DESEANDO UNA MISIÓN EN ÁFRICA

Francia había conquistado Argelia el 4 de julio de 1830. Al enterarse Eugenio, vio la oportunidad para una misión con los más abandonados, y de inmediato ofreció enviar ahí a los Misioneros Oblatos.

Desde que Argelia fue conquistada por el rey Carlos X (4 de julio de 1830), me he dedicado a ofrecer a los católicos de la colonia los auxilios de nuestra religión, abrigando además en mi corazón, la esperanza de algún día ver a muchos infieles abrir los ojos a la luz de la fe. Escribí al obispo de Marsella, mi tío, rogándole escribir al Primer Ministro de entonces y al cardenal Gran Capellán para obtener ayuda y protección para tal fin. El proyecto fue de su agrado y  me contestaron se daría atención cuanto antes a ese asunto tan importante, dando a nuestra Congregación la ayuda y protección solicitadas.

El Gobierno estaba complacido con la idea y justo cuando Eugenio iba a escribir solicitando la autorización del Papa, estalló la Revolución de Julio, dejando el proyecto sin realizar.

Mientras tanto, me disponía a escribir al Sumo Pontífice, nuestro protector siempre magnánimo y querido (León XII), cuando se abatió sobre nosotros la infortunada revolución (julio 1830). Esperamos ver lo que ocurriría, si Francia mantendría o no su conquista.

Dos años después continuaba la gran necesidad, por lo que Eugenio retomó el proyecto de poder enviar a los Oblatos.

Las noticias que recibimos más tarde revelaron la carencia, dado el número de católicos que acudían a esas regiones, de los auxilios que podían prestarles algunos sacerdotes, poco habituados al ministerio. Fue así cuando despertó en mi corazón el deseo de atenderles, ofreciendo de nuevo la ayuda de nuestra Congregación, pero esta vez ya no al Gobierno que no tiene el mismo celo por la fe, sino a Roma, que por derecho y por amor, tiene siempre “la solicitud por todas las Iglesias”…
Como sea, si Su Eminencia deseara ampliar esa misión, le ofrezco de nuevo nuestra muy pequeña Congregación.

Carta al Cardenal Pedicini, Prefecto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide,  Abril 10, 1832, EO V núm. 1

Yvon Beaudoin concluye en una nota al calce: “El Cardenal Pedicini tomó muy seriamente su carta, puesto que escribió al Nuncio en París sobre el particular. Este último respondió el 29 de junio de 1832, que el Gobierno no aceptaría a los Oblatos, pues la Congregación no tenía reconocimiento oficial y porque el P. de Mazenod y sus misioneros no contaban con simpatías.”

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