LO  MENOS  QUE  PUEDO  HACER  ES  CONSOLARTE, SI  NO  CON  MI PRESENCIA, AL MENOS CON MIS PALABRAS

El papel de Eugenio como Superior General era mantener a quienes estaban a su cuidado enfocados en el espíritu de su vocación, a la luz del carisma recibido por él. Esto incluía mantener enfocados a quienes luchaban.

Esta carta va al Padre Hippolyte Courtès, responsable de la comunidad de Aix, quien era maltratado por el obispo local y las autoridades eclesiásticas.

 Todos los días esperaba una carta tuya, querido hijo, para escribirte. Siento que en tu posición, lo menos que puedo hacer es consolarte, animarte, si no con mi presencia, al menos con mis palabras. ¿Quién nos diría que después de veinticinco años de trabajo arduo y de entrega, quedaríamos como suplentes que esperan misericordia, qué digo, que sólo piden ser colgados? Eso no puede durar, pero hay que adoptar la máxima del difunto Sr. Emery: alargar la correa para que no se rompa, los hombres vienen y van. Es sabia esa máxima que mi antiguo maestro puso constantemente en práctica; por opuesta que sea a mi carácter, te animo a adoptarla, o mejor dicho, te felicito por seguirla. La Providencia desea que crezcamos en medio de las dificultades. Apenas empezábamos a respirar en un lado cuando nos aprietan de otro. Esperemos…

Es tiempo para que la comunidad se una en esperanza confiada: 

No te preocupes, a cada día lo que haya que hacer. Una vez más reúne a tu pequeña comunidad para encomendarle de mi parte rezar más, vencer al mal con el bien, alegrarse de ser humillados, renunciar a toda pretensión, no digo personal, pues supongo que no existe entre ustedes, y preferir la humildad a la gloria cuando Dios quiere llevarnos por ese camino. Que nadie se engañe, obrar de otra forma sería solo ilusión.

Carta a Hippolyte Courtès, Junio 8, 1836, EO VIII núm. 576

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