HAN  MUERTO  TODOS  LOS  QUE  NUESTROS  PADRES  ASISTIERON

El P. Mille, originario de Marsella, había comentado a Eugenio su preocupación por los Oblatos y su familia.  Esto fue una oportunidad para describir las acciones heroicas de los Oblatos durante la epidemia.

Entiendo mi querido P. Mille, tu preocupación por nosotros y tu familia. En efecto, estamos bajo el peor azote del cólera. Esta vez es atroz.  Bastan solo algunas horas para que aqueje sin aviso al hombre más fuerte.  Los sobrevivientes son tan raros, que se puede decir no hay escapatoria al verse contagiado.
Han muerto todos los que nuestros Padres del Calvario asistieron todas las noches; no creo exagerar al decir que de cien mueren más de noventa…
Tuvimos dos días de tregua: en las dos parroquias más pobladas de la Mayor y San Lorenzo, con más de veinticinco mil almas entre las dos, no había ocurrido ningún caso, pero a los dos días el mal se reavivó de forma importante y  fue necesario en ambas parroquias llevar la comunión cinco veces en una sola noche. La migración en el pueblo es enorme. Hoy investigaré si tu madre se ha ido, pero ante todo quiero asegurarte que nadie de los que te interesan ha caído enfermo.

Carta a Jean Baptiste Mille, Agosto 26, 1837, EO IX núm. 637

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