TODOS LOS DÍAS SON BUENOS PARA COMPARTIR LA CRUZ QUE A DIARIO DEBEMOS LLEVAR, SIGUIENDO AL SEÑOR

Desde su nombramiento como Obispo de Marsella, Eugenio llevaba un diario recordando los eventos del día y su reacción personal, que al repasarlo, nos da una idea muy de cerca de lo que sentía.

El Domingo de Pascua de 1839, escribió una de las entradas más largas que tenemos. Se encontraba en shock por algunas acusaciones escandalosas hechas en su contra, y vierte su corazón en su diario, en la emoción del momento.  Profundamente herido por el rechazo, aprovecha la oportunidad de mencionar y mirar atrás en su vida y lo que motivaba sus acciones.

Es un documento extenso, pero bien vale la pena leerlo, pues revela algunas facetas importantes de su vida.  Dedicaremos a él las siguientes diez entradas de “Eugenio nos habla”. Algunos de los pasajes son extensos, pero es importante que los sigamos, pues realmente nos llevan al corazón de Eugenio.

Leemos en el Diario del Obispo Eugenio:

Día de Pascua. Carta de pésame y afecto al pobre Brunet, párroco de la Ciotat.
El jueves santo del año pasado vinieron a prevenirme que algunos malvados preparaban un panfleto infame contra mí y me mostraron un primer borrador, que era de lo más repugnante. A propósito acepté la amargura que me ocasionaba, pues íbamos a realizar el mandatum para luego cantar el oficio del viernes santo.

Ahora, el Domingo de Pascua, Eugenio recibió información de que alguien más estaba por publicar algo escandaloso en su contra.

Este año el señor Bourgarel, un joven abogado muy honesto, llegó a casa cuando estaba por salir a oficiar en la catedral el gran día de Pascua: me dijo que la indigna mujer Arbieu, a quien denuncié ante el procurador general como regente de una casa de prostitución bajo la aparente advocación del santo nombre de María y con un hábito religioso para engañar a los padres que creían dejar a sus hijas en un internado, hacía que algunos abogados tan desvergonzados como ella, elaboraran un informe contra mí y varios sacerdotes, presentando todas las infamias posibles. Hubiera preferido que el aviso me llegara dos días antes, pues no era un tema para el día solemne. Aunque después de todo, todos los días son buenos para compartir la cruz que a diario debemos llevar, siguiendo al Señor.

Diario de Eugenio de Mazenod, Marzo 31, 1839, EO XX

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