PUEDES VER QUE LA SANGRE CORRE POR NUESTRO CUERPO

Como Superior de los Oblatos, era responsabilidad de Eugenio la vida religiosa, la misión y el espíritu de los Misioneros. Se mantenía atento al pulso de la congregación a través del contacto regular con cada uno y a través de los reportes y cartas esperadas de cada Oblato. 

No tomes a mal, mi querido P. Mille, si te escribo lacónicamente; lo hago muy a mi pesar, pues tengo miles de asuntos y mi correspondencia necesariamente se ve afectada. No es motivo para que no me escribas. Necesito al menos una carta al mes, sin contar los acontecimientos extraordinarios de misiones, retiros, etc.
Me despido y agradezco a tus colaboradores sus amables cartas. Les contesto abrazándolos y bendiciéndolos a todos.

Carta a Jean Baptiste Mille, Enero 15, 1835, EO VIII núm. 501

Reflexiona sobre ello con el Padre Aubert: 

Recibí una carta reconfortante del P. Vincens de Ntra. Sra. de L’Osier; el P. Mille, Superior de Ntra. Sra. de Laus, me escribió también; el P. Bernard sigue trabajando en Billens y los demás igualmente; acabo de mandar al P. Moreau para ayudar en los cursos (ed. Los Padres Guibert y Telmon habían sido enviados a Córcega para iniciar un establecimiento); puedes ver que la sangre corre por nuestro cuerpo.

Como director de formación de los novicios, el P Casimir Aubert, era responsable de ayudarles a desarrollar su celo misionero y se esperaba compartiera con ellos las descripciones inspiradoras.

Hágalo saber a los jóvenes para su edificación. Eso animará su celo, pues hay que hablarles con frecuencia del fin principal del Instituto.

Carta a Casimir Aubert, Enero 11, 1835, EO VIII núm. 500

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