TODO CONTRIBUÍA A LASTIMARME EL ALMA Y A SUMERGIRME EN UNA PROFUNDA TRISTEZA

Eugenio llegó a Suiza después de su visita a los Oblatos en ND du Laus, cuyas fallas en la comunidad le habían disgustado.  Su primera escala fue en Ginebra, en la parte protestante del país, horrorizándose ante la experiencia, en primer lugar por los efectos de la Reforma, cuya extensión no había comprendido antes.

… Llegamos muy temprano a esta capital del error. No puedo expresarle la penosa impresión que tuve. La vista de la iglesia católica, adonde me apresuré a ir a adorar a Nuestro Señor, solo agravó mi angustia; la pequeñez del templo en el centro de una ciudad magníficamente construida, su visible pobreza en medio de tanta riqueza; el pensar que el hermoso edificio de San Pedro está en manos de los herejes y toda esa gente que veía por las calles, marcada con el signo de la herejía; todo contribuía a lastimarme el alma y a sumergirme en una profunda tristeza.

Carta a Henri Tempier, Julio 26, 1830, EO VII núm. 349

Aquí debemos recordar nuevamente no juzgar la actitud de hace doscientos años según los estándares actuales. Recordemos que tuvieron que pasar 150 años después de los escritos de Eugenio para que la palabra “ecumenismo” se integrara por vez primera al vocabulario cristiano. Así que desde el punto de vista teológico católico romano, la única posibilidad que había en la época de Eugenio era convertir a los “herejes” y “cismáticos” a la verdadera fe consagrada en la Iglesia católica.

Igualmente debemos recordar que Eugenio casi no había tenido ningún contacto con el protestantismo. Pasó sus primeros años al sur de Francia y más adelante en lo que es Italia actualmente, ambos oficial y totalmente católicos, con muy pequeños grupos de no católicos. Más adelante veremos un cambio de actitud como Obispo de Marsella, al enviar misioneros a países predominantemente protestantes.

Después de juzgar muy severamente a la herejía y los errores en los que vivían los protestantes, es sorprendente encontrar aquí y allá en los escritos del Obispo de Mazenod, juicios mucho más moderados y positivos. En dos ocasiones se refiere a los protestantes como “nuestros hermanos infractores” y dos veces como “nuestros hermanos separados”. Yvon Beaudoin, “Mgr. de Mazenod et les Protestants” en Vie Oblate Life 58 (1999), pp. 522-523

 

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