HACE 200 AÑOS: UN RETRATO-ROBOT DE OCHO PUNTOS

Al escribir la Regla de 1818 Eugenio quería poner por escrito el espíritu de los Misioneros tal como ellos mismos lo habían experimentado durante tres años. Su objetivo era que otros pudieran ser transformados por el mismo espíritu, siguiendo esta regla de vida. El prólogo contiene algunos de los elementos importantes de nuestra vocación y puede ser descrito como un retrato robot de ocho puntos, todavía válido para nosotros hoy.

1/ Si los sacerdotes a quienes Dios ha dado el deseo

Uno llega a ser un Misionero (o a unirse a la familia Mazenodiana) como una respuesta a un deseo puesto en nosotros por Dios. Este es el pre-requisito absoluto de nuestra vocación.

2/ de reunirse en comunidad

La primerísima respuesta a la llamada de Dios es llegar a formar parte de una comunidad. De ahí que Eugenio acentuase que no somos “soldados solitarios”.

3/ para trabajar más eficazmente por la salvación de las almas

Juntos, como un cuerpo unido, seremos capaces de poner en común nuestros talentos y esfuerzos, de modo que podamos alcanzar más lejos para traer a otros al Reino.

4/ y por su propia santificación

El Misionero es un cooperador del Salvador y él necesita, lo primero de todo, nuestro trabajo, para nuestra propia salvación, de modo que podamos invitar a otros a compartir nuestra propia experiencia del Reino.

5/ quieren hacer algún bien en la Iglesia

La vocación del Misionero está siempre en el contexto de la Iglesia. Él actúa en el nombre de la Iglesia, como parte de la misión de la Iglesia.

6/ deben antes convencerse profundamente del fin del Instituto que van a abrazar,

Cada uno ha de ser consciente, constantemente, del propósito y del espíritu de los Misioneros, y estar convencido de los fines de la Congregación. Ésta no es un lugar para que cada cual “realice sus propias cosas”, aunque sean muy excelentes.

7/ deben convencerse profundamente de la grandeza del ministerio al que son llamados

El Misionero necesita entender la importancia de lo que está llamado a realizar y de su dignidad como un cooperador de Jesucristo.

8/ deben convencerse profundamente de los inmensos frutos de salvación que pueden resultar de sus trabajos, si los desempeñan dignamente.

El Misionero necesita ser plenamente consciente de las riquezas que está ofreciendo a través de su predicación y sus actos, y de cómo éstas pueden cambiar la vida de los demás.

El texto completo:

Prólogo
Si los sacerdotes a quienes Dios ha dado el deseo de reunirse en comunidad para trabajar más eficazmente por la salvación de las almas y por su propia santificación, quieren hacer algún bien en la Iglesia, deben antes convencerse profundamente del fin del Instituto que van a abrazar, de la grandeza del ministerio al que son llamados y de los inmensos frutos de salvación que pueden resultar de sus trabajos, si los desempeñan dignamente.

Missions, 78 (1951) p.11

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