ACEPTACIÓN DEL OBISPADO POR EL BIEN DE LOS OBLATOS

Siempre he visto el episcopado con ojos distintos a muchos otros;

Al Padre Martin de Loirlieu, capellán de la Iglesia de San Luis-des-Français, Roma, Octubre 4, 1832, EO XV 165

Eugenio nunca había deseado ser obispo y había rehusado aceptar algunas situaciones que le habrían llevado a serlo. Su ideal era dedicar su vocación por completo a ser Misionero Oblato. Fue solo por proteger y asegurar el futuro de su pequeño grupo que aceptó ser Vicario General de su tío en Marsella, y eventualmente aceptar ser obispo, para salvar a la diócesis de Marsella, garantizando su futuro y el de los Oblatos.

Al escribir a los Oblatos, les asegura

Comprenden que esta alta dignidad y gran carácter que se me han encomendado, no disuelve en absoluto el vínculo que me une a nuestra Congregación, pues por el contrario, el motivo determinante de mi aceptación fue la convicción del bien que podría resultar para ella, cuando (Dios quiera pase mucho tiempo en ocurrir), tuviéramos el infortunio de perder al protector que el Señor nos proporcionó en mi venerable tío, el Obispo de Marsella. Circunscritos como estamos y aún poco conocidos, he pensado, al igual que a quienes he consultado de los nuestros, sería conveniente presentarme en todas partes como responsable de esa pequeña familia recién nacida e ignorada, que ha debido crecer entre espinas, como obispo elegido por el Jefe Supremo de la Iglesia, consagrado ante los ojos y por orden suya, en la capital del mundo cristiano, por un cardenal-prefecto de la Congregación de Obispos y Regulares, que lo representaba en tal función.

A los Padres y Hermanos en Billens, Octubre 24, 1832, EO VIII núm. 439

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