ESTO EXPLICA LA DEDICACIÓN DE MI VIDA AL SERVICIO Y BIENESTAR DE MI PRÓJIMO

El Domingo de Pascua de 1839 Eugenio había recibido noticias de una venganza escandalosa por algo que había hecho por el bien de su diócesis.

Pues bien, el buen Dios permite que los hombres no me agradezcan y en cambio tergiversen mis intenciones y las calumnien, al no poder refutar la evidencia de los hechos.

Eugenio luego reflexiona en la motivación detrás de sus acciones. ¡Se trata del amor de Dios por él, el amor que lo alimenta y era instintivo al llenar su alma!

Creí que se me permitía disfrutar de un sentimiento legítimo, del que creía Nuestro Señor Jesucristo, modelo de toda perfección, nos daba ejemplo. A veces creía comprender que Dios amaba a cada uno según su mérito, sin detrimento de nadie. Alimentada por esos pensamientos, mi alma estaba abierta a aumentar ese sentimiento.

Como resultado, Eugenio pudo dar amor a los demás, compartiendo el amor del Salvador por él, tratándose del «ser» para «hacer». 

En mi ilusión, creía que al imitar a Dios, podría amar a todos, sin que nadie pudiese quejarse de darme más afecto del que yo le diera. Sentía en mí algo parecido a la inmensidad y un fondo de justicia y equidad proporcionado al mérito y la reciprocidad de cada uno.

Diario de Eugenio de Mazenod, Marzo 31, 1839, EO XX

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *