NOTA BENE: LA OBLACIÓN COMO UN NUEVO CORAZÓN, UN NUEVO ESPÍRITU, UNA NUEVA MISIÓN

Después de entusiasmar sobre los nobles ideales de los Misioneros y habiendo diseñado el plan de acción para alcanzarlos, Eugenio retorna ahora a la realidad. La Nota Bene estaba escrita en respuesta al estado de confusión causado en la Iglesia por los sacerdotes que no estaban viviendo conforme a los ideales de su vocación, quienes estaban bloqueando el camino hacia Dios para los demás, a causa de su mal ejemplo. Así que el vuelve a aquel tan negativo tema.

Hay que ir más allá todavía, entrar hasta el santuario; purificarlo de tantas inmundicias como ensucian su entrada, el interior y hasta las mismas gradas del altar en que se inmola la santa Víctima;

El ministro de aquellos que han permanecido fieles a pesar de la persecución, del peligro de muerte y del ridículo y la indiferencia, es comparado con un fuego luchando por permanecer encendido. Los Misioneros deben ayudar a estos sacerdotes a toda costara:

encender allí el fuego sagrado del puro amor, que ya no es mantenido más que por unos pocos ministros santos, quienes conservan preciosamente las últimas chispas, que se apagarían pronto con ellos, si no se acude aprisa a ponerse a su lado;

Por la calidad de sus vidas y su generosa oblación, los Misioneros pueden marcar la diferencia –ellos pueden ser los agentes de la renovación, de la conversión y de una nueva esperanza. Hacen esto a través de su ministerio de predicar misiones populares y en sus variadas misiones permanentes desde su comunidad – pero sobre todo, por la calidad de su generosa oblación. Es una cuestión de “SER” para “HACER”:

y allí, en unión con ellos, ofrecer al Dios vivo, en compensación por tantos crímenes, el homenaje y la entrega más absoluta, el sacrificio completo de todo su ser a la gloria del Salvador y al servicio de su Iglesia.

Regla de 1818 Capítulo primero, §3. Nota Bene. Missions, 78 (1951) p. 16,

El vocabulario puede haber cambiado, las situaciones penosas pueden haber tomado otras formas, pero hoy, aquel desafío de generosidad, resuena todavía en la la Familia Mazenodiana

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