EN DEFENSA DE EUGENIO ANTE LA REINA Y REY DE FRANCIA

Después de su viaje a París para recaudar fondos para el seminario en Córcega y defender la causa de Eugenio con el rey Louis Philippe, el Padre Hippolyte Guibert escribió el 11 de agosto de 1835 al Padre Tempier para darle un reporte de su entrevista con el rey. Guibert escribió:

Al comentarle que al estar en Marsella de paso había visto al venerable obispo que me había ordenado y sabiendo que iría a la capital, el venerable anciano me dijo de la pena que tenía en sus últimas horas de vida, debido al predicamento de su sobrino y por las calumnias de las que era víctima.

Tras terminar el superior de Ajaccio su reivindicación del Obispo de Icosia, la respuesta de Louis Philippe fue:

Que le complacía mucho escuchar lo que acababa de decirle y esperaba haber estado equivocado; que a pesar de lo sucedido, estaba aun dispuesto a olvidar todo. Una vez que Guibert había logrado su objetivo, le recordó  ‘del desastroso decreto que había dejado sin la ciudadanía francesa al Obispo de Icosia, francés hasta lo último de su ser.’ Entonces el rey me dijo: ‘¿Está usted consciente de que aceptó un obispado como titular sin mi permiso?’ ‘Sí, señor, lo sé, pero aseguro a Su Majestad que fue en buena fe y sin saber del decreto y sin ningún otro motivo.’

‘¡Muy bien entonces! Aceptaré su palabra de ello,’ respondió el rey. ‘En cuanto a lo demás, nada quisiera que retirar dicho decreto; sin embargo, el asunto debe ser tratato de acuerdo al procedimiento de costumbre. Louis Philippe concluyó declarando que se encargaría de lograr ‘todos los pasos que llevaran a restaurar la armonía fueran favorables. La religión se verá beneficiada por ello. ’ Citado en Leflon II pp. 494-495

Una semana después, el Padre Guibert tuvo una audiencia con la reina, reportada en Leflon II pág. 496:

El 17 de agosto, la reina, a quien “el rey había comentado respecto a las dos solicitudes de Guibert,” a su vez, otorgó una audiencia al superior de Ajaccio. Marie-Amelie pronto se hizo cargo del primer asunto, prometiendo “aportar para nuestra capilla,” y de inmediato tomó el asunto del Obispo de Icosia. Guibert ofreció su reivindicación, enfatizando el valor del prelado, “un hombre de gran habilidad,” y solicitó la mediación de la reina, quien se mostró “amable y comprensiva más allá de las palabras.”

Se había iniciado con éxito el camino a la reconciliación.

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