HEME AQUÍ, A LOS 50 AÑOS, CON LAS MANOS VACÍAS

La meditación en el retiro de Eugenio le llevó a reflexionar en su administración, utilizando la parábola de los talentos. Aunque lo había hecho bien y con eficiencia, Eugenio siente tristeza por no haber logrado tanta gracia como debía. 

Ciertamente he hecho muchas cosas, superado grandes obstáculos, vencido dificultades y de ello ha resultado un bien, un gran bien. Sí, no lo puedo negar, pero en detrimento mío. Yo era más bueno, o mejor dicho, incomparablemente menos malo al comienzo de mi ministerio, cuando aún no había hecho casi nada, que ahora que he hecho mucho. ¿Qué concluir de este razonamiento? Que no solo soy un servidor inútil, sino infiel, que es posible que no haya hecho lo que debía hacer, pues ciertamente la primera condición del trabajo que me encomendó el padre de familia fue que al realizar su obra, aportara a mi propia santificación, a la que solo se llega en nuestro santo estado, avanzando en la perfección. Heme aquí, a los 50 años con las manos vacías, pues no he sabido enriquecerme administrando tesoros, haciéndolos valer para el padre de familia como debiera haber sido, pues, repito, si me observo atentamente, me encuentro hoy más pobre que el primer día de mi administración, “villicationis meae”. [ed. Mi rendición de cuentas]. 

Diario de Retiro antes de ser consagrado obispo, Octubre 7-14, 1832, EO XV núm. 166

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