Su reflexión sobre los ideales, ardiente celo y altísimos logros de los primeros grupos Jesuitas, llevó a Eugenio a sentirse frustrado al compararlos con algunos de los primeros grupos de Oblatos. En los últimos años se había sentido particularmente desilusionado por la calidad de los hombres que se les unían y su capacidad para perseverar en las dificultades y apego estricto a la Regla de Vida.
¿Vemos algo parecido a nuestro alrededor? Debemos formar con dificultad a algunos jóvenes, la mayoría de quienes no alcanzan a concebir los grandes ideales que deberían elevarlos por encima de todo lo que los rodea.
Ni uno solo que pueda brindar algo propio, aportar una piedra al edificio que debería construirse con el esfuerzo conjunto. ¡Tiempos infortunados! ¡Detestable influencia del siglo en los espíritus!
Lamentaba su falta de respuesta, frialdad y debilidad, a pesar de todo lo que se hacía para motivarlos.
Si hay algunos capaces de producir algo, es en sentido inverso y en vez del impulso que obtendrían muchas voluntades orientadas al mismo objetivo, debemos ver debilitarse todos los dardos que habrían de salir de nuestras almas, con los miramientos, precauciones y razonamientos que hay que usar con ellos para al menos utilizarlos en la zona de mediocridad donde esas almas frías y sin vigor quieren mantenerse.
Eugenio estaba muy desilusionado por no poder mejorar la situación y concluye:
Acabé pidiendo a Dios que me llevara de este mundo, si no voy lograr más de lo que he hecho.
Carta a Henri Tempier, Agosto 1°, 1830, EO VII núm. 351
Anteriormente y a menudo, pudimos ver a Eugenio en la cima de su pasión y fuego emocional y aquí le encontramos desilusionado y en un punto emocional bajo. Sin embargo, en unas cuantas horas cayó en cuenta de que había exagerado al expresarse y veremos que cambia de parecer. No olvidemos que nunca hubo intención de hacer pública esta carta – se trata de un torrente personal que expresa al P. Tempier, a quien le confiaba todo, incluso sus peores momentos.
“Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro.” Oscar Wilde