Ante todas las malas noticias que llegaban de Francia, su preocupación por la seguridad de quienes le eran cercanos y la propia dificultad en su salud, la relación de Eugenio con Jesús fue la fuente de su fortaleza.
Encontré su carta del 17, mi querido amigo, al volver de mi corto paseo. Aunque aguardo cada día peores noticias, cuando éstas llegan, me es imposible evitar una profunda tristeza, sobre todo cuando las penas en casa acrecientan la carga ya tan pesada que llevo. Le diré, sin embargo, que no me desanimo y estoy afligido, sin estar abatido. Creo que nuestro Señor nos ayudará con su gracia a soportar todas nuestras penas.
Carta a Henri Tempier, Agosto 23, 1830, EO VII núm. 359