LAS REFLEXIONES DIARIAS SE REANUDARÁN DE FORMA REGULAR EL 1 DE AGOSTO

El trabajo y las actividades relacionadas con el final del curso académico en la Escuela Oblata de Teología y en la Casa de Formación Borzaga han resultado ser más exigentes y requerir más tiempo del que había previsto.

Durante los próximos meses estaré fuera de San Antonio con una disponibilidad esporádica de Internet, por lo que he decidido que lo más sensato sería volver a publicar las reflexiones diarias al final del verano.

Gracias por vuestro interés y apoyo hasta ahora. Sólo estamos en 1844 en nuestro camino de exploración de los escritos de Eugenio y él murió en 1861, así que tenemos un largo viaje por delante juntos.

Frank Santucci OMI

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PAUSA DE UN PAR DE SEMANAS

He estado muy ocupado en la organización de la convocación OMI de EEUU, que terminó ayer con una hermosa celebración de la Familia Mazenodiana. Ahora han comenzado las actividades de fin de curso en Oblate School of Theology, así que empezaré a publicar de nuevo en cuanto termine la graduación.

Mientras tanto, hay 2564 artículos de reflexión en el sitio web: http://www.eugenedemazenod.net/esp/

Por favor, consulta algunas de ellas, utilizando el motor de búsqueda de la página de inicio: ¡hay mucho material de San Eugenio allí!

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PASCUA: ESCUCHAR EN SILENCIO PROVIENE DE Y VUELVE A UN PROFUNDO AMOR

Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Oyendo, pues, Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se la había quitado para poder trabajar), y se echó al mar. Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros, arrastrando la red llena de peces… (Juan 21:7-8)

En  Juan 21:1-14, vemos que los discípulos habían vuelto a su ocupación como pescadores y Jesús Resucitado se les apareció en medio de su actividad cotidiana. Al principio no lo reconocieron, pero el amor abrió sus ojos.
San Eugenio siempre amó a Jesús Resucitado, presente en su Palabra.  En 1837, antes de convertirse en Obispo de Marsella, recordó 55 años de escuchar con amor la Palabra de Dios:

Te doy gracias, Señor, por haber hecho brotar tanta luz de tus sagradas Escrituras.  Al indicarme el camino que debo seguir y dándome el deseo de hacerlo, me prodigarás la gran ayuda de tu gracia.

René Motte OMI, quien realizó un estudio del papel de las Escrituras en la vida de San Eugenio, nos aconseja cómo podemos cultivar la misma actitud de los discípulos en el tiempo de Jesús y de Eugenio, como su discípulo.  Las circunstancias actuales nos permiten pasar más tiempo con la Palabra de Dios en esta actitud de amor:

El silencio es necesario para escuchar a Jesucristo, que habla en la Biblia. Escuchar en silencio es generoso, animado por un amor profundo. Esto es lo que los oblatos [ed. y todos los miembros de la Familia Mazenodiana] están llamados a experimentar «en la alegría», dice el fundador. Felices de estar en la intimidad de Cristo, saboreando su palabra. Entonces la boca hablará de la abundancia del corazón (cf. Mt 12, 34). Así, la lectura de la Escritura no se reduce a un estudio, sino comprende el contexto de un encuentro con Cristo y es, por tanto escuchar su palabra, recibida como un mensaje personal.“Sagrada Escritura” en el Diccionario de Valores Oblatos: https://www.omiworld.org/es/lemma/escritura-sagrada/

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PASCUA: INVITACIÓN A DESARROLLAR UN CORAZÓN QUE ESCUCHE

Y ellos contaban sus experiencias en el camino, y mientras ellos relataban estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a ustedes.   … Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,  y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas.   (Lucas 24:35-48)

Transmitida por Jesucristo a sus apóstoles, no ha perdido nada de su eficacia al pasar a través de los siglos; se ha comprobado que, salida de la boca de aquel que es la vida eterna, sigue siendo siempre espíritu y vida.

Eugenio de Mazenod, Carta Pastoral 1844

En esta época podemos comprender más profundamente la experiencia de los discípulos, que por temor estaban encerrados en el cuarto de arriba. Apareciéndose ante ellos, Jesús Resucitado abrió sus mentes a su presencia en las Escrituras.  Invitemos hoy a Jesús Resucitado a traspasar las paredes de nuestro “cuarto de arriba” y démosle tiempo para que al abrir nuestras mentes podamos comprender qué tan presente está cada vez que leemos la Palabra de Dios.

Nuestra Regla de Vida OMI, impregnada por completo del espíritu de San Eugenio, puede aplicarse a cada uno de los discípulos hoy en día:

La Palabra de Dios es el alimento de nuestra vida interior y de nuestro apostolado. No nos contentaremos, pues, con estudiarla asiduamente; la acogeremos con corazón atento, para conocer mejor al Salvador a quien amamos y deseamos revelar al mundo. Esto nos dispone para interpretar los acontecimientos de la historia a la luz de la fe.  (OMI Constituciones y Reglas, C.33)

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PASCUA CON LA PALABRA DE DIOS – QUE NUESTROS CORAZONES ARDAN DENTRO DE NOSOTROS

Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras? (Lucas 24:32)

Los abatidos discípulos que regresaban a Emaús habían perdido todo sentido del objetivo. En quien habían colocado sus esperanzas había sido enviado a la muerte y todo lo que él representaba había desaparecido. No tenían ya sueños ni ideales inspiradores… era hora de regresar a casa quedarse ahí.

En Lucas 24:13-35 leemos cómo notaron que un “extraño” caminaba con ellos y participando de su experiencia,  les abrió los ojos.  Encontramos ahí el significado de la Pascua: darnos cuenta de que Jesucristo está vivo y se integra a la realidad de nuestras vidas.

La Pascua es el abrir nuestros ojos, corazones y vidas a su presencia. Como los discípulos, permitámosle explicarnos su Palabra y dejar que nuestros corazones ardan en nuestra vida cotidiana.

San Eugenio dedicó su vida a explicar las Buenas Nuevas de salvación a los más necesitados. El y sus misioneros deseaban que los corazones de todos los que los escucharan ardieran dentro de ellos.  La invitación que hizo al redactar la Regla de 1818 sigue vigente hoy:

No debemos mirar más que a la instrucción de los pueblos…

no contentarnos con partirles el pan de la palabra sino masticárselo,

o sea, hacer de forma que, cuando salgan de nuestros sermones,

no se vean tentados a admirar neciamente lo que no comprendieron,

sino que queden edificados, conmovidos, instruidos, pudiendo repetir en el seno de la familia lo que oyeron de nuestros labios.

En ocasiones nos sentimos como los discípulos que querían encerrarse en aislamiento en Emaús.  Abramos los ojos y reconozcamos la presencia de Jesús Resucitado a nuestro lado.  Dediquemos tiempo a su Evangelio.  Al partir el pan de la Palabra, él nos ayuda a masticarlo – y nuestros corazones arderán dentro de nosotros.

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PASCUA: HAGAMOS POSIBLE PROCLAMAR “¡HE VISTO AL SEÑOR RESUCITADO!”

“Fue María Magdalena y anunció a los discípulos: ¡He visto al Señor!, y que Él le había dicho estas cosas.» (Juan 20:18)

María Magdalena fue quien primero se dio cuenta de que Jesús había resucitado y se apresuró a decirles a los discípulos, quienes estaban temerosos y aislados en el cuarto de arriba.  “¡He visto al Señor!”, proclamó.  Incrédulos al principio, también comenzaron a sentir que Jesús estaba vivo

Tras la Revolución Francesa, la gente de la campiña de Francia estaba encerrada por la ignorancia de su fe.  Eugenio de Mazenod había reconocido la presencia de Jesús Resucitado en su vida, que dedicó a proclamar “¡He visto al Señor!” a quienes más necesitaban conocer al Señor Resucitado.

Invitando a los demás a entrar a esta vida de proclamación, fundó a los Misioneros Oblatos e insistió en que dividieran su tiempo entre “ver al Señor” en la oración, la lectura y reflexión, y en proclamar “¡He visto al Señor!”, a quien habían encontrado, de esta forma:

Los Misioneros se organizarán de modo que, mientras unos dentro de las comunidades se ejerciten en adquirir las virtudes y los conocimientos propios de un buen misionero, otros recorran los campos anunciando la palabra de Dios.

Al regresar de sus tareas apostólicas, volverán a la comunidad para descansar y dedicarse al ejercicio de un ministerio menos pesado y a prepararse, mediante la meditación y el estudio, a hacer aún más fructífero su ministerio, al ser llamados a nuevas tareas.

Petición de Autorización Dirigida a los Señores Vicarios Generales de Aix, Enero 25,  1816, E.O. XIII núm. 2

En estos días utilicemos este tiempo en forma similar, para que cada día también podamos proclamar “¡He visto al Señor! Ha resucitado y vive por mí!”

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PASCUA: EL SEÑOR RESUCITADO NOS INVITA A TENER UN ESPÍRITU DE RECOGIMIENTO

“No teman, digan a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mateo 28:10)

Photo by Sammy Chandio on Unsplash

Jesús Resucitado pide a sus discípulos volver a Galilea. “Allí me verán”.  Todo comenzó en Galilea para los discípulos.

Fue allí donde conocieron a Jesús y él entró a sus vidas.  Hoy, el Señor Resucitado nos dice a cada uno de nosotros: “Vuelvan a Galilea – regresen al día en que notaron mi presencia en sus vidas.”

En este tiempo, Jesús Resucitado nos invita a ir a la Galilea de nuestros corazones y de nuestras vidas.

San Eugenio lo hizo con frecuencia, llamándolo recogimiento.  Deseaba que todos los que siguieran su forma de discipulado hicieran lo mismo, como leemos en su Regla de 1818:

La vida de los miembros de nuestra Sociedad debe ser por completo de continuo recogimiento (Art. 1, Acerca del Silencio, etc.).

Para lograrlo, antes que nada harán todo el esfuerzo posible para caminar siempre en la presencia de Dios y con frecuencia intentar decir pequeñas pero fervientes oraciones espontáneas. (Art. 2, ibid.) …

Eugenio compartió con Jesús un profundo vínculo de amistad y un amigo siempre desea estar ante la presencia de un ser querido.  Sus días estaban llenos de momentos de recogimiento, de pequeñas explosiones de oración y expresiones de amor.

Esto es lo que Eugenio nos invita a hacer en esta Pascua que pasamos en aislamiento y de manera especial en estos días de dificultad.

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PASCUA: CONOCER Y PROCLAMAR LA FUERZA DE LA RESURRECCIÓN

A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).

Constituciones y Reglas OMI, C 4

Icon written by Lauretta Agolli for the US Mazenodian Family

Después de haberlo acompañado en las dolorosas circunstancias de su pasión, después de haber llorado sobre los tormentos que nuestros pecados le habían hecho sufrir, qué consolador es verle resucitar triunfador de la muerte y del infierno, y cuanto agradecimiento debe llenar nuestros corazones al pensar que ese buen Maestro ha querido hacernos partícipes de su resurrección destruyendo en nosotros el pecado y dándonos nueva vida. 

San Eugenio a su madre, 4 abril 1809, EO XIV n 50

Anuncian la presencia liberadora de Cristo y el mundo nuevo que nace de su resurrección.

Constituciones y Reglas OMI, C 9

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SÁBADO SANTO: RECONOCEN EL MODELO DE LA FE DE LA IGLESIA Y DE LA SUYA PROPIA

En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia.

La tienen siempre por Madre.

Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. 

Regla de Vida   CC&RR  Constitución  10

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VIERNES SANTO: “SEÑOR, SEÑOR, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?”

¿Cuál fue el momento de mayor sufrimiento de Jesús y en el que mostró su gran amor por nosotros?

Fue cuando al estar en la cruz, exclamó: “Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?”

En la Encarnación, Jesús se convirtió en humano por completo, haciéndose uno con nosotros en todas nuestras experiencias. En la cruz sintió la experiencia extrema de la desesperanza humana: el sentimiento de haber sido abandonado por Dios. Se hizo uno con nosotros en todas las situaciones en las que exclamamos en la oscuridad y la desesperación: “¿Dónde estás Señor, por qué no estás aquí?”

Al abrazar a Jesús Abandonado este Viernes Santo, aceptemos la puerta que abrió a través de su sufrimiento y muerte: la resurrección.

Al leer los escritos de San Eugenio, constantemente escucho ecos de su experiencia el Viernes Santo, de su rotura y de su conciencia del amor sanador de Dios.  Se trató de una convicción que nunca le abandonó y sobre la que cimentó todo su ministerio: llevar a otros a su misma experiencia.

San Eugenio conoció la oscuridad y el sentimiento de desesperanza muchas veces en su vida; aun así reconocía que en esos oscuros momentos estaba presente su Salvador y da testimonio de ello constantemente en sus escritos. Como un ejemplo:

Por lo demás, aunque tristemente, sigo mi camino poniendo mi confianza solo en Dios. Amémosle cada vez más.

Carta a Forbin-Janson, Septiembre 12, 1814

Alentaba a los demás a hacerlo. Hoy en particular recuerdo sus palabras al Padre Jacques Jourdan de 25 años, que fuera el primer Oblato en morir. Sufría una gran depresión y oscuridad:

Ánimo mi buen amigo. Muy grandes santos han pasado por la prueba que usted, pero aun así fueron grandes santos, pues no dejaron de obedecer; ánimo una vez más, mi querido amigo, todos rezamos por usted postrados, para que soporte esa dura prueba como valiente soldado de Jesucristo. El amable Maestro, nuestro modelo, no cayó en la desesperación en el Huerto de los Olivos ¿por qué se angustia usted? Aférrese a él y no tema nada, beba de la copa de su sufrimiento, pues se digna hacerle participar de su pasión, pero no dude que pronto le llene de  dulzura. Para ello hay que mantenerse en paz y obedecer…

En el momento de la comunión, dígale amorosamente “todas sus penas: “vim patior, responde pro me” [ed. Is. 38, 14: “¡Señor, sácame de esta tribulación!] Abrace sus pies espiritualmente, jure no separarse jamás de él, dígale que desea amarle siempre, colóquelo después en su corazón y no se preocupe por nada.

Carta a Jacques Antoine Jourdan, Marzo 30, 1823

Victor Frankl, sobreviviente de un campo de concentración en la II Guerra Mundial, da testimonio de ello, al escribir:

Quienes estuvimos en los campos de concentración podemos recordar a los hombres que caminaban entre las chozas dando consuelo a los demás, entregando su último pedazo de pan. Tal vez fueran pocos en número, pero daban suficiente prueba de que a un hombre se le puede quitar todo, excepto una cosa: la última de las libertades humanas- elegir su actitud ante cualquier circunstancia, elegir su forma personal de ser.” 

San Eugenio nos enseña que la elección es Jesús abandonado en la Cruz.

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