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BUSCAR EL REINO DE DIOS POR ENCIMA DE TODO
Nuestra misión es proclamar el Reino de Dios y buscarlo por encima de todo (cf. Mt 6, 33). Cumplimos esta misión en comunidad; y nuestras comunidades son un signo de que, en Jesús, Dios lo es todo para nosotros. Juntos esperamos la venida de Cristo en la plenitud de su justicia, para que Dios sea todo en todos (cf. 1 Cor 15, 28). Creciendo en la fe, la esperanza y el amor, nos comprometemos a ser levadura de las Bienaventuranzas en el corazón del mundo. Constitución 11
El padre Jetté (Superior General 1974-1986) escribió:
«El artículo 11 de las Constituciones es muy importante. Es el vínculo entre nuestra misión y nuestra forma de vida. Su elemento central es el Reino de Dios: tenemos la misión de proclamar este Reino y nosotros mismos buscamos este Reino por encima de todo. En el capítulo anterior vimos cómo el Oblato entiende la proclamación del Reino de Dios; ahora veremos cómo se esfuerza por vivir sus valores.
Estos dos aspectos son inseparables: no somos creíbles si no vivimos lo que predicamos. Como afirmó Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque son testigos” (Evangelii nuntiandi, n. 41).»
(O.M.I. El hombre apostólico, p. 121)
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MANTENGAMOS SIEMPRE ESTAS REGLAS ANTE NUESTROS OJOS, Y AÚN MÁS EN NUESTROS CORAZONES
Hemos llegado al final de nuestro recorrido con San Eugenio a través de las primeras diez Constituciones de lo que los miembros de nuestra Familia Carismática Oblata consideramos nuestro Libro de Vida. Estos artículos son un resumen del carisma que nos inspira a cada uno de nosotros a vivir de acuerdo con nuestros diversos estados de vida. El consejo de San Eugenio para nosotros:
Por eso, tengamos en alta estima esta preciosa Regla, mantengámosla siempre ante nuestros ojos, y aún más en el corazón; alimentemos continuamente nuestras almas con los principios que contiene; no hagamos, no digamos, no pensemos nada que no esté en conformidad con su espíritu. Solo así seremos lo que Dios quiere que seamos y nos haremos dignos de nuestra sublime vocación.
Notas del Retiro Anual, octubre de 1831, EO 15, n. 163.
Las Constituciones 1-10 describen nuestra visión e ideales; y al comenzar ahora a explorar la Constitución 11 en adelante, veremos cómo podemos poner en práctica estos ideales.
El carisma mazenodiano está contenido en las Constituciones y Reglas, en los Directorios de los laicos asociados y en los manuales de los diversos grupos de nuestra Familia Oblata: se nos invita a reflexionar sobre cómo pueden ser guías para que vivamos el Evangelio
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21 DE MAYO: AL PRONUNCIAR LAS PALABRAS «OH, DULCE VIRGEN MARÍA», EXHALÓ SU ÚLTIMO SUSPIRO
Dondequiera que nos lleve nuestro ministerio, nos esforzaremos por inculcar una devoción genuina a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria final de Dios sobre todo mal. (Constitución 10)
«Siempre la considerarán como madre», había escrito Eugenio cuando nos convertimos oficialmente en Misioneros Oblatos de María Inmaculada tras nuestra aprobación papal en 1826. Nos pidió que tuviéramos una «devoción tierna y filial».
A lo largo de su vida, María lo acompañó hasta su último aliento, mientras todos recitaban la oración del Salve Regina. Eugenio falleció durante la recitación del Salve Regina, al llegar a estas palabras: «Vuelve, pues, Abogada clementísima, tus ojos misericordiosos hacia nosotros, muéstranos a Jesús, el fruto bendito de tu vientre, ¡oh Virgen María, clemente, amorosa y dulce!».
El padre Fabre describe la escena:
Recitamos todo el Salve Regina, que nuestro querido Padre entendió y siguió plenamente. Al llegar a las palabras: «y después de este exilio muéstranos», abrió ligeramente los ojos; a cada invocación: «Oh clemente, oh amorosa», hizo un ligero movimiento; a la tercera: «Oh dulce Virgen María», exhaló su último aliento. Su hermosa alma estaba en la presencia de Dios. Carta circular a la Congregación, 26 de mayo de 1861
Gracias a su cercanía a María a lo largo de toda su vida, ella lo acompañó de hecho hasta el fruto de su vientre: Jesús. Que aprendamos a mirarla como madre y como nuestra fiel compañera de fe en nuestro camino cristiano, para que se nos muestre el fruto de su vientre en su plenitud en nuestra propia muerte.
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SIEMPRE HE DESEADO DARLA A CONOCER Y HACERLA AMADA (C10)
“Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
Después de una larga vida como hijo de María, en su cumpleaños 72 escribió en su testamento:
“Para este fin, invoco la intercesión de la Santísima e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, atreviéndome a recordarle con toda humildad, pero con consuelo, de la devoción filial de toda mi vida y del deseo que siempre he tenido de darla a conocer y hacerla amada, y de extender su devoción por doquiera a través del ministerio de quienes la Iglesia me ha otorgado como hijos, que han tenido el mismo deseo que yo… “.
Testamento de Eugenio de Mazenod, Agosto 1°, 1854, EO XV núm. 191
Quienes la “Iglesia ha otorgado a Eugenio como hijos”, somos la Familia Carismática Oblata actual, que sigue dando a conocer a María y hacerla amada, como la primera Cooperadora del Salvador.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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CON LAS PALABRAS “OH, DULCE VIRGEN MARÍA”, DIO SU ÚLTIMO SUSPIRO
“Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
“Siempre la veremos como madre”, escribió Eugenio cuando oficialmente nos convertimos en Misioneros Oblatos de María Inmaculada después de la aprobación papal en 1826. Nos pidió tenerle una “devoción tierna y filial”. A lo largo de toda su vida María le acompañó, hasta su último suspiro, mientras todos rezaban la oración Salve Regina.
Eugenio falleció al rezar el Salve Regina, en las palabras: “Ea, pues señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡Oh, clemente!, ¡oh, piadosa!, ¡Oh, dulce siempre Virgen María!”.
El Padre Fabre describe el momento:
“Rezamos el Salve Regina completo, que nuestro bienamado Padre comprendió y siguió. En las palabras “y después de este destierro, muéstranos”, abrió los ojos ligeramente; en cada invocación: ¡Oh, clemente!, ¡oh, piadosa!, hizo un ligero movimiento; en el tercer ¡Oh, dulce siempre Virgen María! dio su último suspiro. Su hermosa alma se encontraba en presencia de Dios”.
(Carta Circular a la Congregación, Mayo 26, 1861)
Por su cercanía de toda la vida con María, con seguridad ella le acompañó al fruto de su vientre, Jesús. Aprendamos a verla como madre y como compañera de fe en nuestro trayecto cristiano, para ver al fruto de su vientre al final, en nuestra muerte.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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DEBEMOS TENER UNA GRAN DEVOCIÓN POR ELLA (C10)
Siempre la veremos como nuestra madre.
“La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia”. Constitución 10
Tras un año como seminarista en San Sulpicio en París, Eugenio revela en su diario el lugar que tiene María en su espiritualidad.
“La devoción por la Santísima Virgen debe superar a todas las demás, pues la gloriosa Madre de Dios es llamada por la Iglesia: nuestra vida y esperanza. Es moralmente imposible para un alma avanzar en las formas de la perfección si carece de esta tierna y sincera devoción a la Santísima Madre de Dios”.
Consejos Generales para alcanzar la perfección, notas tomadas en 1809, EO XIV núm. 39
Quince años después, se regocija de que María Inmaculada siguiera teniendo una devoción especial en su Familia Misionera, como lo es actualmente.
“Que podamos comprender realmente quiénes y qué somos. Confío en que el Señor nos conceda esta gracia con la ayuda, y por la protección de nuestra Santa Madre, María Inmaculada. Debemos tener una gran devoción por ella en nuestra Congregación”.
Carta al P. Tempier en Marsella, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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A TRAVÉS DEL ROSARIO DE MARÍA TENEMOS UNA UNIÓN MÁS CERCANA CON JESUCRISTO (C10)
“… en ella, reconocemos el modelo de la fe de la Iglesia y de la propia”. Constitución 10
“María, por su parte, conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón”. (Lucas 2:19). Este patrón de la íntima relación de María con Jesús y su contemplación de las “virtudes y ejemplo”, fue el modelo para los Oblatos:
… la Santísima Virgen, a quien todos tendrán una especial devoción y afecto. Para ello, rezarán el rosario a diario”.
Regla de 1818, Segunda Parte, Capítulo Uno §5 Sobre la oración y ejercicios piadosos.
Actualmente:
“Intensificaremos nuestra intimidad con Cristo en unión con María Inmaculada, fiel servidora del Señor, y bajo la guía del Espíritu. Con ella, contemplaremos los misterios del Verbo encarnado, particularmente en el rezo del Rosario”.
CC y RR, Constitución 36
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DEBEMOS SER CUIDADOSOS DE NO VENERAR LAS IMÁGENES DE MARÍA SI ENSOMBRECEN A LAS REQUERIDAS POR LA PRESENCIA DE JESUCRISTO (C10)
“… en ella, reconocemos el modelo de la fe de la Iglesia y de la propia”. Constitución 10
El Obispo Eugenio quedó horrorizado cuando al ir a una iglesia en una festividad a María, vio que su estatua recibía tanto honor que el tabernáculo había sido utilizado como su pedestal. Decidió asegurarse que tal abuso nunca sucediera de nuevo en su diócesis. Los siguientes dos extractos de sus Cartas Pastorales, escritas con 20 años de diferencia, son ejemplo de su enseñanza:
“Así, es al Hijo a quien honramos en la persona de la Madre y es por ello que en nuestro homenaje a María sea imposible cruzar el límite y la consideremos una criatura, pues así Dios siempre permanece como figura suprema en todo homenaje”.
Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Julio 8, 1849.
“Nunca honramos demasiado a la Santísima Virgen, en tanto la devoción hacia ella sea comprendida y practicada en el sentido limitado de lo debido a una criatura, por grande y sublime que pueda ser.
Debemos ser cuidadosos sin embargo, de no dar a las imágenes comunes de la Madre de Dios una veneración cuyas señales externas parezcan ensombrecer a las requeridas por la presencia de Jesucristo. Por el contrario, la devoción que nuestra fe y amor debe a la adorable Eucaristía, será en proporción a nuestros medios humildes, muy superior a lo que usualmente damos y tenemos por María Inmaculada”.
Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Diciembre 21, 1859.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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RECIBE GRAN HONOR SOLO POR SER LA MADRE DE JESUCRISTO (C10)
“En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia”. Constitución 10
Al mismo tiempo que Eugenio profesaba un gran amor por María, siempre estuvo consciente de la importancia de nunca darle el primer lugar: es honrada solo por ayudarnos a dedicarnos más a su Hijo.
“El poder de intercesión de María y su amor maternal son aclamados por doquiera, y en nuestra época la devoción a ella se ha extendido maravillosamente. Recibe el mayor honor, al igual que en las grandes épocas de la fe y bendecimos al Señor por ello. El homenaje múltiple a la Madre de Dios marca un período de renovación en la fe. De María llega a su divino Hijo, siendo tan honrada solo por ser la Madre de Jesucristo. El nombre de María se invoca con tan gran confianza, que puede interceder por nosotros con su divino Hijo, a quien se reconoce como autor de todas las gracias”.
Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Diciembre 21, 1859.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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