EL SENTIMIENTO QUE DOMINA EN MI ALMA: UNA CONFIANZA SIN LÍMITES EN LA BONDAD DE MI DIOS

Al leer las reflexiones del retiro de Eugenio, escucho constantes ecos de su experiencia del Viernes Santo,  en cuanto a su quebrantamiento y su conciencia del amor restaurador de Dios. Fue una convicción que siempre tuvo y base de todo su ministerio: llevar a otros a esta misma experiencia de ser amado por y de amar a Dios, a pesar de sus pecados.

Así, este es el sentimiento que domina en mi alma, una confianza sin límites en la bondad de mi Dios. Soy pecador, un gran pecador. Después de 21 años de ministerio, precedidos de tres años de preparación, después de haber trabajado más que muchos otros,  personalmente y mediante un gran número de cooperadores que he puesto en acción; después de haber logrado éxito en varias empresas concebidas y realizadas por amor a Dios y a la Iglesia, me reconozco sin virtudes y sin méritos, y a pesar de ello, no dudo de la bondad de Dios, contando siempre con su misericordia, esperando volverme mejor, es decir que, con ayuda sobrenatural y la asistencia habitual de la gracia, desempeñaré mejor mis tareas, correspondiendo a los designios de mi Padre celestial y de su Hijo Jesucristo, mi amabilísimo Salvador, y del Espíritu Santo, que se cierne sobre mi alma para rehacerla dentro de pocos días. Amén, Amén, Amén.

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

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