UNA CONCLUSIÓN DOLOROSA

El Papa y las autoridades vaticanas se encontraban manejando una delicada situación política con el Gobierno francés, pues veían el panorama completo al mantener relaciones entre la Iglesia y el Estado.  En el proceso, “sacrificaron” a Eugenio, quien escribió al Vaticano:

[…] Por no causar la menor pena al Santo Padre, he ordenado a mi abogado abandonar mi causa y retirar mi apelación… 

Eugenio se siente incomprendido y abandonado por la Iglesia, a quien había servido tan fielmente:

Mons. Cappaccini está muy tranquilo en el Quirinal, preocupándose poco por la magnitud del sacrificio hecho por un obispo que abandona sus derechos y sus armas ante un enemigo astuto y poderoso, que podrá abusar de su victoria y pisotearme a su antojo. 

Eugenio siempre había mostrado lealtad al Papa ante la feroz oposición, como  “ultramontano.”  La profundidad del sentido de abandono por parte del Vicario de Cristo, le lleva a escribir, con dolor, lo siguiente:

Le mando una copia de mi carta al Ministro de Cultos. Verá en ella que dejo todo y me abandono a la divina Providencia. Desearía añadir: “y a la benevolencia del Santo Padre”, pero espero poco de su parte. El Santo Padre, según me parece,  no ha apreciado mi carácter ni mi servicio que me daban derecho a su protección, ni todo lo que he hecho en tiempos difíciles por la Iglesia romana, ni el afecto que me otorgaron León XII y Pío VIII.  
Si la persecución me obligara a exiliarme y retirarme a Roma, sé que no contaré   con el favor ni la simpatía: la recompensa me llegará de Dios Sentimos lo profundo de su sufrimiento en esta carta.Quisiera tener un corazón menos sensible: amaría menos, me ocuparía menos de muchas cosas que me llegan al fondo del alma, y sería feliz.  

Carta al Obispo Frezza, Secretario de la Congregación para Asuntos Extraordinarios en el Vaticano, Noviembre 28, 1834, EO XV núm. 175 

Beaudoin concluye su narración:“Pasa el invierno de 1834-1835 en Marsella; pero en la primavera, viendo su posición insostenible… parte para l’Osier y Nuestra Señora de Laus, donde permanecerá hasta finales de octubre.” (EO 8 páginas XXV-XXVI)

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