JOSEPH HIPPOLYTE GUIBERT OMI, 1802 – 1886

Detengamos la narración para conocer con más detenimiento al Padre Guibert.

Nació en Aix-en-Provence el 13 de diciembre de 1802 e ingresó al seminario mayor en Aix en 1819. Cuatro años después se unió a los Misioneros de Provenza, haciendo su oblación en  1823 y 1824. Fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1825 en Marsella, por el Obispo Fortuné de Mazenod.

En 1826 fue nombrado maestro de novicios hasta 1828, cuando fue enviado a Notre-Dame du Laus. Los siguientes cinco años fue superior de la comunidad, director del santuario Mariano y predicador de misiones parroquiales.

Yvon Beaudoin nos dice: “como Superior del seminario mayor de Ajaccio de 1835 a 1841, el padre Guibert fue digno de la confianza del superior general. En unos años logró tomar posesión del antiguo seminario y añadirle tres pisos. Los alumnos pasaron pronto de quince a más de un centenar, con algunos profesores competentes: los padres Albini en moral, Telmon en sagrada Escritura y Moreau en dogma. Para obtener subsidios, el padre Guibert debía ir con frecuencia a París, donde se relacionó e hizo amigo de los ministros y del rey Luis Felipe. Fue entonces que desarrolló sus dotes de diplomático y logró reconciliar a Mons. de Mazenod con el rey, que no quería saber del obispo de Icosia, nombrado obispo en 1832 por el papa Gregorio XVI, sin autorización del gobierno francés.

En París, el gobierno, que entonces designaba a los obispos, no tardó en pensar en el superior del seminario mayor de Ajaccio para una sede.”

Fue nombrado a la sede de Viviers y el 11 de marzo de 1842, fue consagrado Obispo por el Obispo Eugenio de Mazenod.”

Al seguir reflexionando en las cartas de San Eugenio, encontraremos muy a menudo el nombre del P. Guibert, por lo que solo indicaré algunos eventos de su vida futura: Fue Obispo de Viviers hasta 1857 y Arzobispo de Tours hasta 1871, en que se convirtió en el arzobispo de París, hasta su fallecimiento en 1886. Fue nombrado Cardenal en diciembre de 1873.

Estuvo a cargo de la construcción de la Basílica del Sagrado Corazón en Montmartre, donde fue sepultado en 1886

Pueden encontrar más detalles en  https://www.omiworld.org/es/?s=Guibert

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ACEPTO CON CELO Y ENTUSIASMO LA MISIÓN QUE ME ASIGNA

Eugenio escribe a Hippolyte Guibert para comunicarle su nombramiento como Superior de la comunidad Oblata y del seminario en Córcega.  

Pero ¿a quién enviar para fundar tan importante establecimiento? Hacen falta profesores, sobre todo un superior muy capacitado. En la Sociedad, solo  estás tú, mi querido, quien reúne las cualidades para desempeñarlo. Lo digo ante Dios, y después de haber agotado todo tipo de combinaciones. Siento mucho el vacío que dejarás; pero repito que la fundación no puede hacerse sin ti. No necesito probártelo, pues tu modestia se opondría, aun cuando tu espíritu de obediencia no te lo impidiera.
Estaremos desmembrados por un año; nadie lo sentirá tanto como yo, pero habremos de sobrellevar esta necesidad en vista del bien inmenso que habrá de resultar de ello.
Adiós, pide a la Santísima Virgen luz, fuerza y ayuda continua para ti, para mí y toda la familia. Te abrazo y bendigo. +Carlos José Eugenio, Obispo de Icosía

Carta a Hippolyte Guibert, Octubre 18, 1834, EO VIII núm. 493

Beaudoin escribe: “el Padre Guibert era el cuarto asistente general; respondió al Superior General: ‘Acepto con celo y entusiasmo la misión que me asigna. Al hacerlo, me motiva tanto mi lealtad hacia la Sociedad a la que pertenezco sin reservas, como el amor filial que le he prometido. Esto no implica que no sea merecedor’ …”

El P. Guibert vivía las normas que Eugenio había escrito en la Regla Oblata de 1818: “… La obediencia en nuestro Instituto será pronta, humilde, total.
Al seguir las directivas de los superiores, que nuestros miembros tengan frente a ellos a Dios mismo, pues es por amor a Él que obedecen y solo por Él entregan su ser a sus superiores.”

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EL CAMPO ME PARECE MUY VASTO Y FÉRTIL AUNQUE CUBIERTO DE ESPINAS

Al haber tomado una decisión, Eugenio escribió al Obispo de Ajaccio, para comunicársela:  

No me desligo del compromiso que he hecho con usted al secundarle con toda mi fuerza en la gran misión que tiene por realizar en la diócesis que la divina Providencia acaba de confiar a su cuidado. Agradezco mil veces a Dios por haber dado a este pueblo un primer pastor como usted, pues conozco la extensión del mal y porque sé además, cuánto se puede esperar de su misericordia, de su celo y la solicitud que le lleva a favor de sus fieles, abandonados desde hace tanto tiempo.
El campo me parece muy vasto y fértil aunque cubierto de espinas, y de ser un simple sacerdote, no cedería a nadie el honor de ofrecerme para ayudarle a desbrozarlo; pero lo que no puedo hacer yo, otros lo harán por mí.

Carta al Obispo Casanelli d’Istria, Septiembre 19, 1834, EO XIII núm. 83

Se trató del llamado a los más abandonados, que sigue motivando a la familia Mazenodiana contemporánea:

El llamamiento de Jesucristo, que se deja oír en la Iglesia a través de las necesidades de salvación de los hombres, congrega a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada y los invita a seguirle y a tomar parte en su misión por la palabra y por la acción.
Constituciones y Reglas OMI, C 1

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ME   SIENTO   INCLINADO A  TOMAR  DECISIONES A  TRAVÉS  DE SUS  LUCES Y BUENOS CONSEJOS

Eugenio nunca tomó decisiones importantes para la Congregación sin un proceso de consulta. Comparte con el padre Guibert, uno de sus consejeros más confiables, sobre la invitación para enviar Oblatos a Córcega. 

Lamento, mi querido amigo, verme obligado a estar separado de quienes la Providencia me dio como consejeros en la administración de la familia.
No quisiera decidir nada sin oírlos a todos; me inclino a tomar decisiones a través de sus luces y buenos consejos, inspirados por el celo que tienen por la prosperidad de la familia y el bien de la Iglesia, en el ejercicio de su ministerio.
En este momento, más que nunca, me hubiese gustado comentar contigo antes de tomar esta decisión que tendrá las mayores consecuencias, pero que no puede retrasarse. Debo contestar enseguida, y aun así temo falte tiempo para que recibas la carta, no sobre un cambio, sino  sobre un verdadero trastorno en nuestras casas.
No podré explicarme nunca en una carta.
¿Cómo repetir, lo que desde hace seis días es el objeto de mi conversación con el único asistente que tengo a la mano? Lo he pensado todo, rumiado todo; me he hecho todas las objeciones, he considerado todos los inconvenientes,  concluyendo que hay que pasar por encima de y sacrificarlo todo, para no reprocharnos haber cerrado la puerta que la Providencia nos abre.

Carta a Hippolyte Guibert, Octubre 18, 1834, EO VIII núm. 493

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UN AMPLIO HORIZONTE SE ABRE ANTE NOSOTROS

En 1834, las cinco comunidades de los Oblatos contaban con 26 Oblatos y 10 escolásticos entre Aix en Provence, Marsella, Laus, L’Osier en Francia y Billens en Suiza.

Tras conocer al recién nombrado Obispo de Ajaccio, Córcega, Casanelli d’Istria, quien solicitó a Eugenio enviar Oblatos para fundar un seminario mayor, Eugenio describe la situación al P. Guibert, quien por años le había animado a iniciar una nueva misión fuera de Francia.

Un amplio horizonte se abre ante nosotros, tal vez estamos llamados a regenerar al clero y a todo el pueblo de Córcega.
El Obispo nos llama para dirigir su seminario, y está dispuesto a confiarnos las misiones de su diócesis. No podemos negarnos, por poco que pudiésemos lograr; sería desesperante si no pudiéramos responder a tan apremiante invitación, que cumple nuestro deseo. Realmente podemos aceptar el ofrecimiento que hemos anhelado, y que no se nos cumpliría nunca más, de negarnos ahora.
Pero realizar esa tarea, nos implicará los mayores sacrificios. 

Carta a Hippolyte Guibert, Octubre 18, 1834, EO VIII núm. 493

El mismo espíritu nos sigue motivando actualmente:

No temerán presentar con claridad las exigencias del Evangelio y abrirán con audacia nuevos caminos para que el mensaje de salvación llegue a todos los hombres. Humildes ante la propia insuficiencia, pero confiando en el poder de Dios, se afanarán por conducir a todos, especialmente a los pobres, a la plena conciencia de su dignidad de seres humanos e hijos de Dios

Constituciones y Reglas OMI, C 8

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SEMINARIOS: NOS DEDICAREMOS GENEROSAMENTE, CON ALMA Y CORAZÓN, A TAN NOBLE E IMPORTANTE MINISTERIO

La primera petición del Obispo de Ajaccio fue que los Oblatos establecieran un seminario mayor para la educación y formación de los sacerdotes en Córcega.

Debido a la calidad necesaria en los individuos que requiere, me costará mucho moverlos de los diversos ministerios que cumplen con tanto éxito y con bendiciones increíbles; pero estoy decidido a hacer todos los sacrificios para establecer con solidez el bien inmenso que planea y que Dios mediante, realizará con la cooperación de los hombres de Dios que, según sus órdenes, pondré a su disposición para fundar su seminario mayor.

Carta al Obispo Casanelli d’Istria, Septiembre 19, 1834, EO XIII núm. 83

Rey, el biógrafo del Fundador, nos da el antecedente a la respuesta inmediata a la petición del Obispo.

“Pero las misiones, fin principal y, propiamente hablando, único de la Congregación de los oblatos, reclaman necesariamente otro más: la santificación del clero. En efecto, para preparar a los pueblos en las misiones e incluso hacerlas posibles para secundar el trabajo de los misioneros, asegurar el éxito y recoger, conservar y perpetuar los frutos de las mismas, hacen falta buenos sacerdotes, santos párrocos al frente de las parroquias…

Así, digamos que la santificación del clero es, después de y con las misiones, el fin principal de los misioneros oblatos de María Inmaculada. El piadoso Fundador lo dice formalmente: “El fin seguramente más excelente de nuestra Congregación, después de las santas misiones, es la dirección de los seminarios mayores, pues en vano derramarían su sudor los misioneros para arrancar de la muerte espiritual a los pecadores, si no hubiera en las parroquias sacerdotes llenos del Espíritu de Dios, que sigan fielmente los ejemplos del divino Pastor y apacienten con cuidado vigilante y asiduo a las ovejas devueltas al redil. Por eso, en la medida en que podamos, nos dedicaremos generosamente, con alma y corazón, a tan noble e importante ministerio”. https://www.omiworld.org/es/lemma/fines-de-la-congregacion/

 

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LA URGENCIA DE USTED DE RESPONDER AL CUIDADO DE SU INFORTUNADO REBAÑO, ABANDONADO POR TANTO TIEMPO

A mediados de 1834 ya había cerca de 36 Oblatos en 5 comunidades: Aix en Provence, Marsella, Laus, L’Osier en Francia, y Billens en Suiza.

En ese entonces, el recién nombrado Obispo de Ajaccio, Córcega, Casanelli d’Istria, visitaba amigos en Aix en Provence, donde conoció a Eugenio. Al comentarle sobre el abandono de la Iglesia en Córcega: “parroquias pobres, numeroso clero pero sin formación, en general ignorancia en los fieles, conflictos en las familias y entre los clanes”, solicitó la ayuda de los Oblatos. Se trataba de personas en un abandono real que necesitaban conocer a Jesucristo como Salvador – y Eugenio respondió ante tal necesidad.

No me desligo del compromiso que he hecho con usted al secundarle con toda mi fuerza en la gran misión que tiene por realizar en la diócesis que la divina Providencia acaba de confiar a su cuidado.

Carta al Obispo Casanelli d’Istria, Septiembre 19, 1834, EO XIII núm. 83

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QUE SEA UN BUEN SACERDOTE, TAL COMO NECESITA LA IGLESIA

Es mi intención, querido hijo, ordenar sacerdote al Hno. Kotterer en la primera ordenación de cuaresma… Te lo envío a Aix, con mi deseo de que ingrese al noviciado para pasar allí ese tiempo en profundo retiro bajo la dirección especial del maestro de novicios. Te ruego le recomiendes a ese querido ordenado, como te lo recomiendo a ti mismo, que sea un buen sacerdote, tal como necesita la Iglesia.
Te abrazo y bendigo a todos.

Carta a Hippolyte Courtès,  Marzo 1°, 1835, EO VIII núm. 507

El futuro sacerdote es encomendado para su retiro al Padre Casimir Aubert, director de novicios. 

Te encomiendo muy especialmente al hermano Kotterer. Aprovecha el retiro para inculcarle los principios de la vida religiosa, la indiferencia a todo, la muerte así mismo, la obediencia alegre, la entrega total a la Iglesia y a la familia, la aceptación de sus hermanos, etc..

Carta a Casimir Aubert, Marzo 10, 1835, EO VIII núm. 508

La visión en la que se había formado Calixte Kotterer y sobre la que se le debe recordar durante su retiro, se encuentra en un documento de Eugenio que actualmente conocemos como “Prefacio”: 

¿Qué hizo, en realidad, nuestro Señor Jesucristo cuando quiso convertir el mundo? Escogió a unos cuantos apóstoles y discípulos que él mismo formó en la piedad y llenó de su espíritu y, una vez instruidos en su doctrina, los envió a la conquista del mundo que pronto habían de someter a su santa ley.

            ¿Qué han de hacer a su vez los hombres que desean seguir las huellas de Jesucristo, su divino Maestro, para reconquistarle tantas almas que han sacudido su yugo? Deben trabajar seriamente por ser santos, y caminar resueltamente por los senderos que recorrieron tantos obreros evangélicos, que nos dejaron tan buenos ejemplos de virtud en el ejercicio del mismo ministerio al que ellos se sienten llamados. Deben renunciarse completamente a sí mismos, sin más miras que la gloria de Dios, el bien de la Iglesia y la edificación y salvación de las almas. Deben renovarse sin cesar en el espíritu de su vocación, vivir en estado habitual de abnegación, y con el empeño constante de alcanzar la perfección. Deben trabajar sin descanso por hacerse humildes, mansos, obedientes, amantes de la pobreza, penitentes y mortificados, despegados del mundo y de la familia, abrasados de celo, dispuestos a sacrificar bienes, talentos, descanso, la propia persona y vida por amor de Jesucristo, servicio de la Iglesia y santificación de sus hermanos; y luego, con firme confianza en Dios, entrar en la lid y luchar hasta la muerte por la mayor gloria de su Nombre santísimo y adorable.
de Nota bene (Regla de 1818)

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LA PRÁCTICA DE LOS DEBERES QUE HABÍA CONSAGRADO LIBREMENTE Y PARA SIEMPRE AL SEÑOR

Eugenio continúa su carta al Padre Rossi, en la que trata de reflejar su conciencia para atraerlo a las responsabilidades a las que se comprometió públicamente.

En espera de más información de su parte, le autorizo a quedarse donde se encuentra. Pero sepa bien que mi autorización se basa en la necesidad extrema de sus padres, que supongo no pueden prescindir de la ayuda que su trabajo les proporciona…

Eugenio le da puntos de referencia para evaluar su estilo de vida y vida religiosa.

Es decir, debe escribir de vez en cuando para comentar sobre su posición y consultarme sobre su interior. Debe exponer lo que hace, si vive honorablemente y sin riesgo para el alma, sobre la retribución de su trabajo, lo que da a sus padres, cuáles son las razones para creer poder pedir dispensa por su posición temporal actual.
En una palabra, escriba con el corazón permeado por los deberes de su estado y para probar que verdaderamente, por causa de fuerza mayor y en contra de su voluntad, se ve obligado a solicitar un permiso que lo coloca fuera de la esfera que la Providencia le había fijado y de la práctica de los deberes que había consagrado libremente y para siempre al Señor.
Adiós, mi querido P. Rossi, espero que reconozca en todo cuanto digo, la solicitud de un padre que le ama.

Carta al Padre Joseph Rossi, Febrero 12, 1835, EO VIII núm. 505

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NO SE JUEGA IMPUNEMENTE CON LAS OBLIGACIONES QUE HA CONTRAÍDO

El Padre Joseph Rossi había recibido autorización para vivir fuera de la comunidad Oblata por algún tiempo, para poder ayudar a sus padres. Debía mantener contacto con su superior y su comunidad religiosa durante ese período, pero aparentemente no lo había hecho. Tres años antes, Eugenio había mencionado que el joven Oblato no había sido ejemplo de virtud:

a Rossi jamás se le podrá considerar por una impresionante regularidad exterior, todas sus virtudes se concentran en su corazón

Carta a Henri Tempier, Junio 18, 1832, EO VIII núm. 425

Eugenio siempre consideró que los votos hechos por los Oblatos eran sagrados y no vivir de acuerdo a dichos compromisos, ponían en peligro la salvación personal. Por tanto advierte a Rossi:

Me alegró la carta que me envió, mi querido P. Rossi. Admito que veía con preocupación no diese nunca señales de vida desde que vive fuera de nuestra comunidad. La autorización verbal otorgada en mi ausencia me parece concedida de forma inoportuna y fundada en razones poco válidas. No veo ninguna señal de la relación que siempre debe haber en tales casos entre los Superiores y quienes están canónicamente autorizados para vivir temporalmente lejos de ellos. Temo por el estado de su alma a la que veo en peligro en todo esto. “Deus non irridetur” (ed. No se engaña a Dios). No se juega impunemente con las obligaciones que ha contraído. Se trata nada menos que de su salvación.
Tengo el mayor deseo de normalizar todo cuanto tenga problema en su asunto. Por ello, hace falta buena fe y rectitud de su parte, en una palabra, que hable en conciencia frente a la eternidad; por mi parte, encontrará todo lo necesario para ayudar a su deber. 

Carta al Padre Joseph Rossi, Febrero 12, 1835, EO VIII núm. 505

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