APEGO A LA FAMILIA

Habiendo rechazado la invitación de su madre para pasar algunos días con ella, Eugenio le invita a ir a la casa del Obispo en Marsella y estar algunos días con él.

No tardes en venir a confortarme en esta pequeña decepción, con una larga visita en Marsella. Añoro pasar algo de tiempo contigo. No tardes demasiado, pues es posible que me vea forzado a partir. De ir a Roma, no sería más allá de la mitad de Septiembre, e iré a Nimes por algunos días antes de ello.

Carta a su madre, Agosto 16, 1825, Archivos Generales Roma, AGR MJ I-1

En ocasiones escuchamos que Eugenio exigía a los Oblatos el desapego de sus familias, cuando él mismo permanecía apegado a la propia. Ciertamente permanecía cercano a su madre y hermana, lo que parece ser una incongruencia. Sin embargo, al ver el panorama completo, no hay duda de la jerarquía en sus relaciones: Dios estuvo siempre en primer lugar, luego su familia Oblata, después la gente a quien servía en su ministerio y detrás su familia de sangre.

Lo que Eugenio condenaba era el excesivo apego a la familia. A través de su vida, encontramos numerosos ejemplos de cómo permitía a los Oblatos estar con sus familias en tiempos de necesidad; de la Congregación apoyando a algunas de esas familias en épocas de dificultades materiales, e incluso permitir que los Oblatos trabajaran fuera de la misión de la Congregación para ayudar a sus padres económicamente mientras se encontraban en serios apuros.

Recuerda este principio en el Prefacio de nuestra Regla de Vida:

Deben renovarse sin cesar en el espíritu de su vocación, vivir en estado habitual de abnegación, y con el empeño constante de alcanzar la perfección. Deben trabajar sin descanso por hacerse humildes, mansos, obedientes, amantes de la pobreza, penitentes y mortificados, despegados del mundo y de la familia, abrasados de celo, dispuestos a sacrificar bienes, talentos, descanso, la propia persona y vida por amor de Jesucristo, servicio de la Iglesia y santificación de sus hermanos;

Y también en las Reglas de 1853:

Deberá desprender su corazón de todo afecto desordenado a las cosas de la tierra y del apego exagerado a los parientes y a la tierra natal…”

 

“Quien ha de estar sereno y puro sólo necesita una cosa, el desapego.”     Meister Eckhart

Esta entrada fue publicada en cartas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *