De forma realista, Eugenio se da cuenta de que, para poder ingresar en la oración, debe luchar por alejarse del trabajo y sus exigencias – de otra forma su intento por estar en oración será como nadar contra una corriente de agua imposible de superar.
3º Ponerme luego en un total sosiego de espíritu y de cuerpo, sin esforzarme en hacer nada. El actuar de otro modo sería querer remontar una corriente rápida con mucha dificultad y poco éxito al salir del cúmulo de asuntos de todas clases en los que estoy habitualmente hundido.
Aquí encuentra la esencia de la oración: la necesidad de encontrar un relajamiento mental y físico, para permitir a Dios hacerse cargo. Este relajamiento es una parte integral del proceso de oración – es la oración. “Suéltalo, permite a Dios”
4º En cuanto el torrente se haya vaciado y comience a estar solo conmigo mismo, pediré a Dios la gracia de hacer el retiro con fruto. Invocaré con el mayor fervor que me sea posible a la Santísima Virgen, a San José, a mi ángel de la guarda y a otros santos.
Propósitos de Retiro, Octubre 1831, EO XV núm. 162