NO PUDE CONTENER LAS LÁGRIMAS, PUES SU BONDAD TOCÓ MI CORAZÓN. ES ALGO  EXTRAORDINARIO Y SOLO PODEMOS QUEDAR ATÓNITOS ANTE DIOS Y ESTA PROTECCIÓN

Después de compartir las buenas noticias con los Oblatos, Eugenio reflexionó con alegría, misma con la que recordamos este año del bicentenario:

“¡Comprendes, querido amigo, y que todos nuestros queridos Hermanos lo hagan, el valor de estas palabras pronunciadas por la Cabeza de la Iglesia de Jesucristo!  Después de que expuse a su juicio los puntos esenciales de nuestras Reglas, después de su reflexión por dos días sobre mi discurso, contrario a las conclusiones de quien hizo el reporte sobre el asunto, es que dijo:

“No, me agrada este Instituto, deseo aprobar sus Reglas”.  Favorable como doctor y juez, también desea ser padre: “Elija un Cardenal, uno de los menos estrictos de la Congregación…”. No pude contener las lágrimas, pues su bondad tocó mi corazón.  Es algo extraordinario y solo podemos quedar atónitos ante Dios y esta protección tan inmerecida, (considerando mi parte en ella), que todos ustedes, mis queridos hijos, que sirven al buen Señor con tan buena voluntad, han propiciado para mi consuelo y felicidad para toda la Sociedad.

Al salir de la casa del Arcipreste Adinolfi, dije un “Te Deum laudamus” de todo corazón y entré a la iglesia donde descansa del cuerpo de San José Calasanz, para agradecer a nuestro Señor y pedirle terminar su labor”.

Carta a Henri Tempier en Marsella, Diciembre 22, 1825, EO VII núm. 213

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