ES GRATO PENSAR QUE MIENTRAS EN LA MAYORÍA DE LAS CIUDADES DE FRANCIA CRISTO HABÍA SIDO PROFANADO Y SU CRUZ ARREBATADA AL PUEBLO, LA NUESTRA DOMINABA POR ENCIMA DE TODAS LAS CABEZAS

… Es una guerra de pluma que nunca termina, con las potencias del mundo, grandes y pequeños, lejanos y cercanos. Es una correspondencia muy minuciosa y repetida con todos aquellos que deben consultar para dejarnos la responsabilidad de las decisiones; vienen luego los consejos que duran cuatro horas, etc.

Eugenio se encontraba de vuelta en Marsella como Vicario General de la diócesis y de su anciano tío Fortuné – embrollado en todas las dificultades ocasionadas por el gobierno anti-religioso. Era difícil mantener los valores de la Iglesia, aunque perseverar en la oposición atraía bendiciones.

Sin embargo, debo reconocer que hay algún consuelo en medio del ajetreo. Así, le contaré para su edificación, que el 3 de mayo fue un verdadero triunfo para la cruz, debido a la decisión que tomamos de honrar siempre nuestro ministerio y no retroceder ante ningún peligro cuando se trata del deber. Justo después de haber salvado la cruz del último ultraje, antes de la llegada de Monseñor, el Alcalde nos había enviado en dos ocasiones un consejero municipal para suplicarnos la moviésemos, haciéndonos ver la situación que estaba por presentarse y la ciudad a punto de ser ensangrentada de negarnos a dicha petición. Era justo no dejar pasar la fiesta sin rendir un gran homenaje al Salvador crucificado. Es grato pensar que mientras en la mayoría de las ciudades de Francia Cristo había sido profanado y su cruz arrebatada al pueblo, la nuestra en el centro de una inmensa población. dominaba por encima de todas las cabezas, mostrándose como en los más hermosos días de su triunfo. Secundando la piedad de nuestro pueblo y reparando todo lo que nos fuera posible los ultrajes que Jesús nuestro Dios había sufrido en otros lugares, decidimos dar a esa fiesta todo el brillo posible. En consecuencia, la gran octava fue anunciada en el Calvario, levantando un arco de triunfo por encima de la cruz. El santo lugar estaba adornado con guirnaldas, banderas y tapices, atrapando la atención de los transeúntes, encantados de ver los preparativos de una ceremonia tan acorde a sus sentimientos.

Carta a Jean Baptiste Mille, Mayo 7, 1831, EO VIII núm. 390

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