LOS SACERDOTES DEBEN CUMPLIR LOS DEBERES DE CARIDAD DE SU SANTO MINISTERIO, AÚN A RIESGO DE CONTRAER EL CÓLERA

Un suceso que siempre aterraba a todos era un brote de cólera. Eugenio escuchó que se había extendido hasta Suiza y le preocupaba el peligro que implicaba para los jóvenes en formación en ese lugar. Escribe al superior, P. Mille:

… Lo primero que deseo mencionarte, es del cólera-murbus que los periódicos anuncian haber llegado a Suiza; me preocupa saberles tan cerca del peligro, a tanta distancia de mí. No comprendo como no ha llegado aún a nosotros, dada la falta por completo de las precauciones exigidas por la más elemental prudencia. Dios me da la gracia de estar presente, pero temo por ustedes, pues me han demostrado que su celo no se ajusta siempre a la prudencia. Tienes una gran responsabilidad y no olvides que la menor imprudencia que arriesgue a la comunidad de la que estás a cargo, te será imputada..

Eugenio recomienda que los escolásticos se mantengan a salvo, pero que los sacerdotes se preparen para el posible contagio de la enfermedad, al tratar con los enfermos y moribundos.

En caso de que llegue a ustedes la enfermedad, cuida a quienes no son sacerdotes y los mismos sacerdotes deben cumplir los deberes de caridad de su santo ministerio con las precauciones adecuadas.

Carta a Jean-Baptiste Mille, Abril 21, 1832, EO VIII núm. 420

Eugenio mismo había puesto su vida en riesgo en 1814, al hacer lo mismo por los prisioneros de guerra austriacos y esperaba que sus Oblatos se prepararan a hacerlo – el significado de “oblación”.

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