INCERTIDUMBRE SOBRE EL FUTURO DEBIDO A LA REVOLUCIÓN DE JULIO

Mientras Eugenio se encontraba en Suiza, se había decidido que su anciano tío, el Obispo Fortuné, agobiado por la situación anti-religiosa en Marsella, saliera de Francia y se refugiara en Niza. Eugenio le encontró allí, tras un temible viaje por las montañas, en el que su carruaje se había quedado atrapado en la nieve.

Por fin, a las 9 de la noche llegamos a Niza, yendo a la casa de nuestro respetable y muy amado tío; después de una buena cena tan necesaria, fuimos a descansar, dando gracias a Dios de que todos estuviéramos bien, incluso mi madre, que ha hecho prodigios a su edad tan avanzada.

Carta a Henri Tempier, Diciembre 2, 1830, EO VII núm. 372

Otro desafío: el Arzobispo de Aix acababa de morir y Eugenio expresó su preocupación en cuanto a la actitud que pudiera tomar su sucesor respecto a los Oblatos. Eugenio se había acercado a las autoridades religiosas extranjeras para ver la posibilidad de establecer a los Oblatos en otro lugar, en caso de que debieran salir de Francia.

Siento gran pena por no poder presidir el oficio por el Arzobispo, pues siento sinceramente la pérdida de ese buen prelado. Comparto sus temores sobre la elección de su sucesor y por varios motivos; por eso no descuidaré nada al preparar un refugio para quienes probablemente se pida desalojar. Me he ocupado de ello desde que salí de Friburgo y tengo esperanza de conseguirlo, si nuestras oraciones nos obtienen la protección de Dios; hay grandes dificultades que superar, pero ¿qué obstáculos no derriba la oración de las almas que solo desean complacer a Dios?

Carta a Henri Tempier, Diciembre 4, 1830, EO VII núm. 374

¡Sin duda, tiempos difíciles!

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