NADA PUEDE SER MÁS LEGÍTIMO QUE EXPRESAR NUESTRO DESEO, SIN EMBARGO…

Jean Antoine Bernard, de 24 años, había concluido su formación Oblata en Billens, siendo ordenado sacerdote 5 meses antes. Parece que se le había pedido realizar un ministerio en particular y expresado su reserva al respecto a su superior local, el P. Mille, quien era joven e inexperto. El P. Mille no supo cómo manejar a alguien que no mostrara una “obediencia ciega”, a lo que Eugenio responde:

Las observaciones del P. Bernard no me han parecido fuera de lugar, si no han cruzado los límites señalados en tu carta. Nada más justo que manifestar su opinión, pero también es deber respetar la prudencia que Dios da a los superiores.
Seria un gran desorden fomentar tal apego exclusivo a un ministerio determinado, del que no fuera posible separarse ni siquiera momentáneamente, sin causar dificultad.

A Jean Baptiste Mille, Mayo 30, 1832, EO VIII núm. 423

Eugenio menciona la cuestión del discernimiento de la voluntad de Dios en el ministerio: la importancia de la interacción entre el deseo personal y la visión global de la situación que tiene el responsable de la comunidad. El discernimiento no significa una obediencia ciega, sino escuchar todas las posibilidades, a la luz de la Palabra de Dios.

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