LA MUERTE NOS ABRE LAS PUERTAS DEL CIELO

Eugenio escribe al Padre Courtès, superior de la comunidad de Aix, acerca de un Oblato que acababa de enviar a su comunidad:

… Comprendo mi querido amigo, que poco obtendrás de quien te envié recientemente; no era precisamente ayuda lo que pretendía darte. Había que retirarlo de Ntra. Sra. de Laus, pues el frío penetrante de esa región afectaba su salud.  Antes estaba convencido de que el clima de Marsella no le ayudaba.  No tenemos otra opción; había que llevarlo a Aix. A juzgar por su carta al llegar, está en disposición de conducirse bien. Espero no faltará a su palabra, aunque al hacer caso a la naturaleza, los débiles se exponen a fuertes tentaciones. Ahora bien, me creo obligado a decirte para su gobierno, que nuestro querido hermano es poco confiable sobre el particular. Es increíble hasta qué punto llevó antes las precauciones.

La exagerada preocupación de este Oblato por su salud llevó a Eugenio a una fuerte conclusión:

Debía considerar la muerte como una gran desgracia y haber olvidado que nos abre las puertas del cielo, para imponerse tantos sacrificios con tal de evitarla.

Carta a Hippolyte Courtés, Enero 7, 1832, EO VIII núm. 413

¿Cómo veo a la muerte?

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