¿CUÁNDO TERMINARÁN MIS ANGUSTIAS?

En medio de una carta al P. Jeancard en la que trata asuntos de los Oblatos, Eugenio tiene un momento en el que comparte algo personal, revelando su sufrimiento

¿Cuándo terminarán mis angustias? Desde Todos los Santos de 1828 no he tenido un solo día que no haya estado lleno de amargura.

La enfermedad y muerte de Marius Suzanne y la enfermedad y casi muerte de  Hippolyte Courtès le habían agotado tanto, que él mismo había caído enfermo y estado a punto de morir. Siguieron varios meses de lenta convalecencia en Grans y después en la casa de su hermana en St. Martin de Palliéres.

El pasado, presente y futuro pesan en mi corazón por igual; no concibo cómo puedo existir. Aun así estoy recuperando la  fuerza, probablemente en la proporción en que la necesito para soportar tan grandes pruebas. Sufrí mientras viví en…, estoy mejor desde que llegué aquí, pero me presionan para que salga. ¿Qué haría en otro lugar? El médico no quiere en absoluto que esté ocupado. ¡Ah! Si Dios hubiese permitido que muriera cuando todo estaba preparado, cuántas penas me hubiera ahorrado;

Un momento de depresión en su vida, acrecentado por la grave enfermedad de su sobrina de 19 años, Nathalie – motivo de que pasara algunos meses en la casa de su hermana.

pero que se cumpla su santa voluntad, a pesar de la oposición natural, sacudida en sus sentimientos más fuertes. Pero no escribo para mortificarte con mis penas.

Carta a Jacques Jeancard, Septiembre 26, 1829, EO VII núm. 337

Aún en los momentos más difíciles, nunca titubeó la fe de Eugenio a la luz del Salvador. Jesús le había abrazado en la Cruz, reconociendo  y viviendo su respuesta de oblación en cualquier situación.

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OFRECIÉNDOSE COMO VOLUNTARIO PARA CAPACITAR BUENOS SACERDOTES PARA LA IGLESIA EN ROMA

Mientras Eugenio escribía al embajador sardo para su visita a la Santa Sede, aprovechó la oportunidad de pedirle recordar al Papa sobre un proyecto que era importante para Eugenio: la formación de buenos sacerdotes en los seminarios. Desde la Restauración después de la destrucción ocasionada por la Revolución, la Iglesia en Francia había establecido un sistema de seminarios que estaba dando buenos resultados

Le ruego pues mi querido amigo, presente al Papa en mi nombre, ese pequeño obsequio como muestra de mi afecto por su sagrada persona  y por la Santa Sede apostólica. No olvide asegurar al Santo Padre que no tiene en Francia un hijo más devoto; le ruego se lo diga. ¡Ah! si quisiera que fuéramos a Roma para establecer un seminario para el clero secular como los que tenemos en Francia, a los que se debe la reforma de costumbres y resurgir de esta Iglesia…

Los Oblatos dirigían con éxito el seminario mayor en Marsella y Eugenio ofreció la posibilidad de dar el mismo servicio al Papa para los seminaristas de las pequeñas diócesis que rodeaban a la ciudad de Roma.

León XII no estaba lejos de ese proyecto. “Esto nos hace falta”, dijo al aprobar las Reglas de nuestra Congregación que, entre otros ministerios, comprende ése, gracias a Dios, con éxito.

Carta al Marqués de Croza, Julio 22, 1829, EO XIII núm. 72

Yvon Beaudoin nos da los antecedentes :

“Por varios años el Padre de Mazenod se había preparado para aceptar una tarea apostólica como ésta… En la nueva edición de la Regla (1825-1826), la reforma clerical permaneció como uno de los fines de la Congregación, aunque la dirección del seminario no se mencionaba en forma explícita. Sin embargo, en la petición del Padre de Mazenod al Santo Padre del 8 de diciembre de 1825 y en el documento papal Si tempus umquam por el cual León XII aprobó la Regla el 21 de marzo de 1826, se menciona la dirección de seminarios como un objetivo secundario del Instituto.” (http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=2320)

“Su deseo de convertirse en sacerdotes, o al menos el deseo de descubrir si son llamados a serlo. Así, la pregunta es seria, pues deben prepararse por completo con una clara intención y una formación austera.”  Papa Juan Pablo II a los seminaristas

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DOS SANTOS MISIONEROS CON LA MISMA FORMA DE PENSAR

Eugenio era devoto de muchos santos y creía firmemente en su ejemplo e intercesión. Algunas de las reliquias de su gran colección se encuentran en el museo de la Postulación en Roma.

Uno de sus modelos principales fue Alfonso de Liguori, fundador de los Redentoristas, con quien tenía mucho en común  (cf http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=647) y su espíritu ha moldeado de forma importante el nuestro.

Cuando el padre de Eugenio volvió a Marsella del exilio, a solicitud de su hijo pasó más de un año traduciendo al francés una biografía italiana de Alfonso, aunque nunca fue publicada. Al estar en Roma para la aprobación de los Oblatos, recolectó material biográfico y documentos acerca de Alfonso, que llevó de vuelta a Francia y encomendó al Padre Jeancard la tarea de escribir una biografía. El libro de 609 páginas se terminó en 1828, siendo el primero publicado en francés.

En 1829 Eugenio envió una copia de la obra al Papa, a través de un embajador

Cuando el Papa era Cardenal Gran Penitenciario, trabajaba con León XII en obtener para mi tío, el Obispo de Marsella, el derecho de rezar el Oficio y celebrar la fiesta del Beato Alfonso de Liguori en su diócesis; en sus cartas al respecto, dio testimonio de una gran devoción a esta sagrada persona. Uno de mis sacerdotes ha escrito una biografía del Beato Alfonso que tiene mérito, tanto en hechos como en estilo, creyendo apropiado que nuestro Santo Padre tuviera una copia, que le envío.

Un encantador toque personal:

Recomendé lo encuadernáramos lo mejor posible. Uno de nuestros jóvenes misioneros pensó en hacer una cubierta decorada que quedó muy hermosa. Desearía que el Papa utilizara esta cubierta para su breviario ceremonial; podría sugerirle la idea: sería una pena que tan hermosa obra solo acumulara polvo en una biblioteca.
Le ruego pues mi querido amigo, presente al Papa en mi nombre, ese pequeño obsequio como muestra de mi afecto por su sagrada persona  y por la Santa Sede apostólica. No olvide asegurar al Santo Padre que no tiene en Francia un hijo más devoto;

Carta al Marqués de Croza, Julio 22, 1829, EO XIII núm. 72

“Los Santos no fueron superhumanos, sino personas que amaban a Dios y compartían su alegría con los demás.”   Papa Francisco

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LAS VIDAS DE LOS SANTOS NOS INVITAN A ADMIRAR E IMITARLOS

Ayer vimos cómo Eugenio consideraba la presencia de los santos como “invitados”. Hoy continuamos con una reflexión del Padre Yvon Beaudoin, principal investigador vivo del Fundador, quien nos guía actualmente.

“Eugenio de Mazenod se refiere a menudo a los santos. Sus vidas le invitaron a admirar e imitarlos. Durante su retiro en mayo de 1818, por ejemplo, se sintió atraído por el poder de sus ejemplos:

“Debo ser santo,” anota, “y sorprendentemente parecía tan sencillo que no cuestioné lo que debe ser; una mirada a los santos de nuestros días, como el Beato Leonardo de Port-Maurice y el Beato Alfonso de Liguori, quienes me alentaron y fortalecieron. “

Durante sus visitas a Roma en 1825-1826 y 1854, visitó y rezó en muchas de las iglesias donde estaban sepultados los santos. Le confió al Padre Tempier que se sentía “sin pecado”, pues “aquí todo recuerda los grandes ejemplos de los santos, que aún parecen estar con vida para quienes andan por la ciudad con un poco de espíritu de fe.” A menudo los invoca con fervor y confianza

Yvon Beaudoin OMI, Vie Oblate Life, Volumen 67 (2008), pág. 149.

 

“Estaban en el mundo, sin pertenecer a él – no porque fueran santos, sino de forma distinta: porque fueron artistas. La integridad de un artista eleva a las personas más allá del nivel del mundo, sin alejarlos de él.”     Thomas Merton

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LOS SANTOS SON NUESTROS INVITADOS

Actualmente, al reconocer la santidad de una persona, la Iglesia tiene criterios para la canonización. El primero es que la persona  vivió de acuerdo a las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad de forma heroica. En el segundo, la Iglesia reconoce que las acciones, palabras y escritos de esa persona son ejemplares y puede ser imitada como modelo de un discípulo cristiano. En tercer lugar, la gente puede pedir la intercesión de esos santos.

Es por ello que Eugenio tenía gran devoción a los santos y deseaba que sus Oblatos la tuvieran también. En 1821 había escrito a Henri Tempier indicando que se dedicara  cada habitación de la casa a un patrón, a quien se refería como “invitado”, para servir de inspiración a la persona que ahí viviera.

Pedí hacer de inmediato el cuadro de las habitaciones y elegido a los santos protectores para cada uno de sus habitantes. Los patronos estarían instalados ya, de haber encontrado  las imágenes de quienes queremos como huéspedes.
No necesito decirle que apruebo lo que ha hecho, ni añadir que con gusto he seguido su proceso. Sin embargo, hubiese preferido patronos diferentes a los santos Ángeles, la Santísima Virgen, el Sagrado Corazón, el Niño Jesús, necesarios en las salas comunes.
Carta a Henri Tempier, Enero 9, 1821, EO VI núm. 58

Durante su convalecencia en Grans, reflexiona sobre los patronos de las aldeas que habían evangelizado, para que la gente de los diferentes lugares pidiera su intercesión. Escribe a Tempier, quien se encuentra en visita canónica a todas las casas  y en Nimes en ese momento :

Nunca he podido conseguir el nombre de los santos patronos de las parroquias donde se han dado misiones, por lo que nuestras letanías han quedado incompletas; mi intención sería que al saberlos y si son demasiado numerosos, sean repartidos por meses…
Exija para empezar, que los Padres de Nimes le den la lista de los santos bajo cuyo patrocinio han evangelizado a los pueblos hasta ahora.
Carta a Henri Tempier, Agosto 6, 1829,  EO VII núm. 334

Los santos  son nuestros “invitados” y nos acompañan en nuestro trayecto al Reino.

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EL MÉTODO DE EUGENIO AL TOMAR DECISIONES: PONER EN LA BALANZA TODOS LOS ASPECTOS DE UN ARGUMENTO

Aparentemente el Padre Jeancard había expresado no desear trabajar en una misión con alguien más, a lo que Eugenio respondió:

Nada más justo, mi querido amigo, que hacer observaciones, sobre todo dirigidas a un superior cuyos sentimientos y manera de actuar se conocen

Eugenio continúa comentando sobre su forma de tomar decisiones: escuchar a todos los implicados y tratar de equilibrar lo bueno de la persona con el bien de la misión de la Congregación Oblata

Sabes que no soy como quienes, sin considerar las conveniencias, e incluso las debilidades de los sujetos, no ven más que la perfección de la obediencia, preocupados solamente de lo que hay por hacer. He tratado siempre de compaginar todos los intereses (particulares) posibles con el orden de la Sociedad y el bien de las almas; así, sin aprobar tus errores los consideré, aunque no siempre prevalecieron

Como padre y superior que conoce bien a Jeancard, Eugenio le corrige sobre su actitud:

Es una gran lástima, no se puede negar, que no te hayas librado de lo que te quejas en varios individuos, pues tus  pretensiones son igualmente injustas.  Ése es el defecto que sigue en ti y del que me quejo, pues estoy convencido que es más voluntario de lo que crees, proveniente  ciertamente no de virtud.

Eventualmente, Eugenio optó por lo que Jeancard deseaba:

Como sea, para darte gusto cambié nuestro plan, no estarás en el Delfinado; el P. Honorat predicará esa misión en tu lugar; permanecerás trabajando en el Languedoc hasta nueva orden.

Carta a Jacques Jeancard, Septiembre 26, 1829, EO núm. 337

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EL MINISTERIO DEL LIDERAZGO COMO PRESENCIA

El Padre Honorat había sido superior de la comunidad Oblata en Nimes por tres años y ya no deseaba continuar. Eugenio se apoyaba mucho en los líderes de las comunidades para mantener la vida religiosa y la misión, de acuerdo al espíritu Oblato. Por ello mantenía una comunicación constante con todos los superiores.

Es inútil pedir no estar a cargo de la dirección de los demás; pasados tres años como superior veremos qué hacer.

Para Eugenio el papel del superior local era estar presente con quienes estaban a su  cuidado.

Incluso me es difícil aceptar que sea correcto permitir una ausencia de un mes para renovarte en el noviciado, como dices. El lugar de un superior es con su comunidad; las gracias de Dios no le faltarán en su puesto.

Carta a Jean Baptiste Honorat, Agosto 9, 1829, EO VII núm. 335

Algunos de los Oblatos encontraban dificultad en dicha responsabilidad y se les aseguraba recibirían la gracia necesaria para realizar el ministerio.

Es alentador saber que en todo el ministerio que realizamos en nombre de Jesús y en comunión con Él, tenemos Su compañía.

“Y me ha dicho; bástate ‘Mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9

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ES PRECISO SOMETERNOS EN TODO A LA VOLUNTAD DE DIOS, INCLUSO QUEDAR TODA LA VIDA EN LA NULIDAD EN QUE ME ENCUENTRO

Cuando convalecía, Eugenio escribió:

Hubiera creído, mi querido Padre Honorat, que ya fuera el P. Tempier, o el P. Courtés, te habrían tenido al tanto de mi salud; ésta se restablece tan lentamente que no me es posible estar al corriente en la correspondencia por mí mismo.
Cuando recibas mi carta, estará con ustedes  nuestro querido P. Tempier, a quien con pena he enviado en mi lugar para la visita necesaria; pero es preciso someterse en todo a la voluntad de Dios, incluso quedar toda la vida en la nulidad en que me encuentro.

Carta a Jean Baptiste Honorat, Agosto 9, 1829, EO VII núm. 335

Uno de los temas que constantemente encontramos en los escritos y espiritualidad de Eugenio, es la armonía con la voluntad de Dios – “incluso quedar toda la vida en la nulidad en que me encuentro.”

Qué difícil sentimiento para alguien que siempre estaba activo, siempre un líder dinámico y ocupado con la tarea de Dios. Si Dios me ha de utilizar estando en la nulidad, que así sea…

Se refiere a quien vio al mundo a través de los ojos del Salvador Crucificado. Se trata de la creencia de quien había sido atraído al pie de la cruz cerca de 22 años antes y había podido unirse a la “evanescencia” de Jesús en la Cruz. Eugenio estaba dispuesto a cooperar si así era como Dios deseaba utilizarlo en el mundo.

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NO DEBEMOS TEMER RECIBIR DONATIVOS, PUES NECESITAMOS EL DINERO

Un extracto de la carta aconsejando a Henri Tempier sobre su visita a Aix. No hay en ella un contenido importante, pero es un ejemplo de la tendencia de Eugenio a la administración cuidadosa. Como superior de los Oblatos, no descuidaba nada para que las comunidades funcionaran bien.

Hablé con el P. Courtés sobre el inconveniente del locutorio y piensa igual que yo, pero la dificultad será remediarlo. En su visita, no evite hablar de ello. Creo que se evitarán parte de los problemas absteniéndose de presentarse en el locutorio durante los recreos.

Otro tema práctico siempre era el económico. El sustento de los misioneros Oblatos provenía de su ministerio. Sin embargo, los formandos no tenían ingreso, pero había que cuidar y alimentarlos, lo que resultaba costoso.

En su visita a Aix no olvide fijar el sueldo del capellán de la pensión de la Srta. Chaniac. En el estado de nuestras deterioradas finanzas, es preciso saber exactamente con qué contamos. Desearía se evitara lo superfluo; esa casa está ricamente provista. Si hay personas bien intencionadas, no debemos temer recibir sus donativos, pues necesitamos dinero para alimentar a nuestros novicios.

Carta a Henri Tempier, Julio 16, 1829, EO VII núm. 333

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TRÁTELOS CON CONFIANZA Y DELICADEZA

Al llegar Henri Tempier en visita oficial a la comunidad de Laus a nombre de Eugenio, se le aconseja cómo tratar a dos Oblatos muy sensibles y con problemas. El primero era Alexandre Dupuy, quien dejaría a los Oblatos un año después.

Debe tratar al P. Dupuy con confianza y delicadeza, para disipar los injustos prejuicios que se la formado

(YENVEUX, VII, 97). Citada como nota al calce en EO VII núm. 333

Respecto al superior local de Laus, recomiéndele como algo proveniente de usted con la suavidad requerida, ser menos susceptible de lo que es; parece que es un defecto que todavía no ha reconocido.

Carta a Henri Tempier, Julio 16, 1829, EO VII núm. 333

El segundo que requería ser tratado con confianza y delicadeza era André Sumien, quien era una persona difícil con quien Eugenio había tenido desacuerdos en el pasado acerca de su comportamiento. El gesto de Eugenio había tenido la intención de tranquilizarlo.

No esperaré a su visita para nombrar segundo asesor al P. Sumien. Me alegra que le llegue directamente de mí, como muestra de haberle devuelto mi confianza, que él estaba convencido de haber perdido.

Carta a Henri Tempier, Julio 16, 1829, EO VII núm. 333

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