Disfruto la exageración de Eugenio cuando trata de enfatizar su punto de vista. Se había enterado de que uno de sus Oblatos se encontraba enfermo y su genuina preocupación es tal, ¡que “podía escuchar la tos” a 32 kilómetros de distancia! Pide que el Dr. d´Astros, quien cuidaba de los Oblatos, se encargue de inmediato
Si es cierto, mi querido amigo, que el P. Bernard está tan enfermo como me han dicho, hay que evitarle de inmediato cualquier trabajo, consultar a Astros y seguir puntualmente sus órdenes. Si el doctor opina que el descanso en la campiña puede ayudar a su restablecimiento y que el enfermo puede ir a la casa de San Justo, cercana a Marsella y alejada del mar, envíemelo inmediatamente. No hay que dudar ante esa clase de amenazas: delgadez extrema y su tos, ¡que puedo escuchar desde aquí! Si el servicio de la iglesia se ha de ver afectado es una desgracia, pero la mayor de todas es ver a un hombre caer en un agotamiento mortal. No descuide nada sobre eso. Tal vez han tardado demasiado en atenderlo.
Carta a Hippolyte Courtès, Julio 21, 1831, EO VIII núm. 396
Desafortunadamente resultó que la enfermedad era más que una tos y Marius Bernard eventualmente se vio forzado a dejar a los Oblatos. Eugenio anotó: “Dispensado por motivo de sobre-nerviosismo, rayando en demencia. En dicho estado ponía en peligro la reputación y honor de la Congregación