RECIBIRÉ SU JURAMENTO CON PLENA CONFIANZA

La saga de Icosia llegó a su fin con la reconciliación de Eugene con el Rey en enero de 1836 en París. Eugene describe a la audiencia.

Al medio día se abrió la puerta del gabinete del Rey y fui llamado. El Rey avanzó hacia mí, haciéndome un cumplido muy gracioso y haciéndome sentar frente a él. Después de  expresarle en pocas palabras mi agradecimiento, me dijo que estaba encantando de que volviese a él, y aprovechó para contar en muy buenos términos, los acontecimientos que le habían obligado, a pesar suyo, a tomar el cetro para salvar a Francia de la anarquía en la que iba a caer. Cada vez que se mencionaba el nombre de Carlos X en su relato, era siempre en forma conveniente. De vez en cuando yo decía algunas palabras, más por no parecer mudo, que para interrumpirlo.

Desde la Revolución de 1830,  no era secreto que Eugenio consideraba a Louis-Phillipe como usurpador del trono de Carlos X, debido a su coup d’état, lo que explica porqué se justifica el rey y su acción.

Le hable del horrible atentado que puso en peligro su vida; tuvo buenos comentarios al respecto, se extendió mucho sobre las buenas intenciones para favorecer en todo a la religión; no siempre había hecho todo lo que deseaba, había grandes obstáculos. Quiere aumentar la remuneración a los obispos, pues reconoce que es insuficiente.

El Rey había estado al frente de un gobierno anti-religioso desde 1830, por lo que le costaba enfatizar que había cambiado su postura en cuanto a la tolerancia religiosa.

Es decir, cómo resumir todo lo que me dijo en la conversasión sostenida por 45 minutos.  Olvidé que al principio de la audiencia, me preguuntó sobre mi tío y me recordó de Palermo.
Conversamos un poco sobre Marsella y no concebía que el clero hubiera sido presentado como hostil hacia el Gobierno. Le comenté la verdad sobre ello y concluí pidiendo su permiso para rendir honores a la Reina, por lo que llamó en voz alta a su Chambelán, de forma que todos los que esperaban audiencia pudieran escucharlo y ordenó que se avisara a la Reina de mi visita. Al salir le recordé que volvería el lunes siguiente para presentarle juramento, y muy gentilmente respondió: “Así es, mi señor Obispo, el lunes tendré el placer de verle nuevamente y recibiré su juramento con plena confianza.” Fuí a la sala de la reina, quien me hizo sentarme junto a ella; conversamos sobre mi tío, la Reina de Nápoles, la bienvenida recién recibida del rey y algunos otros asuntos y finalmente me retiré”.

Carta a Henri Tempier, Enero 20, 1836, EO VIII núm.  556

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