ENCARGÁNDOSE DE LOS ACREEDORES Y PERMITIENDO  QUE LOS POBRES  LLEGUEN A SU CORAZÓN

He tomado suficiente tiempo para describir algunas de las actividades del joven  Eugenio, con la intención de enmarcar su conversión y vida futura, así como su espiritualidad. Sin embargo, su vida social, los placeres y la búsqueda de alguien con una gran dote, sólo fue una parte de cómo ocupó su tiempo. Sus otras dos preocupaciones fueron las finanzas familiares y el estudio personal.

Eugenio era un astuto hombre de negocios (aprendiendo de su madre y la prima de ella,  Roze). Su padre no podía volver a Francia debido a sus deudas, así que Eugenio se propuso cobrar las deudas a la familia de Mazenod – utilizando el dinero para saldar las deudas de su padre. La correspondencia con su padre de 1803 – 1807 detalla el avance de las transacciones.

Pielorz narra: “Además de la preocupación de recobrar la herencia de su tío bisabuelo, debía encargarse de cobrar las pequeñas deudas a su padre y las pequeñas pensiones de su padre. Eugenio se dió a la tarea con una astuta sagacidad. No solo se trataba de obtener el pago de las deudas, sino también de encargarse que los acreedores de su padre no lo supieran. Sin embargo, en ocasiones su sensibilidad le prevenía de apegarse a las reglas que se había impuesto. Era una gran satisfacción que los acreedores del Presidente de Mazenod recibieran de improviso su dinero, que ya habían dado por perdido…

Algunos ejemplos de su correspondencia:

Me dió tanta pena, que tengo la intención de darle 6 ó 9 francos mañana para pagar su viaje.

Carta a su padre, Junio 29, 1804, Méjanes, Aix.

Hago lo más posible para recobrar algo del dinero que nos deben. ¡Oh qué tarea tan difícil! Hasta ahora solo he encontrado gente en la miseria sin posesiones, con mayor necesidad de recibir que de dar.

Carta a su padre, Junio 1°, 1804, Méjanes, Aix.

De verdad, no tienes idea de la pérdida de tiempo que es esto yendo de un lado a otro, y la molestia que estas deudas incobrables me ocasionan. Pero no debemos dejar nada pendiente.

Carta a su padre, Agosto 16, 1805

Cuando había una posibilidad de ser reembolsado, Eugenio tenía determinación en sus exigencias. Escribe acerca de una viuda a la que visitó en su sucia casa, que fingió estar en malas condiciones económicas, incapaz de pagarle. Pronto se desvaneció cualquier compasión que pudiera tener por ella:

Me hizo sentir pena por ella, pues yo no estaba al tanto de toda la situación, y cargado de pulgas salí de ahí, con la promesa de que me pagaría en cuanto pudiera vender su casa. Pasó mucho tiempo y luego descubrí que realmente no se encontraba en la miseria y sí tenía dinero, pues poseía una fabulosa propiedad que había pertenecido a la iglesia. Desde entonces no le he dado un momento de paz. Le visito dos veces por semana…

Carta a su padre, Agosto 16, 1805

Pielorz comenta: “Las acciones de Eugenio de Mazenod en este período de su vida deben ser bastante desconcertantes para quienes no sepan que su carácter podía ser tanto inflexible como sensible. Por un lado, le vemos encargarse de los intereses de su familia con una tenacidad implacable, que no se detenía para utilizar medios que difícilmente encajarían con la caridad cristiana. Por otro lado, se acerca a los pobres, incluso utilizando su propio dinero para pagar las deudas de algunos acreedores, cuya situación llegaba a su corazón.” Pielorz, The Spiritual Life, pág. 97

SPANISH

“El amor y la compasión son necesidades, no lujos. Sin ellos no puede sobrevivir la  humanidad.”   Dalai Lama

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DE UNA FAMILIA DESBARATADA A UN PROFUNDO APRECIO POR LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA

En 1795 Eugenio tuvo oportunidad de hacer un breve viaje a Toscana acompañando a su madre, a la que los intereses de la  familia requerían en Francia. La hermana de su madre, la marquesa de Dons, había regresado con su hijo; la madre de Eugenio habría perdido los derechos a la herencia de su padre, de prolongar su permanencia en el extranjero. Era preciso se efectuara esa dolorosa separación; llevaba consigo su hija…
Al dejar a su madre y hermana, volvió a Venecia con su padre para reanudar sus estudios y ocupaciones en casa de los Zinelli, con quienes permaneció hasta que la familia salió para Nápoles.

La familia de la madre de Eugenio la presionó para volver a Francia y continuó interfiriendo en forma negativa en la relación con su esposo. En 1802 se divorció de él legalmente.

El padre de Eugenio estaba ocupado por completo, sin éxito, en tratar de obtener un ingreso en Venecia y no tenía mucho tiempo para cuidar de su hijo. El rompimiento de la vida familiar de Eugenio le llevó a beneficiarse del cariñoso ambiente en la familia  Zinelli

Cuatro años pasaron: el afecto de esa familia tan respetable que me había adoptado iba creciendo en proporción al apego que yo sentía por ella…
¿Cómo no habría de progresar en tan buena escuela? La familia en la que vivía era eminentemente cristiana, y D. Bartolo, quien se había encargado especialmente de mí, era un verdadero santo canonizable. …

Diario del Exilio en Italia, EO XVI

Este suceso en la vida de Eugenio dejaría una impresión: “perder” a su familia siendo adolescente le hizo apreciar y evaluar la vida familiar por el resto de su vida adulta: la importancia de la relación con su propia familia, su deseo por crear un sentido de familia entre su congregación de jóvenes, y su visión de los Oblatos como una familia. Fue una de las semillas que influenciaría el desarrollo y expresión de su espiritualidad – y la nuestra.

Al reflexionar en ello, me encuentro pensando con gratitud en la gente que me ha dado  apoyo en varios momentos de pérdida en mi vida.

SPANISH

“Y siempre se ha sabido que el amor no conoce su propia profundidad hasta la hora de la separación.”   Khalil Gibran

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EL HIJO Y SU MADRE

Como todas, la madre de Eugenio se preocupaba por él. En esta carta a su madre, Eugenio responde y se refiere a una situación específica en la que ella ayudaba a un Oblato. Era generosa al utilizar su tiempo, consejo y considerable fortuna en ayuda de la familia de Oblatos de su hijo,  que se habían convertido en parte de su familia extendida.

Una palabrita, mi querida mamá, le agradará; la escribo de prisa, pero es para pedir noticias suyas, pues está resfriada y sale de madrugada. Cuídese un poco más. No se preocupe por mí; estoy muy bien. Sigo puntualmente su consejo sobre el P. Moreau, pero no somos muy solventes para  proporcionar abundantemente lo que cada uno necesita. ¿Qué le digo? Hacen profesión de pobreza; sabrán contentarse con poco.

En una nota al pie de esta carta, Yvon Beaudoin explica: “Varios Padres estuvieron enfermos de 1826 a 1829. No sabemos si la cuestión era cuidar al P. Moreau o  comprarle ropa. En esa época estaba terminando un largo noviciado y había pasado el otoño predicando en Cadennes, con el P. Mie. Durante la crisis de 1823, el Padre Moreau salió de la Congregación por varios meses… Tenemos su fórmula de oblación del 13 de julio de 1826, aunque había realizado los votos por primera vez el 1° de noviembre de 1818.”

Una nota personal indica que Madame de Mazenod estaba viviendo en su casa de Aix en Rue Papassaudi, con la hermana de Eugenio, Eugenie y sus hijos, quien normalmente pasaba el verano en la casa Boisgelin en St-Martin des-Pallières, por lo que Eugenio invitó a su madre a pasar algún tiempo con él en Marsella.

Ahora que está sola en la casa, podría venir aquí para distraerse; nos veríamos por lo menos a la hora de las comidas. Pida al P. Courtés su reliquia, que he dejado en la estantería de la biblioteca de mi habitación.
Adiós, querida mamá. La abrazo muy tiernamente.
Eugenio.

Carta a su madre, Julio 22, 1826, EO XIII núm. 58

 

“El estado natural de la maternidad es la falta de egoísmo. Al convertirte en madre, ya no eres el centro de tu universo. Renuncias a él por tus hijos.”     Jessica Lange

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LA MUERTE COMO OCASIÓN DE UNA NUEVA COMUNIÓN

Empleé la mañana en dar la primera comunión a las jovencitas del convento francés de San Dionisio; imagine mi dolor al tener que hablar a esas jóvenes de la edad de nuestra pobre Carolina, vestidas como la vi el año pasado casi por esta misma época, el día de su primera comunión e incluso después de su muerte. Mis sentimientos, y por consiguiente mis aflicciones, no son pasajeros.

Carta a Henri Tempier, Abril 9, 1826, EO VII núm. 235

 Eugenio recuerda el doloroso ministerio a su sobrina Carolina de Boisgelin, quien había fallecido a los nueve años, menos de un año antes.

Las entradas se encuentran en   http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=1877  y a continuación describimos los eventos. En su diario, Eugenio ofrece una visión íntima de sus sentimientos, al recordar lo sucedido.

La señora Beaudemont, superiora de las religiosas del convento de San Dionisio, me solicitó  fuese a decir la misa a su iglesia para la primera comunión de algunas alumnas. Acepté la invitación, aunque si el ministerio en parte me fue de consuelo, por otra mi corazón se sintió desgarrado al ver a esas niñas de la misma edad que nuestra pobre Carolina, vestidas precisamente como la vimos al recibir la primera comunión, coronada de flores en su lecho de muerte. ¡Oh, cómo puede uno estar resignado a la voluntad de Dios, sin por ello evitar una profunda aflicción! ¡Pobre angelito! Yo estuve en la habitación  contigua a la de mi hermana cuando vino al mundo, la bauticé y me estaba reservado el honor de asistirla en su muerte y darle la extrema unción. La naturaleza se revela, pero la gracia la somete apelando a la fe y a la esperanza. ¡Querida niña! Te veo en el cielo con el que contabas con tanta seguridad y sencillez: Talium est enim regnum coelorum (Mateo 19, 14); son las palabras que hice grabar sobre tu tumba. Ahora que reinas con Dios, a quien tanto deseabas tener, pide su clemencia y misericordia para aquellos que como yo, han merecido estar separados de él para siempre, pero se atreven todavía a esperar, por los méritos de Jesucristo y las oraciones de los santos, llegar a la patria bienaventurada, para allí amar y alabar eternamente a Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Diario en Roma, Abril 9, 1826, EO XVII

 

“Piensa en tu hijo entonces, no como alguien que murió; no como una flor marchita, sino como una que fue trasplantada y tocada por una Divina mano, que florece en colores más brillantes y sombras más dulces que las de la tierra.”   Richard Hooker

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¿QUIÉN ES SAN EUGENIO? EL NIÑO

(En ocasión de la novena oblata, voy a publicar otra vez las reflexiones sobre los etapas más importantes de la vida de San Eugenio)

El 1 de agosto 1782 – nacimiento en Aix en Provence. Hijo de Charles Antoine de Mazenod, Presidente del Tribunal de Cuentas, y de Marie Rose Joannis.

Mi corazón no ha cambiado con la edad. Es idólatra de la familia. Me dejaría cortar en pedazos por algunos miembros de mi familia, y esto lo extiendo bastante lejos, porque daría mi vida, sin dudar, por mi padre, mi madre, mi abuela, mi hermana y los dos hermanos de mi padre.
Amo en general con apasionamiento a todos aquellos de quienes me creo amado; pero también exijo que me quieran con apasionamiento. De este modo, la gratitud es un reflejo más de la efervescencia de mi corazón.

Autorretrato de Eugenio para su director espiritual, 1808, E.O. XIV n. 30

Es difícil creer que a pesar de un carácter como el que acabo de describir, sea el mío un corazón sensible; pues lo es, hasta en exceso. Sería demasiado prolijo citar todos los rasgos de mi infancia que me han contado y que son verdaderamente sorprendentes.
Era habitual diera mi desayuno, aún cuando tenía hambre, para calmar la de los pobres, llevaba leña a los que pretendían tener frío y no tener medios para procurárselo, llegué un día hasta a despojarme de mis vestidos para vestir a un pobre, y mil cosas parecidas.

Autorretrato de Eugenio para su director espiritual, 1808, E.O. XIV n. 30

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PERO ASÍ ES MI CORAZÓN; NO PUEDE OLVIDAR A NINGUNO DE LOS QUE AMA, ESTÉN VIVOS O MUERTOS

Una reflexión más del Diario de Eugenio en Roma:

He cumplido también hoy lo que estaba prescrito para tratar de ganar por segunda vez el jubileo por las santas almas del purgatorio, según el indulto concedido al efecto por el sumo pontífice. He visitado la iglesia de San Lorenzo in Damaso y los altares señalados. Dios quiera que sean provechosos para las benditas almas, y sobre todo para las almas de mis queridos parientes difuntos, los sufragios que apliqué por ellos. Mi padre, fallecido tan santamente en mis brazos, mi abuela tan tiernamente amada por mí, mis abuelos, mi tío abuelo y mi tía que estuvieron seguramente presentes en mi pensamiento, como lo están todos los días en la misa. No sé por qué menciono también a mi hermana muerta tan joven. Pero por afecto, también mi sobrinita Carolina pasa a diario es esa lista, pues ciertamente no necesita mis sufragios. Pero así es mi corazón; no puede olvidar a ninguno de los que ama, estén vivos o muertos.

Diario en Roma, Diciembre 15, 1825, EO XVII

 

“Si miras atentamente la palma de tu mano, encontrarás a tus padres y todas las generaciones de tus ancestros. Todos ellos están vivos en ese momento. Cada uno se encuentra presente en tu cuerpo. Eres la continuación de todos ellos.” Thich Nhat Hanh

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APEGO A LA FAMILIA

Habiendo rechazado la invitación de su madre para pasar algunos días con ella, Eugenio le invita a ir a la casa del Obispo en Marsella y estar algunos días con él.

No tardes en venir a confortarme en esta pequeña decepción, con una larga visita en Marsella. Añoro pasar algo de tiempo contigo. No tardes demasiado, pues es posible que me vea forzado a partir. De ir a Roma, no sería más allá de la mitad de Septiembre, e iré a Nimes por algunos días antes de ello.

Carta a su madre, Agosto 16, 1825, Archivos Generales Roma, AGR MJ I-1

En ocasiones escuchamos que Eugenio exigía a los Oblatos el desapego de sus familias, cuando él mismo permanecía apegado a la propia. Ciertamente permanecía cercano a su madre y hermana, lo que parece ser una incongruencia. Sin embargo, al ver el panorama completo, no hay duda de la jerarquía en sus relaciones: Dios estuvo siempre en primer lugar, luego su familia Oblata, después la gente a quien servía en su ministerio y detrás su familia de sangre.

Lo que Eugenio condenaba era el excesivo apego a la familia. A través de su vida, encontramos numerosos ejemplos de cómo permitía a los Oblatos estar con sus familias en tiempos de necesidad; de la Congregación apoyando a algunas de esas familias en épocas de dificultades materiales, e incluso permitir que los Oblatos trabajaran fuera de la misión de la Congregación para ayudar a sus padres económicamente mientras se encontraban en serios apuros.

Recuerda este principio en el Prefacio de nuestra Regla de Vida:

Deben renovarse sin cesar en el espíritu de su vocación, vivir en estado habitual de abnegación, y con el empeño constante de alcanzar la perfección. Deben trabajar sin descanso por hacerse humildes, mansos, obedientes, amantes de la pobreza, penitentes y mortificados, despegados del mundo y de la familia, abrasados de celo, dispuestos a sacrificar bienes, talentos, descanso, la propia persona y vida por amor de Jesucristo, servicio de la Iglesia y santificación de sus hermanos;

Y también en las Reglas de 1853:

Deberá desprender su corazón de todo afecto desordenado a las cosas de la tierra y del apego exagerado a los parientes y a la tierra natal…”

 

“Quien ha de estar sereno y puro sólo necesita una cosa, el desapego.”     Meister Eckhart

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AGRADECEMOS A DIOS POR HABER ELEGIDO UN ALMA PRIVILEGIADA DE NUESTRA FAMILIA

Nuestro ángel ha volado al cielo, esta noche a las tres..

Carta a Marius Suzanne, Junio 26, 1825, EO VI núm. 188

Al escribir a su madre acerca de la enfermedad y muerte de su sobrina, Caroline de Boisgelin, Eugenio dice:

Siempre habló del cielo y de la felicidad de estar en la presencia de Dios, con la sencillez y seguridad de una niña que regresa a su casa, con alegría de descansar en el abrazo de su Padre. Sin pesar por la muerte ni el mínimo temor por ello; por el contrario, el pensamiento sólo le divertía, pues con una idea más allá de su edad, vio la muerte como el comienzo de su verdadera felicidad y sólo hablaba de ella con calma y paz en su corazón.
Una vez que conozcas todos estos detalles, no podrás prevenirte más que ninguno de nosotros de tener sentimientos de adoración y encanto. En todo ello hay algo extraordinario y por demás sobrenatural. Si se tratara de alguien de 20 años, me encontraría edificado, pero en alguien de doce es maravilloso, se trata de un prodigio. ¿Cómo entender alguna vez que una niña de su edad nunca consintiera unir sus plegarias a las de nosotros, pidiendo por su recuperación?
…Querida y buena madre, armémonos de fortaleza y valor. Reavivemos nuestra fe y suprimamos nuestras reacciones naturales, mientras agradecemos a Dios haber elegido un alma privilegiada de nuestra familia, un ángel que, habiendo ya entrado en su gloria, alabará a Dios eternamente y será la defensora de nuestras necesidades.

Carta a su madre, Junio 28, 1825, Archivos Generales, Roma, AGR MJ I-1

 

“He pedido a mis hijos que a mi muerte, suelten globos para celebrar que me gradué. Para mí, la muerte es una graduación.”  Elisabeth Kubler-Ross

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ES DESGARRADOR Y POR ENCIMA DE MIS FUERZAS VERLA MORIR POCO A POCO

Al escribir a Marius Suzanne, Eugenio describe su sufrimiento al acompañar a su sobrina de 12 años a su muerte.

¡Oh, cómo quisiera estar junto a tí en la tristeza en que me encuentro! Aumenta todos los días desde que he llegado; aunque no me haya hecho nunca ilusión sobre el estado de esa pobre niña, sin embargo no podía defenderme de esperar en los santos que se invocaban con tanto fervor por ella. Dios, a quien pertenece sólo conocer lo que es útil para sus criaturas, ha juzgado contrariamente a nuestros deseos.
La suerte de la niña estaba segura; pero es desgarrador y por encima de mis fuerzas verla morir poco a poco. Su paciencia y su dulzura son admirables y la harían interesante hasta a los mismos tigres; sin embargo sufre mucho…
En eso estamos. En cuanto a mí, ya no puedo más. Voy, vengo, desearía estar junto a ella; cuando lo estoy no puedo quedarme. La niña, la madre, que es un prodigio de fuerza y de valentía, me parten una y otra vez el corazón. No me hago caso sin embargo. Había bautizado a esta amable niña, y soy yo quien le ha administrado y le he dado el santo viático y la extremaunción. ¿Quién me lo hubiese dicho el día de su bautismo? Es contra la naturaleza, por eso ésta mi pobre naturaleza está tan baja.

Carta a Marius Suzanne, Junio 25, 1825, EO VI núm. 188

 

“Dios nunca da fortaleza para mañana ni para la próxima hora, sino sólo para el esfuerzo del minuto.”    Oswald Chambers

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ESPERANDO Y REZANDO AL DISMINUIR LA ESPERANZA

El día anterior a salir a Reims fue Domingo de Pentecostés y Eugenio le escribió a su madre:

El santo día de Pentecostés fue muy apropiado para aprovechar la oportunidad de dar el Espíritu Santo a Caroline. Mi tío celebró la Misa en su habitación y le administró el sacramento, al igual que a cualquier otra joven que se encontrara preparada para ello. Antes de confirmar a esta criatura, era apropiado que hiciera su primera comunión. El tío se ocupó de ello y ayer por la tarde nuestra querida niña tuvo la dicha de recibir la Comunión por vez primera; estuvo perfectamente dispuesta para ello y todo marchó bien, para edificación de todos.

Carta a su madre, Mayo 22, 1825, Archivos Generales Roma, AGR MJ I-1

Al deteriorarse la salud de Caroline, su madre escribe a su esposo: “Puedes creer, querido amigo, que no se ha descuidado nada para aliviarle: medicinas, remedios, oraciones. ¿Qué más queda por hacer que abandonarse con confianza en los brazos de Dios? Él es su padre y el nuestro; Él sabe mejor que nosotros lo que es necesario para la salvación de nuestras almas. Aceptemos su plan y dejemos las quejas.

Mi tío y hermano han alargado su estancia en París por compasión hacia mí, pues parece que sus asuntos están terminados. No soportan dejarme sola en mi sufrimiento. Cómo agradezco a Dios cada día que el rey, al llamarlos, ha hecho posible que estén aquí para darme fuerza y consuelo.” Carta de la hermana de Eugenio a su esposo, Conde Armand de Boisgelin, Junio 19, Archivos Generales Roma, AGR MJ I-4

 

“Dios se ha reservado el derecho de determinar el fin de la vida, pues sólo Él sabe el objetivo hacia el que Su voluntad ha de llevarla. Depende sólo de Él justificar una vida o hacerla naufragar.”  Dietrich Bonhoeffer

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