CONCÉDEME PODER VOLVER A DESPERTAR A TANTA GENTE IMPRUDENTE DE LA FATAL INDIFERENCIA QUE LES LLEVA A SU PERDICIÓN

Cuando Eugene regresó a Aix en Provence como joven sacerdote, predicó una serie de sermones cuaresmales dirigidos a los más abandonados como resultado de la Revolución Francesa. Para Eugene, los «pobres» eran aquellos que habían sido privados de conocer a Dios como salvador como resultado de las circunstancias históricas y sociales.

En el primer sermón, presentó la indiferencia de la gente a Dios, e invitó a «ustedes, pobres de Jesucristo», a que recibieran las instrucciones para que fueran iluminados. Poco más de doscientos años después, nuestras circunstancias son diferentes, pero el mensaje sigue siendo igualmente poderoso.

Preguntad a la multitud afanosa que se agita en nuestras plazas públicas, preguntad a cada uno qué hace, adónde va, de qué se ocupa, etc.

    • Uno os contestará que un proceso de cuyo éxito depende su fortuna lo lleva ante sus jueces para solicitar etc.
    • Otro, que va a tratar un asunto importante, etc.
    • Otro, que trabajos urgentes reclaman su presencia en los campos adonde va apresurado.
    • Otro, que está barajando en su espíritu proyectos de fortuna, de intereses o de ambición que asegurarán, etc.
    • Tal vez encontraréis a quienes se vean obligados a deciros que se abalanzan hacia el objeto de sus infames pasiones.

Ni uno solo, no, ni uno solo podrá responderos que las verdades eternas ocupan su espíritu, que son el tema de sus meditaciones y de sus búsquedas. Desolatione desolata est terra, etc. (Jr 12, 11). ¡Qué ceguera, qué locura!  Sin embargo, pasan los días, corren los años y la muerte llega.

Entonces la ilusión se disipa, pero ya no es tiempo de reparar la pérdida de una vida entera empleada en la penosa búsqueda de vanidades perecederas que hay que dejar. Es demasiado tarde para acumular un tesoro incorruptible de gloria y de felicidad para la eternidad.

Acudid, pues, quienesquiera que seáis, acudid asiduamente a unas instrucciones que van a desengañaros de tantos funestos errores y a aclararos cuáles son vuestros únicos intereses verdaderos. Venid sobre todo vosotros, pobres de Jesucristo; ojalá pudiera yo hacer llegar mi voz a las cuatro partes del mundo para despertar a tantos insensatos del letargo fatal que los conduce  a su perdición.

Instrucciones familiares en provenzal, dadas en 1813 en la Magdalena, E.O. XV n. 114

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