ESOS EXABRUPTOS CAUSAN DAÑO Y TE PERJUDICAN MÁS DE LO QUE IMAGINAS

No todo era color de rosa en la vida de la comunidad. El P. Honorat era el incansable superior de la comunidad del Calvaire en Marsella y parecía estar en una época difícil. Como resultado, la comunidad la pasaba mal y Eugenio debió intervenir.

Quisiera de una vez por todas, mi querido P. Honorat, que calmaras tu ira  cada vez que haya un desacuerdo contigo. Quienes te pidieron ayer de mi parte el libro de teología que necesitaba el P. Telmon para preparar su clase, volvieron asombrados por tu forma de negarlo. No te diste cuenta de que había un novicio con ellos. Hoy la emprendes con el P. Sicard por haberte pedido de mi parte lo que necesita. ¿Crees de buena fe que esos Padres están obligados a soportar tu mal humor? Te aseguro quedaron muy poco edificados. El P. Sicard me dijo temió ser golpeado.
Te ruego moderarte más. Esos exabruptos causan daño y te perjudican más de lo que imaginas…

Carta a Jean Baptiste Honorat, 1834, EO VIII núm. 499

El Padre Honorat era una buena persona y generoso misionero, a quien Eugenio profesaba mucho respeto, por lo que el llamarle la atención requiere ser visto en contexto, como un recordatorio a todos nosotros de que no siempre estamos conscientes de las consecuencias de nuestras palabras bruscas, en especial si nos encontramos cansados y con exceso de trabajo.

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