DESEO  CONSERVAR   MI   DIGNIDAD,   SI  SOY   VÍCTIMA  DE  LA   INJUSTICIA Y LA CALUMNIA

Ahora que la puerta se había abierto, el Padre Guibert escribió acerca del siguiente paso a dar. (Toda la interacción fue a través de correspondiencia, pues Guibert se encontraba en París, Eugenio en Notre Dame du Laus y Henri Tempier estaba en Marsella.)

El Obispo de Marsella y el Obispo de Icosia harán llegar cartas al rey para eliminar cualquier sospecha de hostilidad. Además, el Obispo de Icosia asegurará al rey que el cargo en su contra como enemigo del gobierno se trató de una calumnia y que al aceptar el obispado, de haber sabido que ello incomodaría a su masjestad, lo habría rechazado; es más, si hubiera cualquier irregularidad en ello, suplica a su majestad que por su soberana voluntad, sea tan amable de remediarlo.

Hippolyte Guibert a los Obispos Fortuné y Eugenio, Agosto 17, 1835, citado en Leflon II pág. 498.

A Eugenio no le agradaba tener que pasar por alto el mal trato recibido de parte del gobierno y hacer de cuenta que todo había sido su culpa.

Ha sabido por mi última carta, mi querido Tempier, lo que le dice el P. Guibert, sin sospechar que podría preparar el camino y que el rey se haya mostrado tan bien dispuesto.

En cuanto a la carta que me aconseja escribir no lo creo oportuno en este momento, pues no podría dejar de verla como bajeza. Cuando me hayan hecho justicia, si así lo deciden, será el momento de agradecer; pero ahora, expuesto a una negativa, arriesgo demasiado. El Ministerio me ha enseñado a temer tal clase de reveses; recuerdo aun la insolente respuesta que recibí en mis generosos primeros pasos; no escribiré, pues al menos deseo conservar mi dignidad, si soy la víctima de la injusticia y la calumnia.

Carta a Henri Tempier, Agosto 21, 1835, EO VIII núm. 535

Tempier le respondió, no ocultando su exasperación:

¡Oh, cuán tedioso es todo cuando aplicamos el celo y la actividad que hemos dedicado a este asunto! La falta de apreciación me quita la mitad de fortaleza y valor y admito que mi razón para actuar no son ya tan fuertes y si la persona de cuyo favor nos preocupamos tanto no fuera tan cercana a mí y amada por mi corazón, lo tomaría con mucho, mucho más calma…

Carta de Henri Tempier a Eugenio de Mazenod, Agosto 23, 1835, EO2 Tempier núm. 82

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