En las palabras del Prefacio, Eugenio responde a la pregunta: ¿Qué es lo que ha determinado la fundación de nuestra Congregación?
«La Iglesia, preciada herencia que el Salvador adquirió… ha sido en nuestros días atrozmente devastada. Esta querida Esposa del Hijo de Dios llora aterrorizada la vergonzosa defección … etc. En esta lamentable situación, la Iglesia llama a voces a los ministros, etc. »
¿Es sorprendente que la vista de esos desórdenes haya inspirado algún pensamiento generoso? Ha habido sacerdotes que se han sentido conmovidos.
“La consideración de esos males ha conmovido el corazón de algunos sacerdotes celosos de la gloria de Dios, que aman entrañablemente a la Iglesia y están dispuestos a entregar su vida, si es preciso, por la salvación de las almas”.
Que recuerden lo que la gracia les inspiró. Se trataba nada menos que de entregarse: dispuestos a entregar su vida, si es preciso, por la salvación de las almas”.
Nada mejor que esta entrega. ¿A qué conclusión llego? Que nada debe parecer difícil ni demasiado penoso, cuando uno se ha ofrecido como víctima”.
Notas de Retiro, Octubre 1831, EO XV núm. 163