VENGAN Y MUESTREN SUS HERIDAS AL ÚNICO DOCTOR QUE DIOS HA INSTITUIDO PARA CURARLAS

Los sermones en la Magdalena tuvieron un carácter cuaresmal para preparar a sus oyentes a la Pascua de Resurrección. Después del primer sermón, donde Eugenio situado su dignidad a los ojos del amor de Dios, sus temas para los siguientes domingos fueron: Cuaresma y ayuno, las verdades necesarias para la salvación, el pecado y la confesión. Por último, después de dar una enseñanza sobre la confesión en la que por dos veces habla de ella cómo “una balsa para salvarnos del naufragio” dada por Dios, continúa:

No, hermanos míos, como veis, no hay otros medios para recobrar la gracia de Dios cuando se le ha ofendido, y aún debemos estimarnos muy afortunados con que el Señor nos haya dejado esta tabla para salvarnos del naufragio. ¿Y en qué pensáis entonces al alejaros de ella, a qué peligros no os exponéis?

Luego vuelve a la meta de todo su sermón –la invitación a encontrar al Salvador en el sacramento:

Convertíos, pues, volved a Dios, y tomad para ello el único medio que el Señor os ha dejado. Dad este primer paso, el único que debe costaros, llegad hasta nosotros. Venid a mostrar vuestras llagas a los únicos médicos que Dios ha establecido para curarlas; como sabéis, a los leprosos del Evangelio se les ordenó que se presentaran a los sacerdotes, y el Señor que había escuchado su ruego no quiso curarlos sino por el ministerio de aquellos a quienes había dado ese poder en la tierra. Así es también entre nosotros; es el Salvador quien cura, pues solo a Dios corresponde obrar ese prodigio; pero cura por sus ministros, y cura como Dios, pues observad que una palabra le basta para esa resurrección, como le bastó una palabra para crear el universo.

Instrucción familiar sobre la confesión, dada en provenzal el 4° domingo de cuaresma de 1813, E.O. XV n. 115

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