BREAK DE VERANO

Debido a las actividades del final del año académico en Oblate School of Theology, y de las vacaciones de verano, este servicio se detendrá hasta el final de mayo.

Un recordatorio de que las 1577 entradas anteriores pueden consultarse en este sitio: http://www.eugenedemazenod.net/esp/

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Gracias por su apoyo.

Frank Santucci OMI

Cátedra Kusenberger de Estudios Oblatos
Oblate School of Theology San Antonio, Texas

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SAN EUGENIO Y LA RESURRECCIÓN: CON EL DESEO DE QUE LOS HOMBRES EN QUIENES CONTINÚA SU PASIÓN CONOZCAN TAMBIÉN LA FUERZA DE SU RESURRECCIÓN

A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).

CC&RR, Constitución 4

Desde su primera predicación, Eugenio invitaba constantemente a los pobres a comprender la invitación transformadora de la resurrección en sus vidas.

Venid ahora a aprender de nosotros lo que sois a los ojos de la fe.
Pobres de Jesucristo, afligidos, miserables, dolientes, enfermos, cubiertos de llagas, etc., vosotros todos a quienes la miseria abruma, mis hermanos, mis queridos hermanos, mis respetables hermanos, escuchadme.
Sois los hijos de Dios, los hermanos de Jesucristo, los herederos de su Reino eterno, la porción escogida de su heredad; sois, en frase de san Pedro, el pueblo santo, sois reyes, sois sacerdotes, sois en cierta manera dioses, vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo.
Levantad, pues, vuestro espíritu, que vuestras almas abatidas se dilaten, dejad de reptar por la tierra: vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo (Sal 81, 6)
Elevaos hacia el cielo donde debe estar vuestro pensamiento más  nuestra ciudadanía está en los cielos (Fil 3, 20); que vuestros ojos traspasen de una vez los harapos que os cubren; hay dentro de vosotros un alma inmortal hecha a imagen de Dios que está destinada a poseerlo un día, un alma rescatada al precio de la sangre de Cristo, más preciosa a los ojos de Dios que todas las riquezas de la tierra y que todos los reinos del mundo, un alma de la que él es más celoso que del gobierno del universo entero.
Cristianos, conoced vuestra dignidad, os diré con san León, partícipes de la naturaleza divina, etc.

Instrucciones familiares en provenzal, dadas en 1813 en la Magdalena, EO  XV n. 114

 

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EUGENIO Y LA RESURRECCIÓN: DESDE LA CRUZ A LA FUERZA DE LA RESURRECCIÓN

La experiencia del Viernes Santo de Eugene no le dejó al pie de la Cruz. El enfoque de su vida había cambiado, y se convirtió en una Pascua continua – respondiendo a la luz de Cristo Resucitado: “Yo estoy con vosotros siempre”.

Jamás mi alma quedó más satisfecha, jamás sintió más felicidad; y es que en medio de aquel torrente de lágrimas, a pesar de mi dolor, o más bien a través de mi dolor, mi alma se lanzaba hacia su fin, hacia Dios, su único bien, cuya pérdida sentía vivamente
¿Para qué decir más? ¿Podré expresar algún día lo que experimenté? El solo recuerdo me llena el corazón de dulce satisfacción. He buscado la felicidad lejos de Dios y no he encontrado más dolor y pesadumbre.
Feliz, mil veces feliz de que ese Padre bondadoso, a pesar de mi indignidad, me haya otorgado la inmensa riqueza de su misericordia.
Al menos compense el tiempo perdido redoblando mi amor por él. Que todas mis acciones, pensamientos, vayan dirigidas a este fin. ¡Qué ocupación más gloriosa que hacer todo y por todo únicamente por Dios, amarle sobre todas las cosas, y amarle más por cuanto he tardado en amarle. ¡Ah! esto es comenzar ya aquí, la vida bienaventurada del cielo. Esa es la verdadera forma de glorificarle como es Su deseo.

Diario de Retiro, Diciembre 1814, EO XV núm.130

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SAN EUGENIO Y LA RESURRECCIÓN: RECORRÍA EN ESPÍRITU LAS IGLESIAS DE TODA LA TIERRA, EN LAS QUE EN EL MISMO MOMENTO RESONABAN EN LAS BÓVEDAS LAS ALABANZAS AL SALVADOR RESUCITADO

Eugene continúa describiendo su alegre celebración de Pascua en el seminario:

Recorría en espíritu las iglesias de toda la tierra, en las que en el mismo momento resonaban en las bóvedas las alabanzas al Salvador resucitado.
Estaba en Aix, estaba en Roma, estaba en China, en todas partes hallaba la misma alegría por el mismo motivo. No contento con ese concierto de todos los cristianos dispersos por toda la tierra, me atreví a penetrar hasta en el cielo. Ah! me convencí muy pronto que todo cuanto me encantaba aquí abajo no era sino el débil eco de los cantos de alegría, de indecible felicidad que animaba a todos los bienaventurados en este día que ha hecho el Señor. Oh! qué grande es el corazón de un cristiano! cuantas cosas abarca a la vez!, parece en un primer momento que el menor consuelo lo llena y que por momentos se va a desbordar; en absoluto, es siempre capaz de contener más; en el colmo de la alegría, desea más todavía, pero esa insaciable sed solo quedará satisfecha en el cielo

Carta a su madre, 4 abril 1809, EO XIV n 50

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SAN EUGENIO Y LA RESURRECCIÓN: ENCONTRABA CON ACENTOS DE ALEGRÍA QUE RESONABAN EN MIS OÍDOS Y HASTA EL FONDO DE MI CORAZÓN

El día de Pascua estábamos en la iglesia a las 4 de la mañana para cantar Maitines, Laúdes y Prima. Después de Prima se cantó una primera Misa Mayor en la que comulgó el seminario…
 Volvimos a las 10,45 para la segunda Misa Mayor en la que fui de nuevo crucífero. La ceremonia acabó a la una y media. Las Vísperas empezaron a las cuatro, luego el sermón, luego la bendición, en resumen volvimos al seminario a las 8,30.
 Calculando todas esas horas son doce y algo más pasadas en la iglesia, pero es incalculable la dicha que he sentido durante ese tiempo que me ha parecido pasar como un minuto.
Gozaba en el soberbio Templo donde me encontraba con acentos de alegría que resonaban en mis oídos y hasta el fondo de mi corazón;

Carta a su madre, 4 abril 1809, EO XIV n 50

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SAN EUGENIO Y LA RESURRECCIÓN: CUANTO AGRADECIMIENTO DEBE LLENAR NUESTROS CORAZONES AL PENSAR QUE ESE BUEN MAESTRO HA QUERIDO HACERNOS PARTÍCIPES DE SU RESURRECCIÓN

Eugenio describe su alegría en su primera celebración de Pascua como seminarista en San Sulpicio.

Oh! qué encantadora solemnidad para los cristianos!  cómo se dilata el corazón! con qué alegría nos unimos a toda la Iglesia a la del cielo y a la de la tierra para celebrar la gloriosa Resurrección de Nuestro Salvador! Después de haberlo acompañado en las dolorosas circunstancias de su pasión, después de haber llorado sobre los tormentos que nuestros pecados le habían hecho sufrir, qué consolador es verle resucitar triunfador de la muerte y del infierno, y cuanto agradecimiento debe llenar nuestros corazones al pensar que ese buen Maestro ha querido hacernos partícipes de su resurrección destruyendo en nosotros el pecado y dándonos nueva vida. Hemos pasado ese día unas dos horas bien contadas en la iglesia, no me hubiese gustado me restaran un minuto. Me parecía estar en el cielo; cómo será la alegría y la felicidad que sentiremos en esa bienaventurada patria? Pero es una carta lo que estoy escribiendo, y no es un tema de meditación, por eso le hago gracia de mis reflexiones.

Carta a su madre, 4 abril 1809, EO XIV n 50

 

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LA SEMANA SANTA CON SAN EUGENIO: VIERNES SANTO – ¿PUEDO OLVIDAR LA VISTA DE LA CRUZ?

¿Puedo olvidar aquellas lágrimas amargas que la vista de la Cruz hizo brotar de mis ojos un Viernes Santo?

Diario de Retiro, Diciembre 1814, EO XV núm.130

“¿Puedo olvidar… que la vista de la cruz?” pregunta Eugenio?

Toda acción durante su vida, todas las ocasiones en que predicó el Evangelio, todas las veces que extendió sus manos a los pobres y más abandonados, era una proclamación de: “¡Nunca puedo olvidar la vista de la cruz!”

Es la única señal distintiva que dió a los Oblatos – bajo la cual todos los aspectos de nuestra vida se desarrollan: “¡Nunca olvidar la vista de la cruz!”

“A través de los ojos del Salvador Crucificado” es el único punto de vista que la familia  Mazenodiana es llamada a ver el mundo: “¡Nunca olvidar la vista de la cruz!”

Justo al final de su vida, el P. Tempier escribió a los Oblatos: “Es imposible describirles el ejemplo que dió, los sentimientos manifestados durante estos tres días [de preparación para el Sacramento de los enfermos]. Consideramos una gracia especial haber visto y escuchado lo que presenciamos. Gritó:

Estoy en la cruz y con gusto permanezco en ella y ofrezco mi sufrimiento a Dios por mis queridos Oblatos

Circular núm. 2  del 29 de Enero de 1861 en Escritos Oblatos II, vol. 2, núm. 116.

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LA SEMANA SANTA CON SAN EUGENIO: VIERNES SANTO – AQUEL MOMENTO EN EL QUE SUS OJOS SE CRUZARON CON LOS MÍOS, EL MOMENTO EN QUE ME HIZO SENTIR QUE ME AMABA

¿Puedo olvidar aquellas amargas lágrimas que la vista de la Cruz hizo brotar de mis ojos un Viernes Santo?

“¿Puedo olvidar… la vista de la Cruz?” pregunta Eugenio, y la paz que fluyó a su vida como resultado.

Jamás mi alma quedó más satisfecha, jamás sintió más felicidad; y es que en medio de aquel torrente de lágrimas, a pesar de mi dolor, o más bien a través de mi dolor, mi alma se lanzaba hacia su fin, hacia Dios, su único bien, cuya pérdida sentía vivamente

Diario de Retiro, Diciembre 1814, EO XV núm.130

La homilía del Papa Francisco en la ceremonia de la Vigilia de Pascua en 2014, se enfocó en el mensaje de Cristo Resucitado a los primeros testigos de la Resurrección: “Vuelvan a Galilea.” Galilea es donde todo comenzó para los discípulos, y ahora, después de la muerte y resurrección de Jesús, se les pide volver, aunque con una mirada diferente. El Papa Francisco lo presenta de esta forma: “Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la Victoria.” Describe lo que comprendió Eugenio el Viernes Santo, que el único enfoque para dar sentido a su vida debía ser la cruz y su victoria. El Papa Francisco nos recordó que cada uno de nosotros tiene su Galilea personal y así, en mi opinión, captura el significado de la experiencia de conversión de Eugenio y la invitación que representa para todos los miembros de la familia Mazenodiana:

“En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también otra «Galilea», una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y a participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió seguirlo; volver a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2014/documents/papa-francesco_20140419_omelia-veglia-pasquale.html

Para Eugenio, el Viernes Santo fue la culminación de un arduo trayecto de conversión – el momento en que comprendió que desde la cruz Jesús le miraba con misericordia y le pedía seguirlo. Se trató del momento en que los ojos del Salvador encontraron los de Eugenio, el momento en que hizo comprender a Eugenio Su amor por él. A partir de ese momento y hasta que sus ojos se abrieron a la vida eterna en 1861, sus ojos y amor nunca se separaron. Es por esto que comprendemos porqué la cruz Oblata se convirtió en el punto central de la vida y misión de Eugenio, y porqué es el único punto primordial que tiene sentido para los Oblatos y todos los que viven el carisma de Eugenio.

¿Puedo olvidar aquellas amargas lágrimas que la vista de la Cruz hizo brotar de mis ojos un Viernes Santo?

 

 

 

 

 

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LA SEMANA SANTA CON SAN EUGENIO: JUEVES SANTO – OBLACIÓN EL GOZO DE LA COMUNIÓN.

… Hicimos nuestros votos con indecible alegría. Saboreamos nuestra dicha durante toda esta hermosa noche en la presencia de nuestro Señor, al pie del trono magnífico donde lo habíamos puesto para la misa de los presantificados del día siguiente..

Rambert I, p. 187

Leyendo la descripción que hace Eugenio de la noche de sus primeros votos, uno es capaz de sentir la belleza del gesto de oblación y su importancia para él. Como habla del gozo y de las horas pasadas saboreando la profundidad del momento, una experiencia de intimidad con Jesús en su presencia Eucarística que el refiere en otros escritos.

Meditar sobre la celebración del primer Jueves Santo de los Misioneros me hace recordar la oración de Jesús en la última cena, donde invitó a los apóstoles a la comunión con su Padre: “Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos”. (Juan 17, 26). En el espíritu de la promesa de Jesús en el primer Jueves Santo en Jerusalén: “Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado” (Juan 16, 24), podemos entender algo de la plenitud de alegría experimentada en el Jueves Santo de 1816 en Aix, Provenza – y en nosotros hoy día.

 

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LA SEMANA SANTA CON SAN EUGENIO: JUEVES SANTO – LO QUE TÚ QUIERES ES LO QUE NOSOTROS QUEREMOS.

En resumidas cuentas, el P. Tempier y yo juzgamos que no había que aplazarlo más, y el jueves santo (11 de abril de 1816) recogidos los dos bajo el andamio del hermoso monumento que habíamos hecho en el altar mayor de la Iglesia de la misión, con un gozo indecible, hicimos los votos en la noche de ese santo día.
Hicimos nuestros votos con indecible alegría. Saboreamos nuestra dicha durante toda esta hermosa noche en la presencia de nuestro Señor, al pie del trono magnífico donde lo habíamos puesto para la misa de los presantificados del día siguiente…

Rambert I, p. 187

Eugenio y Henri Tempier, teniendo una misma mentalidad en cuanto a la necesidad un compromiso formal con Dios y con los demás por el bien de la misión, hicieron votos privados. Eugenio no nos habla del contenido preciso de estos votos, pero parece, por el contexto y los posteriores acontecimientos, que estaban centrados en la obediencia a Dios y cada uno al otro mutuamente, buscando el vivir cada día de la vida cotidiana en comunión con Dios.

La descripción del contexto que hace Eugenio es importante. Es un Martes Santo y durante el tiempo de oración ante el “Altar del Reposo” (donde la Eucaristía es reservada para la distribución en el oficio del Viernes Santo, que es conocido como la “Misa de la pre-santificación” en aquel tiempo). Este tiempo de reflexión rememora el tiempo que pasó Jesús en oración en el huerto de Getsemaní mientras, agobiado por los acontecimientos que estaban teniendo lugar, vivió en plena comunión con el Padre aquel momento. El “no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres” (Marcos 14, 36) de Jesús al Padre llega a ser el compromiso del “no lo que yo quiero, sino lo que tú quieras” de Eugenio y Henri Tempier al Padre y, consecuentemente, la clave para entender el sentido de oblación

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