ME HAS LLEVADO COMO DE LA MANO DESDE MI MÁS TIERNA INFANCIA

El retiro de Eugenio le lleva a ver su inminente espiscopado con incomodidad, aunque con una apacible confianza en Dios.

Y con todo, en este estado de cosas, he sido llamado de pronto a recibir la plenitud del sacerdocio, a ser elevado a la dignidad episcopal. ¡Dios mío! Si no me hubieras acostumbrado a tu infinita misericordia, si no hubieras inspirado en mi corazón una dulce confianza, habría razones para retroceder con temor.

Con sentimientos conmovedores, recuerda el amoroso cuidado de Dios por él a través de su vida y se encomienda a realizar la voluntad de Dios.

Pero no, eres mi Padre, me has llevado como de la mano desde mi más tierna infancia. Todo lo que has hecho por mí en el curso de mi vida está muy presente en mi memoria y aún hoy siento vivamente sus efectos, como para no contar con tu infinita bondad, para no abandonarme en tu regazo paterno, con toda la resolución de hacer esta vez y para siempre lo que me pidas, aunque me cueste la vida. Dichoso de dedicar los pocos días que me resten en la tierra a cumplir tu santa Voluntad, tanto en la adversidad como en la prosperidad, aprobado o censurado por el mundo, entre consuelos o abrumado por las penas. Ignoro lo que me espera en el nuevo ministerio por iniciar.
En todo caso, no me habrá de suceder nada que no hayas querido, y mi dicha y alegría será siempre hacer tu Voluntad.

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

Con infinita confianza en Dios, que nunca le abandonó, continuará encontrando su felicidad y alegría en siempre cumplir la voluntad de Dios para él.

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HEME AQUÍ, A LOS 50 AÑOS, CON LAS MANOS VACÍAS

La meditación en el retiro de Eugenio le llevó a reflexionar en su administración, utilizando la parábola de los talentos. Aunque lo había hecho bien y con eficiencia, Eugenio siente tristeza por no haber logrado tanta gracia como debía. 

Ciertamente he hecho muchas cosas, superado grandes obstáculos, vencido dificultades y de ello ha resultado un bien, un gran bien. Sí, no lo puedo negar, pero en detrimento mío. Yo era más bueno, o mejor dicho, incomparablemente menos malo al comienzo de mi ministerio, cuando aún no había hecho casi nada, que ahora que he hecho mucho. ¿Qué concluir de este razonamiento? Que no solo soy un servidor inútil, sino infiel, que es posible que no haya hecho lo que debía hacer, pues ciertamente la primera condición del trabajo que me encomendó el padre de familia fue que al realizar su obra, aportara a mi propia santificación, a la que solo se llega en nuestro santo estado, avanzando en la perfección. Heme aquí, a los 50 años con las manos vacías, pues no he sabido enriquecerme administrando tesoros, haciéndolos valer para el padre de familia como debiera haber sido, pues, repito, si me observo atentamente, me encuentro hoy más pobre que el primer día de mi administración, “villicationis meae”. [ed. Mi rendición de cuentas]. 

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

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 HE LOGRADO MUCHO Y HA RESULTADO UN GRAN BIEN

Soy sacerdote desde hace 21 años. No es de esperar que me queden de vida otros tantos. Debo examinar lo que ha hecho en mí la gracia recibida por la imposición de las manos. Cómo le he correspondido, la duración de las felices impresiones del Espíritu Santo, la causa de mis fallas y sus funestos efectos.

Eugenio recuerda y pide acerca de su vida sacerdotal, pues como obispo recibirá la plenitud de su sacerdocio, construido sobre los cimientos de sus 21 años como tal.

¡Qué hermosos años los primeros de mi santo ministerio!

Recuerda los principales pasos de su vida. El primero, cuando Napoleón expulsó a la facultad del seminario y Eugenio, recién ordenado, había sido uno de quienes les suplieron.

Un año pasado en el seminario como sacerdote, encargado de inspirar en los otros el amor a las virtudes eclesiásticas y llamado a cooperar para conservar las buenas tradiciones de nuestros antiguos Directores, Emery, Duclaux, Garnier, Montagne, expulsados de su casa, que debimos mantener en su ausencia.

Luego la emoción de sus primeros años de ministerio sacerdotal en Aix:

Qué hermosos años los dos primeros que pasé en Aix, ejerciendo un ministerio que era por completo de caridad, viviendo en mi casa, con la ayuda del buen trapense Hermano Mauro, empleando en el recogimiento, la oración y el estudio todo el tiempo que podía tomar del trabajo fuera, cuidando de la juventud y de los prisioneros.

Contagiado de tifo de los prisioneros de guerra austriacos:

¡Ay! Si hubiera muerto entonces, con aquella muerte que cada día en la elevación del cáliz pedía a Dios me concediera, habría muerto mártir de la caridad, sin tener que reprocharme tantas faltas; sin tener que deplorar la tibieza en la que me han sumido las innumerables ocupaciones después, ejerciendo las santas misiones, la fundación y dirección de nuestra Congregación; en la administración de la diócesis de Marsella en tiempos tan difíciles y en medio de tanta oposición. Ciertamente he hecho muchas cosas, superado grandes obstáculos, vencido dificultades y de ello ha resultado un bien, un gran bien.

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

Una invitación para que miremos nuestras vidas en retrospectiva y demos gracias, a pesar de las dificultades.

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LA GRACIA DE NUESTRO SEÑOR HA SIDO ABUNDANTE

Eugenio recuerda su historia personal de salvación:

Mientras me familiarizo más con la idea de lo que ya soy por elección y de lo que seré por la consagración, me será útil examinar con atención la actuación del Espíritu Santo en mí, tanto en mi ordenación como en el curso de mi ministerio sacerdotal, además de mi correspondencia por un lado y mis infidelidades por otro, a las abundantes comunicaciones de su gracia.

Consciente de las ocasiones en que no había ayudado a la gracia de Dios en el pasado, pide perdón y pide para permitir al Espíritu Santo compensar sus debilidades y fallas.

Así descubriré el perjuicio ocasionado, deplorándolo amargamente ante Dios, y lleno de confianza en su misericordia, esperaré que el Espíritu vivificador que se posará en mi alma, restaurará todo lo que eché a perder, reanimando, fortaleciendo y perfeccionando todo en mí, para que sea de verdad el hombre de su derecha, el Elías de la Iglesia, el ungido del Señor, el pontífice según el orden de Mequisedec, que no tiene más miras que agradar a Dios, cumpliendo todos los deberes de mi ministerio, para la edificación de la Iglesia, la salvación de las almas y mi propia santificación. Que pueda así decir como el Apóstol san Pablo: “Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, que me ha fortalecido, porque me ha juzgado digno de confianza al encomendarme el ministerio. A mí, que primero fui blasfemo… Pero la gracia de nuestro Señor se desbordó, con la fe y el amor que me ha dado… Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Tim. 1:12-17)

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

Al igual que Pablo y Eugenio, cada uno de nosotros ha sido llamado por Dios en la cotidianeidad de nuestras vidas, y recibido la fortaleza para ser los instrumentos de Dios en y a través de nuestras ocupaciones diarias.

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¿REALMENTE ME ESTÁ SUCEDIENDO ESTO?

En estos primeros momentos de mi retiro, encuentro un obstáculo muy singular para ocuparme seriamente ante Dios del tema que exige toda mi atención; una preocupación involuntaria de mi espíritu, que ve como un sueño todo lo sucedido hasta hoy con relación a mi elección al episcopado, y toda la preparación por hacer para realizar tan gran obra del Espíritu Santo en mí. Tengo en la mano los Breves apostólicos de mi institución canónica, tengo a la vista los diversos objetos del vestuario de mi nuevo estado, considero seriamente la alta dignidad a la que por indigno que sea, me veo elevado, y los deberes que ésta me impone, etc.; a pesar de ello, me parece siempre tratarse de alguien más.

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

En palabras del escritor Nikos Kazantzakis: “Puesto que no podemos cambiar la realidad, cambiemos la forma en que la vemos”, es lo que la oración y la meditación hacen.
El retiro de Eugenio fue un tiempo para permitir que la oración transformara su forma de ver, en la de Jesús el Salvador.

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MIRANDO EN RETROSPECTIVA Y CONFIANDO EN LA GRACIA

Antes de tan importante momento en su vida, Eugenio pasó 8 días en recogimiento y oración.

Mi primer pensamiento al iniciar estos días de retiro en preparación para el episcopado al que soy llamado por voluntad de N. S. Padre el Papa Gregorio XVI, se conecta con la feliz época de mi preparación para el sacerdocio, ya bien lejana. Gran parte de mi vida ha transcurrido en ese largo intervalo de diciembre de 1811 a octubre de 1832, pero tengo aún muy presentes, tanto las gracias que el Señor me ha otorgado, como la disposición en que me encontraba y los propósitos que Dios me inspiró.
 
Recuerda la poderosa gracia que había recibido al prepararse para su ordenación sacerdotal, que fue de un mes, tras años de preparación en el seminario.
Empleé un mes en preparación para recibir la imposición de manos y el carácter sacerdotal; y solo tendré ocho días de preparación para recibir la plenitud del sacerdocio de Jesucristo. Aquel largo retiro fue precedido por varios años de seminario, empleados solo en el estudio del conocimiento de la ciencia divina y en adquirir las virtudes eclesiásticas, practicando una vida regular. Estos ocho días transcurren tras el más activo ejercicio del ministerio apostólico, del trabajo más asiduo de una doble administración, cuya responsabilidad es espantosa. No sería suficiente un año de recogimiento y solo cuento con una semana. Dios me dé la gracia de emplearla bien.

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

Una importante lección para nosotros en nuestra ocupación; sin importar cuánta actividad tengamos, necesitamos siempre tener en mente la gracia espiritual acumulada en nuestra vida ordinaria, que constituye la base para construir nuestras relaciones actuales y futuras. El Papa Francisco nos dice: “La santidad no significa hacer cosas extraordinarias, sino hacer cosas ordinarias con amor y fe.” Con María y con Eugenio, podemos recordar que “¡el Señor ha obrado en mí maravillas!” De esto se trató el retiro de Eugenio: recordar y construir…

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LA “DIGNIDAD” DE UN OBISPO

A partir de ahora, encontraremos a Eugenio refiriéndose frecuentemente a la “dignidad” de su episcopado.  Es importante siempre recordar lo que quería dar a entender con ello. El Padre Alejandro Taché explica: “Cuando de hecho se convirtió en obispo, Eugenio tomó plena conciencia de las responsabilidades que tendría. En intercambio con sus amigos íntimos, constantemente hablaba de la grandeza y dignidad del episcopado. Llamado por el Vicario de Jesucristo para compartir la responsabilidad encomendada a los Apóstoles, el obispo recibe al Espíritu Santo para convertirse en un pastor que enseña, santifica y guía a su gente. De ello fluye su grandeza y formidable responsabilidad.  Este sería el sentimiento que avivaría profunda y contínuamente el espíritu del Obispo de Mazenod a lo largo de toda su vida.” (Diccionario de Valores Oblatos https://www.omiworld.org/es/lemma/obispos/) 

…y ahora que me veo elegido y tan cerca de ser investido de la plenitud del sacerdocio de Jesucristo, la profunda veneración e idea que la fe ha colocado en mi alma por tan gran dignidad, me aplastaría, quitándome todo ánimo y fuerza para avanzar, si la esperanza que el Señor me da no me hiciera ver esa nueva llegada del Espiritu Santo a mí, como una época de renovación y misericordia. Creo que este Espíritu divino, a quien tanto he contristado desde que lo recibí por la imposición de manos en mi sacerdocio, va a enderezar todo en mi alma, estableciendo en ella su morada con tanto poder, que no habrá forma de sustraerse a sus inspiraciones.

Al Padre Martin de Loirlieu, capellán de la Iglesia de San Luis-des-Français, Roma, Octubre 4, 1832, EO XV 165

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ACEPTACIÓN DEL OBISPADO POR EL BIEN DE LOS OBLATOS

Siempre he visto el episcopado con ojos distintos a muchos otros;

Al Padre Martin de Loirlieu, capellán de la Iglesia de San Luis-des-Français, Roma, Octubre 4, 1832, EO XV 165

Eugenio nunca había deseado ser obispo y había rehusado aceptar algunas situaciones que le habrían llevado a serlo. Su ideal era dedicar su vocación por completo a ser Misionero Oblato. Fue solo por proteger y asegurar el futuro de su pequeño grupo que aceptó ser Vicario General de su tío en Marsella, y eventualmente aceptar ser obispo, para salvar a la diócesis de Marsella, garantizando su futuro y el de los Oblatos.

Al escribir a los Oblatos, les asegura

Comprenden que esta alta dignidad y gran carácter que se me han encomendado, no disuelve en absoluto el vínculo que me une a nuestra Congregación, pues por el contrario, el motivo determinante de mi aceptación fue la convicción del bien que podría resultar para ella, cuando (Dios quiera pase mucho tiempo en ocurrir), tuviéramos el infortunio de perder al protector que el Señor nos proporcionó en mi venerable tío, el Obispo de Marsella. Circunscritos como estamos y aún poco conocidos, he pensado, al igual que a quienes he consultado de los nuestros, sería conveniente presentarme en todas partes como responsable de esa pequeña familia recién nacida e ignorada, que ha debido crecer entre espinas, como obispo elegido por el Jefe Supremo de la Iglesia, consagrado ante los ojos y por orden suya, en la capital del mundo cristiano, por un cardenal-prefecto de la Congregación de Obispos y Regulares, que lo representaba en tal función.

A los Padres y Hermanos en Billens, Octubre 24, 1832, EO VIII núm. 439

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HACE YA TANTO TIEMPO RECIBIÓ LA PRIMERA ABSOLUCIÓN EN MI MINISTERIO SACERDOTAL

Al escribir a un amigo sacerdote que se encontraba estacionado en Roma, Eugenio le expresa su pena al descubrir que estaría ausente en su consagración episcopal. Entonces recuerda un vínculo sacramental muy especial, que Eugenio nunca olvidó.

Si conociera mi profunda amistad por usted, sabría lo que siento por no poder verle, y sobre todo en la circunstancia actual. No se sabe aún en Roma, pero el Papa acaba de nombrarme obispo de Icosia y visitador apostólico de Trípoli y Túnez. Seré consagrado, si no lo impide algún imprevisto, el domingo 14 de este mes. Pensaba que mi primera bendición sería sobre usted, como hace ya tanto tiempo tuvo la primera absolución en mi ministerio sacerdotal. Mis deseos llegarán a usted donde se encuentre, pero le pido mi querido amigo, no olvidarme en sus oraciones y que el día de mi consagración ofrezca la santa misa por mí; no le será difícil comprender mi necesidad.

Eugenio expresa su tristeza porque nadie de la gente cercana estuviera presente para compartir con él tan importante momento de su vida

Me encuentro aquí solo por completo y le aseguro que será difícil; pero cuento con que Dios en su bondad, compensará toda pena que expermiente en mi corazón, con abundante gracia espiritual.

Al Padre Martin de Loirlieu, capellán de la Iglesia de San Luis-des-Français, Roma, Octubre 4, 1832, EO XV 165

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EL FUTURO OBISPO TITULAR DE ICOSIA COMENTA DÓNDE SE ENCUENTRA ICOSIA

Puesto que el nombramiento episcopal de Eugenio no era como obispo a cargo de una diócesis, recibió una titular (que ya no existía) – Icosia. Le explica al Padre Tempier.

Si se interesa por Icosia, póngala en sus notas; está en África; la misión de nuestro amigo es para Trípoli y Túnez. La sensibilidad del Gobierno francés sin duda fue motivo para que no se haya añadido Argel.

Carta a Henri Tempier, Octubre 1°, 1832, EO VIII núm. 435

Si supiera lo que es Icosia, su corazón se estremecería.  Se supone haber sido fundada por veinte compañeros de Hércules, que se establecieron en el lugar cuando la famosa excursión hasta “nec plus ultra”, es decir, el estrecho (Gibraltar). Su nombre griego quiere decir: veinte. Lo más cierto es que fue una ciudad episcopal en la época de oro de la Iglesia de África y que su obispo, Laurentius, asistió al concilio de Cartago del año 419, en calidad de legado de la Mauritania cesariana, su provincia: “Laurentius Icosíanus, Legatus Mauritaniae Coesariensis”, lo que determina casi el lugar de su existencia, que el P. Hardouin  pretende es precisamente Argel. Yo tampoco dudo y esta será mi opinión.
No olvidaré hacer la observación al Santo Padre el día que vaya a recibir su bendición.

Carta a Henri Tempier, Octubre 10, 1832, EO VIII núm. 436

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