Después de describir lo que es claramente una experiencia mística, Eugenio continúa:
De ello llegué a la conclusión de que nuestro buen Salvador había querido darme la prueba de aceptar los sentimientos que acababa de expresarle con la sencillez de mi corazón. Se lo comento con la misma simplicidad con que ocurrió, para su propio consuelo y ánimo. No me hable más de ello y siga rezando por mí.
Carta a Henri Tempier, Agosto 23, 1830, EO VII núm. 359
Este hermoso y pequeño texto es un indicativo de la relación constante de Eugenio con “su buen Salvador”. Tiene importancia su decisión de no mencionarlo ya. Eugenio siempre fue muy reservado acerca de sus consuelos y experiencias espirituales, cuyos frutos abundantes fueron obvios en su calidad de vida, liderazgo y ministerio.