CARLO DOMENICO ALBINI OMI, 1790 – 1839

Angelo Capuano nos relata acerca de Carlo Domenico Albini, nacido en Italia en 1790 y ordenado sacerdote diocesano en 1814.

En julio de 1823 se le confió el cargo de profesor de teología moral en el seminario mayor de Niza.

Su actividad no se limitó a la enseñanza: con mucho agrado prestaba también sus servicios en la catedral y, precisamente ayudando al cura durante un retiro para los exprisioneros y los inadaptados, en julio de 1824 se entrevistó con los padres Eugenio de Mazenod y Marius Suzanne, llamados para dar los ejercicios del retiro.

Impresionado por su celo apostólico, el ideal misionero que los animaba y sus relaciones fraternales, el padre Albini consideró de inmediato la posibilidad de vivir en una comunidad religiosa. Por ello, al final del retiro, decidió formar parte de la congregación naciente.

El 21 de noviembre de 1824, solo veinte días después de su oblación perpetua, el Padre Albini predicó su primera misión en Allauch. Pronto fue nombrado profesor en el escolasticado de los Oblatos en Aix. En febrero de 1825, se ocupó de la traducción al latín de parte de las Constituciones y Reglas que se someterían a la aprobación pontificia. Fue él quien ejerció presión sobre el Fundador y lo convenció de ir a Roma, con el fin de obtener el reconocimiento oficial de la Congregación.

El padre Albini predicó varias misiones populares. Precisamente durante una de ellas, en Aubagne, del 19 de febrero al 20 de marzo de 1826, el padre Henri Tempier llegó para comunicar a los misioneros la noticia de la aprobación definitiva del Instituto y sus Constituciones y Reglas. El padre Albini estuvo entre los Oblatos que durante el Capítulo General, el 13 de julio de 1826, pronunciaron nuevamente sus votos religiosos que a partir de ese momento cobraban validez plena.

En octubre de 1827 los padres Tempier y Jean Baptiste Honorat se establecieron en el seminario mayor de Marsella, confiado a los Oblatos. El padre Albini quedó como profesor de teología moral. A fines de julio de 1828 se encargó de la asistencia espiritual en Obra, con los Italianos en Marsella: una misión para los inmigrantes italianos, que realizó con pasión y vivo interés.

El 19 de septiembre de 1834, el Fundador daba respuesta afirmativa al obispo de Ajaccio, Mons. Casanelli de Istria, quién deseaba que una comunidad oblata dirigiera el seminario mayor y garantizara la predicación de las misiones populares en toda la isla. Le prometió dos de sus mejores misioneros, los padres Hippolyte Guibert y Albini. El padre Guibert partió con Mons. Casanelli de Istria hacia Córcega, que fue la primera misión oblata fuera del continente, el 9 de marzo de 1835.

El padre Albini debió esperar a octubre de 1835 para incorporarse al grupo de misioneros. El Fundador había dudado mucho antes de dejarlo partir; lo consideraba casi indispensable debido al servicio apostólico que prestaba a los italianos. Sólo después de la intervención y los argumentos convincentes del padre Guibert, llegado al continente, el Fundador dejó ir al padre Albini, quien pudo así dedicarse a su nueva misión.

La nueva comunidad se estableció en Ajaccio: el padre Guibert como director del seminario, el padre Albini como uno de los profesores, teniendo a veces que reemplazar al padre Guibert, durante sus viajes al continente.

En mayo de 1836, Mons. Casanelli de Istria regaló a los Oblatos el convento franciscano de Vico, una localidad del interior. El padre Albini fue allí al final del año escolar a pasar sus vacaciones y prepararse para la predicación de las primeras misiones populares.

A partir del 30 de agosto, predicó la misión de Moïta: la primera en la isla de Córcega, desde la última misión de San Leonardo de Puerto Mauricio (Moïta, 18 de octubre de 1774) y, para el padre Albini, la primera desde hacía cerca de diez años.

Su actividad misionera se distinguía por la solidez de su doctrina y su preocupación de darse a entender a la gente, a través de una palabra sencilla y convincente. Gracias a su personalidad, tuvo un éxito notable en el arreglo de las discordias entre familias y entre clanes en las regiones que evangelizaba, quienes vivían una difícil situación social y religiosa.

En noviembre 1838 cayó gravemente enfermo, hasta el punto de que se pensó en su muerte inminente. En febrero de 1839, se repuso un poco y empezó a preocuparse de cuándo podría predicar misiones de nuevo. Pero su salud se deterioró nuevamente, debilitándose poco a poco hasta su muerte, el 20 de mayo de 1839.

La desaparición del padre Albini fue considerada como una grave pérdida para toda la Congregación, en particular para el Fundador, que lo consideraba como un ejemplo que todos los Oblatos debían seguir, debido a su celo apostólico y a su vida religiosa. La gente también lo lloró. Se comenzaba, ya entonces, a considerarlo un santo. Actualmente se ha concluido la causa para su beatificación y se espera el milagro obligado, a través de su intercesión.

https://www.omiworld.org/es/?s=albini 

Ver también https://www.omiworld.org/our-charism/our-saints/oblate-causes/venerable-charles-dominique-albini-1790-1839/biography/

 

 

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