LA PRÁCTICA DE LOS DEBERES QUE HABÍA CONSAGRADO LIBREMENTE Y PARA SIEMPRE AL SEÑOR

Eugenio continúa su carta al Padre Rossi, en la que trata de reflejar su conciencia para atraerlo a las responsabilidades a las que se comprometió públicamente.

En espera de más información de su parte, le autorizo a quedarse donde se encuentra. Pero sepa bien que mi autorización se basa en la necesidad extrema de sus padres, que supongo no pueden prescindir de la ayuda que su trabajo les proporciona…

Eugenio le da puntos de referencia para evaluar su estilo de vida y vida religiosa.

Es decir, debe escribir de vez en cuando para comentar sobre su posición y consultarme sobre su interior. Debe exponer lo que hace, si vive honorablemente y sin riesgo para el alma, sobre la retribución de su trabajo, lo que da a sus padres, cuáles son las razones para creer poder pedir dispensa por su posición temporal actual.
En una palabra, escriba con el corazón permeado por los deberes de su estado y para probar que verdaderamente, por causa de fuerza mayor y en contra de su voluntad, se ve obligado a solicitar un permiso que lo coloca fuera de la esfera que la Providencia le había fijado y de la práctica de los deberes que había consagrado libremente y para siempre al Señor.
Adiós, mi querido P. Rossi, espero que reconozca en todo cuanto digo, la solicitud de un padre que le ama.

Carta al Padre Joseph Rossi, Febrero 12, 1835, EO VIII núm. 505

This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *