En estas líneas tocamos el centro de la oración de Eugenio por quienes amaba: “Me ocupo de ustedes ante Dios”. Era en la presencia de Dios, en la oración, que Eugenio estaba en comunión con quienes estaban ausentes.
Mis queridos hijos, ya estoy a dos días de ustedes, cada día me separa más de mi familia querida; les tengo a todos presentes, tal como son y ¡con qué gusto me ocupo de ustedes ante Dios!
Todas las tardes y frente al tabernáculo, Eugenio se encontraba con los Oblatos que estaban lejos. Utilizaba la palabra íntima “rendezvous” para ello: un amigo, el encuentro con el Amigo y con todos los amigos en esa divina amistad.
Ahí es donde me encuentro con ustedes. Hablen a menudo de mí a ese Padre común que con su divino Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, es el centro de todos nuestros corazones; amémosle y amémonos en él cada vez más.
Carta a Juan Bautista Mille y a los escolásticos, Noviembre 17,1830, EO VII núm. 371