NO TE PREOCUPES, PUES DIOS EN SU BONDAD, COMPENSARÁ LO QUE HAGA FALTA

Los Oblatos escribían a Eugenio para comentar sus éxitos y dificultades en la predicación de misiones paroquiales y para solicitar su consejo. El recién ordenado Padre Vincens tenía problemas con el sacramento de la reconciliación. 

No habrías tenido las dificultades que me dices, de haber podido hacer tus primeras campañas con alguien con experiencia.

Eugenio se refiere a las misiones en las parroquias de las aldeas al utilizar el sacramento de la reconciliación como medio para el crecimiento espiritual y el acompañamiento. El penitente llegaba a confesión por primera vez. Al recibir consejo sobre cómo lograr un cambio de vida, el penitente llegaría una segunda vez y recibiría la absolución en los temas que había trabajado. 

La primera sesión con el penitente debe ser sobre dos puntos principales: el 1º y 6º preceptos. Por ejemplo, desde ese momento emites tu juicio, diciéndote: absolveré a este hombre, a menos que no se enmiende en absoluto. Cuando vuelve, y aunque no lo reconozcas, si se ha enmendado, lo absuelves por el juicio hecho durante la primera acusación. En cuanto a la contrición con la que tenías dificultad, te habrías librado de esa preocupación al haber practicado nuestro precioso ejercicio del acto de contrición, uno de los más poderosos medios, propio de nuestra Congregación, y que hasta el presente ha sido siempre infalible.

Eugenio termina recordando al joven Oblato que es la tarea de Dios la que realiza y a confiar en que Dios le acompaña. 

Pero tranquilízate, Dios se habrá hecho presente. Adiós, te abrazo a ti y a tus compañeros, llevándolos en mi corazón y bendiciéndoles.

Carta a Ambroise Vincens, Enero 17, 1835, EO VIII núm. 503

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