ES  PARA  DAR  A  CONOCER  DE  DONDE  PROVIENEN  ESAS  FALTAS, ESPERANDO QUE NO SE REPETIRÁN MÁS

El mensaje que Eugenio y los Oblatos siempre predicaban trataba sobre la misericordia de Dios y de la posibilidad de que un transgresor se convirtiera y comenzara de nuevo un camino mejor. Eugenio también llevaba esto a su vida personal, no solo en el púlpito o el confesionario.  El P. Tempier se había quejado de una de las personas del servicio en la casa y le pedía a Eugenio despedirlo. 

¿Cómo me pide algo por lo que sufriría tanto? Nunca he causado voluntariamente mal a nadie, ni siquiera a quienes me han hecho el mayor mal, ¿cómo podría poner en tal desesperación a alguien apegado sinceramente, que lucharía por mí y por mi tío? (se trata de un criado, Pascal Testamire). Ciertamente hay que reconocer su mal carácter, más que una malicia persistente. Sé que ha sido grosero con todo el mundo, como ha sido conmigo, y es lo que más pena me da; pero es debido a su carácter, por defecto de educación y frecuentemente por exceso de atenciones. Digo esto, no para disculparlo; ¿quién más que yo censura su conducta? Es para dar a conocer de donde provienen esas faltas, esperando que no se repetirán más, pues hace un mes ya que se ha comportado como esperamos. Sé que le iría mal si saliera de mi casa. ¿Cómo podría llevarlo a eso? ¡Hacer desgraciado a alguien que me ama; cuando no puedo soportar la idea del sufrimiento de quienes me son totalmente indiferentes! Es algo que va más allá de mi fuerza.

Carta a Henri Tempier, Octubre 9, 1835, EO VIII núm. 548

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