SE HUBIERAN EVANGELIZADO LAS POBRES ALMAS ABANDONADAS

Habiendo concluido la visita a Roma y teniendo la aprobación formal para la Congregación Oblata, Eugenio se reinstaló en sus ocupaciones habituales en Marsella – como Vicario General de la diócesis y como Superior General de los Oblatos. Para nuestro infortunio, no existen muchas cartas de este período. Su confidente, Henri Tempier, también vivía en Marsella, por lo que no hay correspondencia entre ellos.

A finales del Capítulo General en julio de 1826, había 22 Oblatos con votos y con ellos continuaron las misiones bajo la dirección de Eugenio. Durante la estancia de Eugenio en Roma, los Oblatos se habían extenuado predicando el jubileo en Aix. Ya hemos visto alguna correspondencia en torno al tema (cf.  http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=2172 por ejemplo). Eugenio recapacita ahora sobre la tontería de esta energía que podría haberse utilizado para beneficio de las aldeas pobres, en vez de la ciudad.

… Lamento mucho que se haya dado tanta importancia a predicar el jubileo de Aix. Si en lugar de ese alarde, se hubiesen evangelizado las pobres almas abandonadas, Dios habría sido glorificado y habríamos sido colmados de bendiciones y consuelos, en vez de las penas que hemos experimentado. Por ello, no estoy tentado a aceptar que se vuelva a empezar. Que digan lo que quieran, me río de ello, y les invito a reírse como yo. Además no estamos en condiciones de dar una misión en Saint-Rémy; los pueblos pequeños no nos faltarán.

Carta a Hippolyte Courtès, Julio 22, 1826, EO VII núm. 250

 

“Oh, cómo me gustaría una Iglesia pobre, y para los pobres.”   Papa Francisco

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EL CAPÍTULO GENERAL DE 1826: EL FELIZ INICIO DE UNA NUEVA ERA PARA LOS OBLATOS

Al concluir el Capítulo, todos renovaron sus votos y escucharon el exhorto final del  Fundador:

“Este es el felíz inicio de una nueva era para la Sociedad. Dios ha ratificado los planes que esbozamos para su gloria…”

PIELORZ, J., Les Chapitres généraux I, p. 76.

Rey registra las Actas del Capítulo General:

Finalmente, la sesión de clausura tuvo lugar la mañana del 13 de julio. Todos los Padres Capitulares se reunieron en la capilla de la casa del Calvario, donde se reunían los demás miembros de la Congregación, sacerdotes y novicios Oblatos. Después de recitar las oraciones, el Muy Reverendo Superior General celebró la Misa del Espíritu Santo, con el Sagrado Sacramento expuesto. Dió a todos sus hijos un discurso muy conmovedor sobre la excelencia de su vocación y luego pronunció la fórmula de los votos en latín, como había sido aprobada en Roma. Fue escrita y él la firmo, colocándola en el altar. Todos los profesos llegaron en forma sucesiva a repetir la misma fórmula, también escrita y firmada por ellos, colocándolas después en las manos del  Superior General, quien las colocó con la de él. Una vez que terminó la renovación de votos, entonaron el Te Deum como acción de gracias y concluyeron la oración con la bendición solemne del Santísimo Sacramento.

Al salir de la capilla, los miembros del capítulo fueron al salón capitular, donde todos los Oblatos y novicios fueron admitidos. Ahí, después de un nuevo exhorto, los Padres Capitulares solicitaron al Muy  Reverendo Superior General, permitir que todos los miembros de la Sociedad se arrodillaran a sus pies para realizar el acto de obediencia prescrito por la Regla, cuando el Superior General acaba de ser elegido. “El humilde Superior accedió con dificultad a la solicitud,” dicen las Actas del Capítulo, “después de besar de rodillas el crucifijo que se encontraba en su escritorio. Acto seguido dio la bendición papal.” (Rey I pág. 397: Actas del Capítulo General de 1826.)

El Capítulo General también decidió que de ahí en adelante, el aniversario de la aprobación de las Constituciones y Reglas, sería celebrado en forma solemne el 17 de febrero.

También decidieron que al final de su retiro anual, todos los Oblatos renovarían siempre sus votos.

 

“Desarrolla una actitud de gratitud y agradece todo lo que te sucede, sabiendo que cada paso adelante es un paso más para lograr algo mayor y mejor que tu situación actual.”   Brian Tracy

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EL CAPÍTULO GENERAL DE 1826: RATIFICANDO TODO LO LOGRADO EN ROMA

El día diez del mismo mes, a las 9 pm, se reunió el cuarto capítulo general en Marsella, en la Casa del Calvario, para promulgar las cartas apostólicas aprobando las constituciones y el establecimiento canónico de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada.

Se inauguró en Marsella, en la capilla de la casa del Calvario, el 11 de julio de 1826, a las cinco de la tarde.

El Santísimo Sacramento fue expuesto solemnemente; cantaron “Veni Creator” y “Sub tuum”, en forma solemne. Después los Padres Capitulares fueron en procesión al salón de la Comunidad; eran doce …

El Muy Reverendo Padre Superior General inició presentando a los capitulares la copia de las Constituciones aprobadas por el Soberano Pontífice, el Papa León XII.  Después leyó la aprobación; a continuación, con voz temblorosa, exhortó a todos los miembros de la Sociedad a prometer observar en forma infalible la Regla,  aprobada por la Iglesia e impuesta a nosotros por Dios mismo, dijo.

Los Padres en el Capítulo, igual de conmovidos, respondieron con voz mezclada con lágrimas, que prometían hacerlo.

Entonces pidieron al Muy Reverendo Superior General escribir, a nombre de toda la Sociedad, una carta a Su Santidad, para expresar la gratitud de la Congregación, asegurándole de su firme resolución de ser fieles a las Reglas que había aceptado aprobar.

Rey I, pág. 396

 

“Al expresar nuestra gratitud, no debemos olvidar nunca que el mayor agradecimiento no es pronunciar palabras, sino vivir de acuerdo a ellas.”    John F. Kennedy

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EL CAPÍTULO DE 1826: SIN DUDA LA EXISTENCIA Y APROBACIÓN DE LOS OBLATOS FUE OBRA DE DIOS

A su regreso de Marsella, Eugenio convocó a un Capítulo General Extraordinario del 10-13 de julio de 1826. En su discurso inaugural, recordó los eventos que llevaron a la aprobación papal y se explayó en su significado. Al igual que siempre había tenido la profunda convicción de que su vocación provino directamente de Dios, así también la existencia de los Oblatos. Su existencia y aprobación fue la obra de Dios. Después de este evento consideraba que la Regla no era el trabajo de un autor humano, sino propio de Dios que había inspirado al Papa para darles el carácter de la autoridad divina. A continuación encontraremos las minutas de las actas:

“Nos aseguró que no veía en nada al hombre y que estaba tan persuadido de que habían sido inspirados por el Cielo, que le era imposible reconocerse como algo más que el instrumento de la Divina Providencia.”

PIELORZ, J., Les Chapitres généraux I, p. 57-58.

 

Los medios extraordinarios que tuvieron lugar en Roma, en un clima en el que no se aprobaban nuevas fundaciones, fue una mayor confirmación de la providencia de Dios.

 

“Las mejores y más hermosas cosas del mundo no se pueden tocar ni ver – deben sentirse con el corazón.”   Helen Keller

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CONCLUYENDO EL VIAJE

Anteriormente Eugenio había comentado sus planes de completar el asunto con el Sr.  Favre en Chambery.

Mi proyecto es volver por Grenoble y llegar a Gap, donde veré a Monseñor, y luego visitaré nuestra casa de Laus.

Carta a Henri Tempier, Mayo 30, 1826, EO VII núm. 246

Ardo en deseos de volver con la familia; un día de retraso me pesa hasta el punto en que, Dios me perdone, dudé en ir a Annecy; pero no subiré a la gran Cartuja, aunque ese viaje solo debiera tomarme un día. Dios quiera que encuentre coche para mañana; estoy indeciso porque me piden 12 francos, mientras que el lunes serían 4 francos. El espíritu de pobreza lucha con todos mis otros sentimientos. ¡Qué largo me va a parecer el día, si espero al lunes!
Adiós, querido Padre y amigo, le abrazo a usted, a todos nuestros Padres y a toda la familia.

Carta a Henri Tempier, Junio 10, 1826, EO VII núm. 248

Sus planes fueron acortados, según nos comenta Yvon Beaudoin, en una nota al pie en su carta: “A su regreso de Chambéry, el Fundador recibió una carta del P. Tempier informándole de la enfermedad del P. Suzanne, que se encontraba con violentos vómitos de sangre. El P. de Mazenod “lleno de malos presentimientos” renunció a su viaje proyectado a Annecy, volviendo de inmediato a Aix, sin detenerse en Gap ni en Notre Dame du Laus. Cf.: REY, I, 394”

Así termina la narración del importante viaje de Eugenio a Roma.

 

“En una historia, como en la vida: no importa cuán larga sea, sino qué tan buena es.”   Lucius Annaeus Séneca

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CUANDO HEMOS EMPLEADO TODOS LOS MEDIOS HUMANOS A NUESTRO ALCANCE, DEBEMOS ESTAR EN PAZ Y NO INQUIETARNOS POR NADA

Según vimos antes, Eugenio no entendía algunos de los métodos del grupo misionero del Sr. Favre, pero permanecía abierto a colaborar con la voluntad de Dios, cuando fuera necesario.

Deseo compartir con usted mis observaciones antes de la última conversación que tuve con el Sr. Favre. Leyó todo, lo consideró ante Dios, y cree que nuestra obra viene de Dios. Por lo tanto, está decidido a unírsenos. Se formará un establecimiento en Chambéry, donde habrá una casa para unas cincuenta personas. Está seguro de contar con el apoyo del Sr. Arzobispo. Este asunto deberá tratarse durante las vacaciones; me escribirá antes, y no nos faltarán miembros. ¿Considero el asunto concluido? No lo aseguraría. Juzgaremos por los efectos.

Eugenio entonces repite su convicción probada de cooperar con la voluntad de Dios

Mientras tanto, he hecho todo lo que debo, Dios hará lo demás. Vivimos solo por él; solo buscamos la gloria de su santo nombre y la salvación de las almas que él rescató. Cuando hemos empleado todos los medios humanos a nuestro alcance, debemos estar en paz y no inquietamos por nada.

Carta a Henri Tempier, Junio 10, 1826, EO VII núm. 248

Por varias razones fuera del control de Eugenio, la unión planeada nunca se realizó.

 

“El discernimiento es el llamado de Dios a la intercesión, nunca a encontrar fallas.”    Corrie Ten Boom

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