¡QUÉ VIAJE EL QUE ACABAN DE HACER!

Con la llegada de cuatro misioneros, la costa oeste de Norteamérica se abría a la evangelización, con los Oblatos. (Ver la entrada y las siguiente en: LA PRIMERA MISIÓN OBLATA EN LOS ESTADOS UNIDOS – http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=4359)

Esos cuatro misioneros zarparon de Francia en febrero de 1847 y tras 54 días de travesía llegaron a Nueva York.  Cinco meses después llegaron por fin a Oregón.

“Acabo de recibir una carta del P. Ricard. Está fechada en el mes de agosto, y tenían aún 200 leguas que recorrer para llegar a su destino. Nuestros tres misioneros y el Hermano catequista están bien, pero ¡qué viaje el que acaban de hacer!.

Carta al P. Toussaint Dassy, Febrero 12, 1848, EO X núm. 966

(Nota: en la época del Fundador, la palabra «misionero» denotaba sacerdotes, por ello hace la distinción entre misioneros y hermano catequista.  Desde entonces el significado de la palabra “misionero” ha cambiado, para incluir a todos los Oblatos y miembros de la familia carismática que participan en este ministerio)

REFLEXIÓN

Con la velocidad en los viajes en nuestros días,  nos es difícil imaginar este viaje misionero. Tomemos un momento para pensar en las dificultades físicas, el valor y la perseverancia que se requería. Después reflexionemos en los retos psicológicos: el P. Ricard tenía 41 años y su salud en Francia no era buena.  Los otros tres estaban en sus veintes; dos eran escolásticos que aun no habían terminado sus estudios.  Al salir de Francia y dejar a sus seres queridos, sabían que lo más probable era que nunca los volvieran a ver, ni a su país.

Tal era el precio por su amor a Dios y el celo misionero para la salvación de las personas que no conocían a Jesucristo, y ciertamente nos invita a reflexionar, desafiándonos a vernos a nosotros mismos al responder a Dios en nuestro mundo cambiante y de gratificación instantánea…

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SU AMBICIÓN DEBE ABARCAR EN SUS SANTOS DESEOS, LA INMENSA EXTENSIÓN DE LA TIERRA ENTERA

¡Eugenio de Mazenod era una persona muy ocupada! Superior General de muchos Oblatos en Francia y otros lugares, Obispo de una diócesis grande y demandante, además del poder detrás de los Oblatos que comenzaban las misiones en el extranjero.  Repasar sus escritos en orden cronológico puede ser algo confuso, pues abarcan las tres áreas al mismo tiempo.  En los últimos meses y con la intención de tener claridad, he reflexionado en los escritos referentes a Francia y la diócesis de Marsella, aunque al mismo tiempo mucho estaba sucediendo en el mundo Oblato fuera de ahí, y a eso nos enfocaremos ahora.

En 1818, Eugenio expresó su visión de la congregación misionera:

“¿Hay algún fin más sublime que el de su Instituto?
Su Fundador es Jesucristo, el mismo Hijo de Dios;
sus primeros padres, los Apóstoles.
Han sido llamados a ser
los cooperadores del Salvador,
los corredentores del género humano.
Y aunque, por razón de su escaso número actual
y de las necesidades más apremiantes
de los pueblos que les rodean,
tengan que limitar de momento su celo
a los pobres de nuestros campos,
su ambición debe abarcar, en sus santos deseos,
la inmensa extensión de la tierra entera”. 

Regla de 1818

En 1818 había pocos misioneros y se centraban en Provenza, aunque con la intuición de fundador, Eugenio vio más allá de su parte del mundo.  Treinta años después, en 1848, su visión profética se cumplía: los Oblatos ya se encontraban en Córcega, Inglaterra, Canadá, los Estados Unidos y Ceylán.

REFLEXIÓN

«Los verdaderos misioneros que nunca dejan de ser discípulos, saben que Jesús camina con ellos, habla con ellos, respira con ellos, trabaja con ellos”. Papa Francisco

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DESCANSO EN EL SEÑOR

Eugenio envía felicitaciones por Navidad, celebrando la Encarnación de Jesucristo y regocijándose en su presencia:

“Es todo lo que puedo decirte en este santo día empleado totalmente en la Iglesia. Ayer oficié en las primeras vísperas, luego por la noche, y hoy mañana y tarde. Gracias a Dios, para mí nunca es demasiado largo. Solamente se puede abstraer de la tierra y ocuparse solo del cielo. Es mi tiempo de descanso.
Adiós, querido hijo, te deseo un buen fin de la fiesta y un feliz año”.

Carta al P. Hippolyte Courtès en Aix, Diciembre 25, 1848, núm. 993

En su diario personal escribe:

“Oficio pontifical en vísperas por el domingo, noche y todo el día de Navidad. Aun los años no me pesan demasiado como para privarme de este gran consuelo. Solo ahí tengo reposo, por eso el tiempo en la iglesia en estos días me parece siempre corto”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Diciembre 25, 1848, EO XXI

REFLEXIÓN

Siendo joven en sus veintes, Eugenio experimentó el amor salvador de Dios y se había comprometido:

«Qué ocupación más gloriosa que actuar en todo y por todo solo por Dios, amarlo por sobre todo lo demás». Algunos años después decidió: «A ti, y solo a ti se dirigirá todo mi afecto y todas mis acciones. Complacerte y actuar por tu gloria será mi ocupación diaria, la ocupación de cada instante de mi vida. Solo quiero vivir para eso, solo quiero amarte y a todo lo demás en ti y por ti… eres todo para mi, ocupas el lugar de todo, Dios mío, mi amor y mi todo.»

Cuarenta años después, a los 66, vemos que continuó viviendo según sus propósitos, encontrando su felicidad y descanso ante la presencia de Dios.  ¡Qué ejemplo para que aprendamos a seguirlo!

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NATURALEZA EPISCOPAL DE EUGENIO DE MAZENOD

“Día de elección del presidente de la república. Me presenté para votar y toda la mesa electoral se levantó para recibir mi voto. Este acto de respeto al carácter que sustento fue edificante”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Diciembre 10, 1848, EO XXI

REFLEXIÓN

Eugenio estaba convencido de que un obispo compartía la responsabilidad otorgada por Jesucristo a los apóstoles y recibía al Espíritu Santo para convertirse en el pastor principal de la diócesis.  En su diario personal lo vemos utilizar la palabra “naturaleza” (contraria a “posición”) en el sentido teológico de la transformación de un hombre a través del Sacramento de las Órdenes que recibe el poder para celebrar los sacramentos.

En este sentido deseaba que la gente reconociera al obispo y no a la persona, reconociendo el cargo y la naturaleza y el papel que le investía.

“Todos deben siempre seguir el liderazgo del obispo, tal como Jesucristo siguió el del Padre; sigan al presbiterio como lo harían con los Apóstoles; reverencien a los diáconos como lo harían con el mandamiento de Dios.  No permitan que nadie haga algo que toque a la Iglesia, aparte del obispo. Permitan que la celebración de la Eucaristía sea considerada válida bajo el obispo o a quien él haya designado. Donde se presente el obispo, permitan estar a las personas, al igual que donde está Jesucristo se encuentra la Iglesia Católica”. ((San Ignacio, Mártir y Obispo de Antioquía, Carta a los Esmirneanos, 8.)

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CUIDA EN PARTICULAR A LOS HERMANOS

Cuando inició nuestra Congregación en 1816, todos sus miembros eran sacerdotes diocesanos debido a su objetivo de predicar misiones y dispensar los sacramentos. Al convertirnos en congregación religiosa en 1818, la situación cambió y la vocación Oblata fue básicamente a la vida religiosa expresada y vivida en el ministerio sacerdotal de las misiones. Algunos llegaron pronto siguiendo el llamado a la vida religiosa, aunque no al sacerdocio, dando origen a los Oblatos Hermanos. Cada uno tenía dones particulares y muchos profesiones que pusieron al servicio de la misión de la Congregación. No es exagerado decir que los Hermanos fueron el sostén de la vida comunitaria, asegurando la estructura de apoyo a la vida religiosa y lo que fuera necesario para el total funcionamiento de la misión Oblata. En las misiones en el extranjero en particular, fueron la garantía de la vida comunitaria para los sacerdotes que siempre estaban ocupados en la predicación y ministerio sacramental.  En esos casos, la contribución misionera de los Hermanos fue su apoyo en oraciones al dar testimonio de su fe, la enseñanza de la religión, la construcción de iglesias, dirigir escuelas y compartir y enseñar a los pobladores locales sus oficios y habilidades particulares.

Puesto que fueron el motor de la vida religiosa sin haber estudiado teología, Eugenio insistió en que los superiores de las comunidades ayudaran a los Hermanos, en especial a quienes habían terminado el noviciado recientemente, para profundizar su conocimiento y la espiritualidad de la vida religiosa.

“Encarga a uno de nuestros Padres el cuidado particular de los Hermanos, dándoles al menos una instrucción por semana sobre los deberes generales y sus obligaciones como religiosos”.

Carta al P. Joseph Burfin en Limoges, Francia, Diciembre 9, 1848, EO X núm. 992

REFLEXIÓN

Siempre estoy agradecido a los Hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y por la inspiración que han sido para mí.  En mis siete años como escolástico en Cedara, Sudáfrica, dos hermanos estaban a cargo de una granja lechera, para apoyar nuestra subsistencia. (Uno de ellos era un noble británico, con derecho a ser llamado «Sir», pero que era un modelo de sencillez y humildad y a quien sencillamente llamábamos “Tío Bob»).  Ellos, además de otros a quienes he tenido el privilegio de conocer, han dedicado sus vidas a servir, inspirándome con su dedicación a la oración y vida religiosa ejemplar.  Actualmente los Oblatos Hermanos ocupan muchos ministerios importantes en todo el mundo, y damos gracias a Dios por este don.

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EL PAPA QUEDÓ PROFUNDAMENTE CONMOVIDO POR EL PROCEDER DE FRANCIA

Ante la tensa situación alrededor del bienestar del Papa Pío IX, quien se encontraba exiliado en Gaeta, Francia envió un emisario del gobierno invitándole a refugiarse en Marsella.  Eugenio nos narra:

“En resumidas cuentas, el Papa quedó profundamente conmovido por el proceder de Francia y los sentimientos personales del Sr. de Corcelles, aunque no aceptó por el momento”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Diciembre 11, 1848, EO XXI

Eugenio escribió dos semanas después:

Carta del Papa. No esperaba esta nueva señal de su bondad. Ya había encargado al cardenal Antonelli responderme. Esto debe ser visto como un favor y una prueba muy particular de benevolencia, y como tal la aprecio:
“Señor Obispo:
Nuestro corazón está realmente conmovido ante el filial amor que Francia ha manifestado al vicario de Jesucristo y el interés que toma por su situación presente. Dios bendiga a la hija primogénita de la Iglesia y la preserve del viento envenenado que agita a una parte tan grande de Europa. Que la colme de sus gracias abundantes para que vea florecer en su interior cada vez más bella la religión de sus padres. Nos estamos provisionalmente en Gaeta. La Providencia nos ha llevado ahí, sin designio premeditado de nuestra parte. Tenemos, no obstante, la esperanza de que se presente la oportunidad para poder manifestar a la nación francesa, de un modo más consolador, los sentimientos afectuosos de nuestro corazón, que ahora le da con afecto la bendición apostólica”.
Dado en Gaeta, el 14 de diciembre de 1848. Pío IX, Papa”

Diario de Eugenio de Mazenod, Diciembre 27, 1848, EO XXI

REFLEXIÓN

«La autoridad como Jefe de la Iglesia es un ministerio encomendado a él por el bien de todos, para que lo realice como buen Pastor, vigilando la salvación de todo el rebaño.  Incumbe a Quien ha sido investido con este ministerio “confirmar a sus hermanos en la fe” (Lucas 22:32), según el glorioso privilegio recibido de Jesucristo”.
(Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Febrero 16, 1860.)

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HE SENTIDO MUCHO ESTA PÉRDIDA, COMO LA DE TODOS AQUELLOS DE QUIENES SOY PADRE EN JESUCRISTO

El Obispo Eugenio se consideraba tanto padre de su clero diocesano como de los Oblatos, en especial cuando los ordenaba al sacerdocio. En su Diario escribe sobre su tristeza por la muerte repentina de un sacerdote diocesano de 24 años a quien había ordenado.

“Celebré la santa misa por el joven sacerdote Chaillan, vicario en Saint-Cannat, que acaba de morir de viruela, contraída de un enfermo a quien había administrado. He sentido mucho esta pérdida, como la de todos aquellos de quienes soy padre en Jesucristo. Siento vivamente cuán apegado estoy a ellos en todo lo que les afecta, pero sobre todo cuando la muerte me los arrebata. Se diría que estoy ligado a ellos por lazos de sangre”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Noviembre 18, 1848, EO XXI

REFLEXIÓN

Para Eugenio era muy importante el concepto de paternidad espiritual, pues veía el amor por sus hijos espirituales como un reflejo del amor paternal de Dios.

Actualmente, todos a quienes nos conmueve el carisma de Eugenio, podemos verlo como un padre espiritual, que refleja en nuestra vida cotidiana el amor de Dios.

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SI ES DIOS QUIEN LAS INSPIRA, BENDECIRÁ SU OBRA, DE NO SER ASÍ, SE DESVANECERÁ COMO TANTAS OTRAS QUE NO PROVIENEN DE ÉL

Eugenio siempre fue promotor del ministerio con los jóvenes y lo continuó como Obispo de Marsella. En su diario anotó algo concerniente a tres sacerdotes diocesanos que se consagraron al ministerio con los jóvenes en su diócesis.

“Misa en mi capilla; los padres Brunello, Guiol y Timon, muy buenos sacerdotes, hicieron ante mi el voto de vivir juntos para consagrarse a la santificación de la juventud. Según mi costumbre, acepto con agrado cualquier inspiración que lleve a la perfección. Si es Dios quien la inspira, bendecirá su obra; de no ser así, se desvanecerá como tantas otras que no provienen de Él”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Noviembre 4, 1848, EO XXI

El P. Timon-David era cercano al obispo y más tarde comenzaría su propia Asociación para la Juventud, convirtiéndose eventualmente en el fundador de una congregación dedicada al ministerio con los jóvenes: los Religiosos del Sagrado Corazón del Niño Jesús.

REFLEXIÓN

“Envíame a cualquier lugar, solo acompáñame. Pon sobre mí cualquier tipo de carga, solo sostenme. Corta cualquier vínculo, excepto el que me ata a tu servicio y a tu corazón”. (David Livingstone)

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ME ENVIÓ SU BENDICIÓN PERSONAL, ENCOMENDÁNDOME REZAR Y HACER REZAR POR ÉL

La situación se deterioró, y en noviembre de 1848 el Papa se vio obligado a salir de Roma. Eugenio y la gente de Marsella renovaron su invitación de albergarlo en su ciudad y muchos estuvieron convencidos de su llegada inminente, aunque nunca sucedió.  Eugenio escribió en su diario:

“Sin embargo, no debo dejar en silencio el testimonio de excesiva bondad que he recibido de Su Santidad quien dio al P. Rugues, procurador de los Redentoristas, la orden expresa de detenerse en Marsella para verme, saludarme de parte del Papa y decirme que me enviaba su bendición personal, encomendándome rezar y hacer rezar por él. Esto me decidió a publicar una pequeña carta pastoral, que será la primera en Francia, como también fui el primero en ordenar oraciones cuando la crisis en que se encontró el Papa hace unos meses”. 

Diario de Eugenio de Mazenod, Noviembre 28, 1848. EO XXI

REFLEXIÓN

“Sin embargo, puesto que el Supremo Pontífice posee en su santa persona la plenitud del poder apostólico, reuniendo en sí todos los derechos de la misión encomendada a Pedro y los demás Apóstoles, es a él a quien debemos dirigir nuestro mayor sentimiento de piedad filial.  Él es el Padre común, el Jefe de la gran familia de los hijos de Dios en la tierra”.  (Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Febrero 16, 1860.)

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MI MORADA, AL IGUAL QUE LOS CORAZONES DE TODO SU PUEBLO, SE ABRIRÍAN DE PAR EN PAR ANTE USTED

Las repercusiones de la Revolución de 1848 fueron dramáticas para el Papa Pío IX, quien sufrió amenazas en violentos levantamientos.  Eugenio le escribió:

“¡Si tan solo pudiera liberarlo por un instante de la carga de las penas de la Iglesia que tanto pesan sobre su Augusta testa!”

Luego hace una propuesta concreta al Papa:

“Puedo parecer atrevido al recordar que Francia ha sido a menudo un lugar de asilo para los pontífices perseguidos. Incluso como cautivos en tiempos recientes, cuando la falta de piedad dirigía el país, fueron aclamados triunfantemente a cada paso. Ahora, tal vez más que nunca, en especial en Marsella, la gente prodigaría las muestras más emotivas de veneración y amor al vicario de Cristo; sentirían que al poner pie en su suelo, se reforzaría lo que fue sacudido por la revolución; sería un símbolo de salvación para ellos, como un ángel de paz y esperanza.  Sentirían, por así decirlo, que el Señor llegó en persona a proteger y fortalecerlos en contra del mal.  No necesito expresarle que mi morada, al igual que los corazones de todo su pueblo, se abrirían de par en par ante usted”.

Carta al Papa Pío IX, Julio 3, 1848, citado en Leflon III pp. 250-251.

El Papa Pío no podía aceptar la invitación, por lo que al mismo tiempo, el Obispo Eugenio escribió una carta pastoral a su diócesis solicitando fervientes oraciones por él.

REFLEXIÓN

“El anterior es el evidente Jefe de la Iglesia, en total representación de Jesucristo, de quien es Vicario, mientras que los demás, nombrados de igual forma por Dios, comparten aunque en grado menor, esta sublime representación del Pastor Soberano de las almas.  El mismo principio que obliga a los cristianos a amar al Divino Salvador en su Iglesia, los obliga a un apego sobrenatural al Supremo Pontífice y a los demás Pontífices, que estando en comunión con él, son tanto sus hijos como sus hermanos en el apostolado”. (Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Febrero 16, 1860.)

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