CUANDO LO HICIERON CON UNO DE ESTOS , CONMIGO LO HICIERON

En 1832, cuando Eugenio se encontraba en Roma para convertirse en Obispo de Icosia, había habido un brote de cólera en Marsella. Temiendo que llegara a proporciones de epidemia, Eugenio se acercó al Papa para que otorgara algunas indulgencias a la gente de la diócesis que había ayudado a los fallecidos por la enfermedad. El listado de Eugenio fue aprobado por el Papa en noviembre de 1832. 

1/ Indulgencia plenaria para quienes contrajeran la enfermedad y fueran a confesión;
2/ 100 días a cada persona que visitara a los enfermos y les llevara ayuda espiritual o material;
3/ Indulgencia plenaria una vez por semana a quienes cuidaran a las víctimas de cólera en su enfermedad (generalmente mortal);
4/ 100 días a cada sacerdote confesor aprobado por cada vez que escuchara la confesión de una víctima de cólera;
5/ Indulgencia plenaria una vez por semana a los sacerdotes que ayudaran a quienes morían por cólera.

Audiencia Papal , 2 de noviembre de 1832 en Rey I pág. 617.

Tal vez la cuestión de las indulgencias no nos llame tanto la atención hoy en día como en esa época, pero el punto de este texto es mostrar cómo se veía el servicio a las víctimas del cólera como un acto corporal de misericordia del Evangelio. El hecho de importancia es que la enfermedad era muy contagiosa y que las personas obviamente evitaban estar con quienes la sufrían. Así se mostraba a quienes permanecían para prodigar la ayuda necesaria, que lo que hicieran por alguna de las víctimas, a pesar del riesgo para ellos mismos, lo hacían con Dios (cf. Mateo 25:40) y en el nombre de Dios.

El brote de cólera de 1832 no duró mucho, aunque volvió de nuevo en enero de 1835, cuando se promulgó la lista de indulgencias y fue publicada en todas las iglesias y capillas de la diócesis.

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