ABRA EL LIBRO DE NUESTRAS REGLAS PARA QUE CADA CUAL SE INSPIRE EN ELLAS

Se encomendó al Padre Guigues la responsabilidad de mantener a todos en la comunidad enfocados en el espíritu y letra de su vocación proveniente de Dios, según se expresa en la Regla.

El agradecimiento que debemos a Dios por ese prodigio no puede expresarse más que con el firme propósito de caminar siempre en su presencia,  fieles a nuestra vocación y en rigurosa observancia de nuestras Reglas. Esa responsabilidad recae sobre ti, muy querido P. Guigues,  Superior de esa casa y sobre quien descargo lleno de confianza gran parte de mi preocupación. Abre el libro de nuestras Reglas para que cada cual se inspire en ellas y sepa el camino a seguir. Rechaza los consejos de la prudencia humana. Sólo hay verdadera sabiduría al realizar las tareas señaladas y sancionadas por la autoridad infalible que nos las ha dado. Estén atentos para no permitir el menor abuso. Dios les pedirá cuentas, pues son ustedes quienes colocan los cimientos de la nueva comunidad y de quienes debe irradiar el olor de Cristo.

Carta a Bruno Guigues, Septiembre 3, 1834, EO VIII núm. 485

¿Cuál es la razón de todo ello? Permitir que el olor de Jesucristo inunde el mundo. La imagen que viene a mi mente es la del incienso y cómo su humo y olor permea todo alrededor. Tal es la vocación del misionero Mazenodiano: dar a conocer la belleza de la presencia del Salvador en la vida de las personas.

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