LA GRACIA DE UN SEGUNDO LLAMADO

En nuestra reflexión anterior, Eugenio había escrito al superior formador acerca del Hermano Saluzzo, quien vacilaba en su vocación. Eugenio se dirige ahora directamente al joven:

Tú mismo … me hiciste saber tu satisfacción durante mi estancia en Billens. De pronto cambias de opinión, dando una razón tan terrible, que nadie con sentido común puede hacerte caso en absoluto.  Sin embargo, se trataba nada menos que de renunciar a tu vocación…
Ahora persistes en tu infidelidad.  La sentencia pronunciada de antemano por Nuestro Señor sobre los que miran atrás una vez que han puesto la mano en el arado no te asusta, aunque la razón que aduces sea más o menos como la que no salvó al joven del Evangelio de la maldición del Salvador. Es una gran desgracia, pero no está en nuestras manos impedirlo; lamentamos perderte, pero seremos inocentes ante Dios al hacer todo lo posible para apartarte del propósito evidentemente inspirado por el enemigo de nuestra salvación. Consiento entonces que dejes Billens y te separes de esos ángeles, cuya sola presencia salvaguardaba tu débil virtud.  Irás primero a Nuestra Señora de Laus, para ponerte hasta nueva orden bajo el manto de nuestra Buena Madre. Es el último recurso que empleo para salvarte. Ve con un corazón recto, invoca con fervor a esa poderosa protectora, pídele la sencillez y docilidad que necesitas en esta circunstancia decisiva en tu vida.

Al Hermano Saluzzo, Diciembre 8, 1831, EO VIII núm. 411

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