ME COMPLACÍA RECONOCER A NUESTRO DIVINO MAESTRO COMO SOBERANO SEÑOR DE TODOS LOS HOMBRES

Eugenio compartió también su reacción con Hippolyte Guibert. Teniendo en mente su devoción a la comprensión católica de la Presencia Eucarística de Jesús, escribió:

Celebré también la misa en Ginebra, baluarte de la herejía de Calvino, donde un corazón católico se encuentra tan a disgusto, oprimido por todo lo que ve y encuentra. Lo primero que hice fue correr a la iglesia para adorar a Jesucristo, traicionado y blasfemado desde hace tanto tiempo en esa guarida de la apostasía.
Confieso experimentar algún consuelo al encontrarlo en ese país enemigo y creo que el homenaje que fui inspirado a rendirle fue especial, al elevar el alma y unirla suavemente a Dios. Celebré al día siguiente los santos misterios con este sentimiento y me complací al reconocer a nuestro divino Maestro como soberano Señor de todos los hombres, aún de los más rebeldes a su gracia; pero no importa, me sería imposible vivir en lugares donde es tan desconocido.

Carta a Hippolyte Guibert, Julio 29, 1830, EO VII núm. 350

“Se ha dicho a menudo que el Obispo de Mazenod era más pastor que intelectual. Este juicio debe ser calificado. Muchas de sus cartas pastorales y muchas otras cartas… muestran que al defender la fe de los católicos, era capaz de expresarse con una fuerza clara y principios elevados.

A pesar de sus profundas convicciones acerca de la Iglesia católica, la única que tiene la verdad y que considera los errores del protestantismo, el Obispo de Mazenod es empático a las creencias y necesidades de la gente sin hogar. En ello sigue siendo él mismo, un hombre sensible que vive “solo por el corazón.” Yvon Beaudoin, “Mgr. de Mazenod et les Protestants” en Vie Oblate Life 58 (1999), pág. 524

 

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