“… La Virgen recibe a Cristo para darlo al mundo, del que es única esperanza”. Constitución 10
“Nada es más precioso para una religiosidad verdadera, que lo concerniente a honrar a la Santísima Virgen María, donde encontramos todo lo que hay en un hijo hacia su madre. Una madre que nos dio a quien es la vida y salvación del mundo, originando la espiritualidad en todos nosotros al pie de la Cruz, a través del dolor de la pasión y muerte del Hombre-Dios, fruto bendito de su vientre, llamándola debidamente la nueva Eva y co-redentora de la raza humana”.
Carta Pastoral del Obispo Eugenio a la Diócesis de Marsella, Julio 8, 1849.
María, la primera misionera cristiana está con nosotros a diario al dar la bienvenida a su Hijo en nuestras vidas y misión.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10