Tempier describe a Eugenio un incidente sobre ello. La bandera en la casa del obispo era la de la monarquía Bourbon y no la tricolor de la revolución, por lo que escribió:
La contienda ya comenzó. El teniente general, comandante de la guardia nacional, el alcalde y un asistente llegaron para solicitar urgentemente a nuestro prelado colocar la bandera tricolor. Su Excelencia tuvo una respuesta para todos sus argumentos. Cuando el teniente general comenzó a presionar demasiado, el prelado le informó que, en lo que a él concernía, nunca ordenaría el cambio de bandera, pero que no se encontraba físicamente apto para repeler a quienes pudieran ingresar a su residencia, tras lo cual el asistente fue al ayuntamiento por la bandera que ya tenían lista y volvió con ella para izarla. El asta estaba rota, así que el asistente tuvo que atar la bandera a un palo con un pedazo de cuerda y traer una escalera de la catedral; después la izó, con ayuda de algunos de los soldados de la guardia nacional. Anocheció mientras todo ello sucedía y una gran muchedumbre se reunió afuera del palacio. Sin embargo, claramente todo mundo se dio cuenta de que la bandera fue colocada a la fuerza y con violencia.
Carta de Henri Tempier a Eugenio, Agosto 20, 1830, Citada en Leflon 2 pp. 345-346
Eugenio respondió a ello
Según la última escena que me relata, si yo fuera el obispo, habría dejado de habitar en mi palacio y salido al día siguiente. En ningún sitio se ha cometido tal violencia… Lo repito, no creo que mi tío deba habitar una casa donde le han probado no ser el dueño.
Carta a Henri Tempier, Agosto 24, 1830, EO VII núm. 360
Dos días después:
Le he sugerido en varias cartas, mi muy querido amigo, que pienso Monseñor debiera ir a Italia para no estar expuesto a todos los disturbios que por su muy avanzada edad, podrían afectarle hasta el punto de que su salud se resintiera seriamente. Insisto en ello, Niza no está tan distante como para que no pueda hacer el viaje cómodamente y la cercanía le facilitaría no estar apartado de su diócesis mientras duren los disturbios y volver rápidamente en cuanto se juzgue necesaria su presencia. Insisto en ello con mayor razón, pues es lo que han hecho algunos de sus colegas que tenían menos motivos para decidirse a ese prudente medio de conciliar diversos intereses. El motivo que podría alegar sería la violencia del otro día. Su domicilio fue realmente violado al hacerse por la fuerza lo que él se había rehusado en repetidas ocasiones. Dicha violencia solo se ejerció con él en toda su diócesis ¿cómo pudo ser así? Al ser tratado tan bruscamente en esa circunstancia, no es difícil prever no será mejor en adelante. A su edad, tales impresiones no quedan sin afectación; es pues derecho natural evitarlas, retirándose por algún tiempo.
Recuerde que lamentará no seguir el consejo. Sensible como es, ninguna resolución que pueda tomar dejará de preocuparle, de inquietar más o menos su espíritu y de repercutir en su temperamento.
Carta a Henri Tempier, Agosto 26, 1830, EO VII núm. 361