ESPERO  QUE  EL  POBRE  HOMBRE  RECIBA  TODA  LA  AYUDA  QUE NECESITA Y A LA QUE TIENE DERECHO

Un prisionero condenado a muerte deseaba recibir los sacramentos, pero muchos clérigos seguían la práctica Jansenista de no proporcionarlos. Eugenio se encontraba de visita en la Diócesis de Gap y en ausencia del obispo local, quiso llevar la misericordia de Dios al pobre preso abandonado.

Escribo al Sr. Lagier, director del seminario mayor de Gap, para repetirle más explícitamente lo que le dije el otro día: es pecado no dar la comunión al condenado, que está dispuesto a recibirla; que la costumbre francesa, que aunque ya no es general, es un abuso terrible contra el cual no cesan de reclamar los Papas…

Empatizando con el sufrimiento del preso, Eugenio respondió

Acepto con gusto dar al desdichado el sacramento de la confirmación, aunque considero habría sido necesaria la preparación previa de la comunión anual; para evitar dificultades, ofrezco dársela yo mismo, siendo solo necesario me prepare un altar en alguna habitación de la cárcel a falta de capilla, o en la misma celda si hiciera falta; que quede bien claro que la comunión será para satisfacer la obligación actual y luego habría que cumplir el participar de la eucaristía en peligro de muerte. Espero que esta carta urgente y basada en principios, unida a mis argumentos y palabras del otro día, tendrá resultados, y que el pobre hombre reciba toda la ayuda que necesita y a la que tiene derecho.

Diario de Eugenio de Mazenod, Julio 14, 1837, EO XVIII

En nuestra Constitución 4 encontramos el corazón y acciones de San Eugenio puestas en acción:

“A través de la mirada del Salvador crucificado vemos el mundo rescatado por su sangre, con el deseo de que los hombres en quienes continúa su pasión conozcan también la fuerza de su resurrección (cf. Fil 3, 10).”

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *