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PREPARACIÓN PARA EXPERIMENTAR EL AMOR DEL PADRE EN JESÚS

Nuestra Regla de Vida describe el objetivo del año de noviciado para quienes se preparan para convertirse en Oblatos: “La etapa del noviciado concluye con el compromiso libre e impregnado de fe en la Congregación. Tras haber experimentado el amor del Padre en Jesús, el novicio consagra su vida a manifestar ese amor. Confía su fidelidad a aquél cuya cruz comparte y en cuyas promesas espera” CC&RR, Constitución 59

Eugenio luego enlista algunas de las cualidades que los novicios necesitan acrecentar, para poder lograr la meta

El deseo ardiente de la perfección, un verdadero gozo de verse situado en una posición tan favorable para alcanzarla, la entrega al servicio de la Iglesia, el celo por la salvación de las almas y un profundo afecto a la familia, deben caracterizar a todos nuestros novicios; amor, estima y fidelidad a las Reglas, pobreza, obediencia, respeto a los superiores, etc.; ayudémonos todos para lograr estos resultados…

Carta a Henri Tempier, Junio 18, 1828, EO VII núm. 302

¿Cuáles de mis cualidades se ven mejor para lograr mis metas hacia el Reino?

 

“El fracaso llega solo cuando olvidamos nuestros ideales, objetivos y principios.”   Jawaharlal Nehru

VENGAN Y VEAN

Nuestra Regla de Vida nos indica: “Nuestras casas acogerán de buen grado a aquellos que desean venir a ver y experimentar nuestra vida. Los ayudaremos fraternalmente a discernir lo que el Señor espera de ellos y la gracia especial que les ofrece en su Iglesia..” CC&RR, Constitución 53

El origen de esta práctica se remonta hasta los primeros  días de nuestra casa Oblata en Aix, que proveía alojamiento a estudiantes, daba la bienvenida a los miembros de la congregación de los jóvenes y también fungía como período de preparación para quienes consideraban la posibilidad de una vocación como Oblato.

El P. Martin me ha hablado de dos jóvenes que frecuentan mucho nuestra misión; los describe como modelos de virtud; pero ¿tienen talento? No podemos en adelante recibir a nadie que no esté provisto de él, pues nuestro ministerio lo exige. Que se apresuren a terminar los estudios que han iniciado…

Carta a Jean Baptiste Honorat, Mayo 9, 1828, EO VII núm. 300

 

“Nada se convierte en realidad sino hasta que se experimenta.”   John Keats

LOS SEMINARISTAS DIOCESANOS Y LOS ESCOLÁSTICOS OBLATOS

Concluyendo las presentaciones sobre la importancia de que los Oblatos se encargaran del seminario en Marsella (iniciando el camino en la participación en la educación en los seminarios en todo el mundo), Yvon Beaudoin nos da algunas cifras interesantes.

“La diócesis de Marsella, entonces la más pequeña de las diócesis de Francia por su extensión, pasó de 150.000 a 300.000 habitantes de 1826 a 1861. Esta población, casi por entero católica, era atendida en 1826 por 171 sacerdotes, la mayoría ancianos, y por 378 en 1860. El número de seminaristas, que ascendía a 70 en 1827, bajó a una treintena tras la Revolución de julio en 1830, y fue ascendiendo lentamente a unos 40 entre 1840 y 1854, y luego fue de 60 a 80. Los oblatos vieron pasar por sus manos a cerca de 330 seminaristas y los obispos de Mazenod efectuaron 300 ordenaciones sacerdotales.

               El seminario de Marsella jugó un papel importante en la historia del Instituto, no solo porque se trataba del primer seminario dirigido por los oblatos, sino también porque acogió igualmente como externos a los escolásticos de 1827 a 1830 y de 1833 a 1835, y luego como pensionistas de 1835 a 1854. Poco numerosos al principio, pasan a ser entre 20 y 40 por año, de 1835 a 1854. Alrededor de 225 escolásticos recibieron al menos una parte de su formación en el seminario mayor de Marsella, y 209 fueron ordenados sacerdotes por Fortunato y Eugenio de Mazenod entre 1827 y 1854.”Beaudoin, “Marsella, Seminario Mayor (1827-1862) ” en el Diccionario Histórico Oblato.

El Papa Francisco recuerda el efecto que sus profesores en el seminario tuvieron en él:

“Ingresé al seminario diocesano. Me gustaban los Dominicos, y tenía algunos amigos con ellos. Pero luego elegí a la Sociedad de Jesús, que conocía bien, pues el seminario estaba al cuidado de los Jesuitas. Tres cosas en particular me impactaron de la Sociedad: el espíritu misionero, la comunidad y la disciplina.”   Papa Francisco

ELEVANDO EL NIVEL INTELECTUAL DE LA CONGREGACIÓN

 

Eugenio escribe respecto al nombramiento del  Padre Albini al seminario:

¡Sabes bien que si recayera enfermo y no pudiera emplearlo en el puesto que le he  destinado…

Carta a Jean Baptiste Honorat. Agosto 23, 1827, EO VII núm. 275

“De 1827 a 1862, solo hubo dos superiores: los Padres Tempier y José Fabre; pero pasaron también 43 directores, que en promedio permanecieron solo dos o tres años… Además del P. Albini, algunos otros directores fueron vistos por Mons. de Mazenod y los contemporáneos, como hombres de grandes virtudes, si no como santos…

Al aceptar la dirección del seminario, el Fundador tenía sin duda en cuenta el bien que podía también  resultar para elevar el nivel intelectual de la Congregación. El artículo 7 del párrafo de la Regla sobre los seminarios expresa, por otra parte, esa esperanza con estas palabras: “No será pequeña ventaja para nuestra Congregación que algunos Padres que se han ocupado muchos años de la formación de los clérigos, se diseminaran en otras casas para mayor provecho de la doctrina y de la observancia regular”..”    Beaudoin, “Marsella, Seminario Mayor (1827-1862)” en el Diccionario Histórico Oblato

Actualmente, nuestra Regla de Vida insiste sobre la formación permanente para todos los  Oblatos:

La formación permanente abarca todos los aspectos de la vida personal del Oblato. Renueva y desarrolla su vida espiritual y sus recursos interiores, favorece el crecimiento de su madurez emocional y afectiva y perfecciona su habilidad pastoral. En todas las etapas de su desarrollo, le ayuda a verificar cómo se realiza la unidad entre su vida y su misión”

CC&RR, Constitución 69

 

“El maestro que es fiel a su misión y logra el mayor bien, debe dar prioridad tanto a la instrucción moral, como a la intelectual.”      Sheldon Jackson

NUEVO IMPULSO MISIONERO A LOS OBLATOS: UNA EDUCACIÓN SUPERIOR

Eugenio escribe respecto al nombramiento del  Padre Albini al seminario:

¡Sabes bien que si recayera enfermo y no pudiera emplearlo en el puesto que le he destinado…

Carta a Jean Baptiste Honorat. Agosto 23, 1827, EO VII núm. 275

 “Una escuela vale lo que valen sus maestros. En 1827, la Congregación no contaba todavía más que con una quincena de Padres, y ninguno había hecho estudios que le prepararan para la enseñanza en el seminario mayor.  Con todo, el P. de Mazenod podía contar con dos hombres de confianza, todavía jóvenes, pero religiosos entregados, con múltiples talentos: el P. Tempier, que sería el superior de la casa durante 27 años, y el P. Carlos Domingo Albini, profesor de moral de 1827 a 1835. Los otros dos o tres directores, escogidos entre los mejores oblatos, cambiaron con más frecuencia,

No es fácil saber exactamente cuáles fueron, durante mucho tiempo, los criterios que dirigieron al P. de Mazenod para escoger a los directores. En efecto, apenas en 1850 se redactó la parte de la Regla relativa a los seminarios, donde se mencionan las cualidades requeridas para esa función” Beaudoin, “Marsella, Seminario Mayor (1827-1862)” en el Diccionario Histórico Oblato, Volumen 1

UN NUEVO IMPULSO MISIONERO A LOS OBLATOS: LA FORMACIÓN EN EL SEMINARIO

Como respuesta a la necesidad del clero de cambio y formación, Eugenio estaba por enviar al Padre Charles-Dominique Albini al seminario mayor de Marsella como profesor y formador. Escribe al P. Honorat a propósito de ello:

¡Sabes bien que si recayera enfermo y no pudiera emplearlo en el puesto que le he destinado, sería un desorden terrible y acarrearía una consecuencia grave!

Carta a Jean Baptiste Honorat. Agosto 23, 1827, EO VII núm. 275

Yvon Beaudoin explica el antecedente.

“La diócesis de Marsella había tenido un seminario floreciente, dirigido por los Padres Lazaristas de 1648 a 1791. La Revolución suprimió la diócesis y cerró el seminario.

A su llegada a Marsella en 1823, monseñor Fortunato de Mazenod, primer obispo de la diócesis restablecida, fue saludado por 24 seminaristas marselleses que recibían su formación en Aix.  Ya en el mes de diciembre los llevó a Marsella, donde se abrió un seminario provisional en la calle Roja, y luego a Saint-Just, bajo la dirección de tres sacerdotes diocesanos.

El P. Francisco de Paula Enrique Tempier, nombrado vicario general de la diócesis en 1823, se encargó de hacer construir en la calle Roja un edificio que recibió a los seminaristas de 1827 a 1862, y después fue demolido para liberar los accesos a la nueva catedral.

En los nuevos locales, el obispo quería también instalar a un nuevo equipo de directores, preferentemente religiosos, para mayor unidad en la doctrina y en la formación. Recurrió a los sacerdotes del Sagrado Corazón, a los sulpicianos y a los lazaristas, pero sin éxito. Entonces confió la dirección del seminario a sus misioneros diocesanos, los Oblatos de María Inmaculada.

El P. Eugenio de Mazenod se preparaba desde hacía unos años para aceptar esa obra que la Regla de 1818 excluía, para dejar a los misioneros ocuparse enteramente de la predicación de las misiones parroquiales. Ya el Capítulo de 1824  había decretado que en adelante “no estaría prohibido encargarse, en caso de necesidad, de la dirección de casas eclesiásticas”. En la nueva redacción de la Regla en 1825-1826, la reforma del clero sigue siendo uno de los fines de la Congregación, sin que se trate del seminario, pero la súplica del 8 de diciembre de 1825 y el breve Si tempus unquam con el que León XII aprueba  la Regla el 21 de marzo de 1826, mencionaban la dirección de los seminarios como fin secundario del Instituto.

El Fundador no vio, pues, ningún impedimento jurídico para la aceptación del seminario de Marsella; el aumento del personal oblato en 1826-1827 le permitía también formar una nueva comunidad, la cuarta de la Congregación.”

Beaudoin, “Marsella, Seminario Mayor (1827-1862)” en el Diccionario Histórico Oblato

 

“La formación espiritual en la tradición cristiana, responde a una pregunta humana específica: ‘¿Qué tipo de persona seré?’ Es el proceso para establecer la naturaleza de Cristo en la persona. Es todo de lo que se trata.”   Dallas Willard

NOVICIADO: EL INICIO DE UNA FLAMA

Antes de que los candidatos a la vida Oblata se comprometieran, debían hacer un año intenso de oración y reflexión, llamado noviciado. El comportamiento de  Nicolas Riccardi y algunos otros habían llevado a Eugenio a preguntarse qué tan bien se dirigía el noviciado. Escribiendo al Oblato responsable de los novicios, Eugenio reflexionaba al respecto.

[Los novicios] no tienen todavía el espíritu de la sociedad; hay que moldearlos en la obediencia, en la abnegación de sí mismos, en el amor a la pobrera y en muchas otras virtudes desconocidas en los seminarios donde han vivido hasta hoy. La esperanza de la Sociedad se basa en el buen uso del tiempo del noviciado. No dudo en sacrificar todo por esta primera necesidad de la Compañía;

En la casa de Aix había solo algunos jóvenes candidatos estudiantes

tanto peor para los escolares en formación; siento que será más lento su progreso; que vayan a instruirse a otra parte si quieren ir más de prisa. Los recibiremos de nuevo cuando hayan aprendido lo necesario para entrar al noviciado. Termino recomendándote no hacer lo que dices te va a ocasionar cansancio, aun cuando sufran por ello los escolares; y no debes contar por mucho tiempo ni con Riccardi ni con Reynier, a quienes no dejaré salir del noviciado hasta que estén verdaderamente formados en el espíritu religioso

Carta a Hippolyte Courtès, Febrero 2, 1826, EO VII núm. 222

Hoy en día nuestra Regla de Vida continúa acentuando la importancia del noviciado:

“El noviciado, período de iniciación del candidato en la vida religiosa oblata, está orientado hacia un compromiso público en la Congregación… Bajo la guía del Maestro de novicios, los aspirantes se aplican a captar el sentido de la vida consagrada. Así pueden discernir más claramente el llamamiento del Señor y disponerse, en clima de oración, a responder al mismo.”   CC&RR, Constitución 55

 

“La educación no es llenar un balde, sino iniciar una llama.”   William Butler Yeats

FORMACIÓN: EL BUEN EJEMPLO CAMBIA A LA GENTE

En el aniversario de la muerte del Padre Marcou, la evocación de Eugenio le hizo recordar el origen del trayecto vocacional del P. Marcou como Oblato.

Ingresó al seminario después de varios años practicando la virtud en la congregación. Allí se distinguió por su piedad. Llevó a la comunidad el espíritu vivido en la congregación, un santo ardor de propagar el bien. Logró formar en su entorno un pequeño núcleo de fervorosos seminaristas. 
Desde 1812 había introducido en la casa donde iba para mis retiros anuales, la pequeña asociación de celo que existe en el seminario mayor de París. Esta asociación se había perpetuado en la casa de Aix. Marcou era demasiado fervoroso y tomó parte en ella. Cumplió con tanta inteligencia como éxito la tarea impuesta a cada miembro de la asociación. Él solo logró más resultados felices que todos los demás juntos. Varios seminaristas me han dicho que debieron a su ingeniosa caridad el haber realizado bien su seminario.
El Señor recompensó su celo confirmándolo en el propósito que tenía al ingresar en el seminario, de asociarse a los misioneros que yo había reunido cuando él era sólo un congregante. Siempre me había ocultado su proyecto y no me enteré hasta el día en que vino a pedirme con insistencia lo admitiera en nuestra sociedad. Convencido de la excelencia de esa vocación, había conseguido que uno de sus condiscípulos [ed. Padre Jacques Jeancard – más tarde obispo auxiliar de Eugenio en Marsella], a quien apreciaba por sus buenas cualidades, siguiera el mismo camino. Con esa conquista se me presentó, contento de mi sorpresa y dicha.
Hizo su noviciado como se podía esperar de un alma como la suya

Diario del 20 de Agosto de 1838, E.O. XIX

 

“Creo que la única forma de evangelización aceptable es la evangelización del buen ejemplo.”   Andrew Greeley

FORMACIÓN: CONCIENCIA DE LAS EXIGENCIAS DE NUESTRA VOCACIÓN

El noviciado era un tiempo clave en la formación de futuros Oblatos, por lo que Eugenio deseaba que fuera separado para lo que estaba destinado. Para quienes no somos novicios Oblatos, tal vez el sentido de la invitación de Eugenio es reflexionar en si estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo en lo que se supone debemos hacer en este momento de nuestras vidas. ¿Estamos viviendo la gracia del momento actual?

Haría falta que los novicios fuesen verdaderamente novicios, que se les tuviera continuamente ocupados, sea en el interior del noviciado, con el estudio que está permitido por nuestras Reglas, con las instrucciones, con las prácticas de la más excelente piedad, es decir la renuncia a sí mismo, la humildad, la pobreza, la obediencia; sea fuera con algunas obras de celo, tales como los catecismos a los pobres, a los enfermos y a los prisioneros, la visita a hospitales, etc. Si no tomamos ese partido, no haremos nada que valga la pena. Reflexionad maduramente en todo lo que acabo de deciros.

Carta a Henri Tempier, Noviembre 26, 1825, EO VI núm. 208

 Nuestra Regla de Vida actual tiene este principio en mente:

«Guiados por el Espíritu que vive en ellos, los novicios crecen en amistad con Cristo y se adentran gradualmente, por la oración y la liturgia, en el ministerio de la Salvacion. Se acostumbran a escuchar al Señor en la Escritura, a encontrarse con Él en la Eucaristía, y a reconocerle en los hombres y en los acontecimientos. Llegan también a contemplar la acción de Dios en la vida y la misión del Fundador, y en la historia y las tradiciones de la Congregación. Algunas ocasiones de trabajo apostólico en ambiente oblato los ayudan a captar mejor las exigencias de la vocación misionera y la unidad de la vida religiosa apostólica.»        CC&RR, Constitución 56

 

“Por sobre todo, vive el momento presente y Dios te dará toda la gracia que necesites.” Francois Fenelon

FORMACIÓN: ESTAR CERCANO A LOS JÓVENES

Los Oblatos que acompañan a los novicios necesitan estar disponibles para ellos por completo y no ausentarse debido a otras preocupaciones (sin importar qué tan importantes puedan ser). En nuestro mundo actual de tanta exigencia mediática, esto podría verse además como una señal de no perdernos en tareas innumerables, concentrándonos en una mejor calidad.

El P. Courtés está demasiado ocupado, por otra parte, haría falta un hombre sólo para eso, o que pudiera ocuparse más en ello. Que se proporcionen a esos jóvenes todos los medios posibles de perfección y después de una corta prueba, si no muerden bien, que se les eche sin piedad. Para qué sirve tener unos sujetos que nos consumen y que en agradecimiento por nuestros cuidados sólo nos darán disgustos.
Pero una vez más habría que ocuparse mucho y casi únicamente de ellos, estar con ellos continuamente, formarles en una palabra, y con las instrucciones y la dirección y la conversación misma.

Carta a Henri Tempier, Noviembre 26, 1825, EO VI núm. 208

 Al mismo Courtès, Eugenio le escribe:

Que el principal cuidado de los novicios sea un trabajo asiduo para adquirir las virtudes religiosas y el espíritu de un verdadero misionero conforme a nuestras Reglas… Tendrías que librarte de varios cuidados para ocuparte más del noviciado. Si pudiésemos reemplazar a Guibert en el ejercicio del ministerio, le encargaría de buena gana esa parte bajo tu dirección.

 Carta a Hippolyte Courtès, Diciembre 6, 1825, EO VI núm. 210

Hoy en día:

«Atentos a las mociones de la gracia en ellos, los animan, los ayudan y los acompañan en su desarrollo integral como personas, en su progreso espiritual y en el discernimiento gradual de su vocación oblata»     CC&RR, Constitución 51

 

“Los jóvenes requieren guía y simpatía, mucho más que instrucción.” Anne Sullivan