¿CÓMO NO VA A LATIR CON FUERZA EL CORAZÓN ANTE EL RECUERDO DE HOMBRES ADMIRABLES QUE DEDICARON SU DESCANSO A MI INSTRUCCIÓN RELIGIOSA Y ME FORMARON EN LA VIRTUD?
Venecia traía a Eugenio recuerdos de las dificultades durante su exilio, de la separación de sus padres, de las carencias financieras y del temor al ejército revolucionario en Francia.
“Necesitábamos alejarnos de todas esas emociones, que en realidad nos hacían casi daño, pues sentíamos a la vez gusto y pena.”
En esos momentos oscuros, solo había una luz brillante que transformó la vida del adolescente: el Padre Bartolo Zinelli.
“Dejo a los libros describir la belleza de esta ciudad; solo expreso mis impresiones de cosas diferentes. ¿Cómo no estremecerse ante los lugares que nos recuerdan los primeros años de nuestra adolescencia, la ayuda que la Providencia me prodigó en esa época, donde comenzó a desarrollarse mi conocimiento? ¿Cómo no va a latir con fuerza el corazón ante el recuerdo de hombres admirables que dedicaron su descanso a mi instrucción religiosa y me formaron en la virtud? Se asombraban al oírme recordar el nombre de cada uno de los que me acogieron en mi infancia, de verme citar todas y cada una de las particularidades de sus vidas, de mostrar el lugar que ocupaban en las casas en que vivimos juntos, y de recordar el bien que de ellos recibí. No podían comprender las huellas tan profundas que dejaron en mi corazón las buenas obras a las que debo el poco bien que en mí pueda haber, que resulta de esta primera educación y de la dirección que estos hombres de Dios supieron dar a mi espíritu y a mi joven corazón.”
El Padre Bartolo Zinelli era un joven sacerdote que vivía con su familia mientras esperaba poder volver con los Jesuitas en tiempos más pacíficos. La casa de los Zinelli se convirtió en el lugar de refugio de Eugenio, y la familia Zinelli se convirtió en su ancla. La influcencia de Don Bartolo fue notoria en la espiritualidad y ministerio de Eugenio por el resto de su vida. (Ver: HUMANO, CRISTIANO, SANTO: DE LA EXPERIENCIA A LA CONVICCIÓN Y UNA FORMA DE VIDA http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=2402)
“¡Oh bienaventurado Zinelli! ¿Qué habría sido de mí sin usted? ¿Cuántas acciones de gracias no deberé a Dios por haberme llevado a conocer y tener el cariño de tan santo personaje? ¡Pasar cerca de cuatro años, y precisamente los más peligrosos, bajo la dirección de un verdadero santo que inspirado por la más afectuosa caridad, no sólo me instruyó en las humanidades, sino que me formó en la virtud, tanto por su ejemplo como su enseñanza! Era el benjamín de la familia y por quien tenía el mayor afecto.”
Diario de Eugenio de Mazenod, Mayo 26, 1842, EO XXI
Una invitación para que recordemos, en oración y gratitud, a quienes han influido de forma importante en nuestras vidas.
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